El 4 de noviembre de 1949, Agustín Zapata Gollan comunica que había descubierto las ruinas del templo de San Francisco, la primera estructura de tapia que desentierra en Santa Fe La Vieja, la ciudad que había fundado Juan de Garay hace exactamente 449 años y que está a 80 kilómetros del emplazamiento actual de la capital santafesina.
A 73 años del histórico descubrimiento, que confirmó un dictamen de la Academia Nacional de Historia y la Sociedad Argentina de Antropología -porque hubo polémica y algunos decían que era una reducción-, todavía hay muchos secretos por revelar en el Parque Arqueológico Ruinas de Santa Fe La Vieja.
El 60% del sitio aún no ha sido explorado a fondo. “Lo que está más excavado es el casco central de la vieja ciudad, pero hay muchas viviendas por estudiar con la metodología científica y las técnicas de la arqueología moderna”, confirma Gabriel Cocco en una recorrida por las ruinas con AIRE. Es el coordinador del Parque Arqueológico Ruinas de Santa Fe La Vieja y del Museo Etnográfico, que depende del Ministerio de Cultura de Santa Fe.
De las 79 estructuras con paredes de tapia (se hacían con tierra apisonada y un encofrado de madera) que se detectaron en el sitio arqueológico, hasta ahora se excavaron 30 en un predio que tiene 69 hectáreas. “Con las técnicas modernas podríamos excavar un solar, analizar con precisión la distribución espacial de la vivienda principal y del perchel, que era dónde dormían los africanos esclavizados”, explica Cocco.
También es importante buscar más restos de cerámica, metal y estudiar los pozos de basura para reconstruir cómo vivían los primeros santafesinos.
Las prospecciones geofísicas son una alternativa interesante para escanear el sitio. “Son como radiografías con georradares, entre otras tecnologías, que permiten detectar dónde hay estructuras de tapia. Las utilizamos para detectar el Fuerte Sancti Spiritus en Puerto Gaboto y acá también se hicieron algunas”, cuenta Cocco.
Los restos de cerámica, la mayólica característica de este período de los siglos XVI y XVII, se estudian en el marco de un proyecto de investigación internacional con la Universidad de Barcelona que permite precisar dónde se fabricó ese objeto. “Tienen una enorme base de datos sobre los centros productores de cerámica que había en esa época en Portugal y Sevilla, por ejemplo”, explica Cocco.
Los restos de las tinajas que se encontraron aquí ya permitieron establecer que existía una ruta comercial con Mendoza para traer vino y aceite.
Con los restos humanos, las posibilidades científicas también son muy interesantes: los estudios de ADN pueden establecer con mayor precisión de dónde provenía la gente que vivió en Santa Fe La Vieja (españoles, criollos o mancebos, pueblos originarios y africanos). También estudiar la dieta y las enfermedades de los primeros santafesinos.
Santa Fe La Vieja: cómo descubrió Agustín Zapata Gollan la ciudad que fundó Garay
Había fuertes indicios de que en este campo cercano a la ciudad de Cayastá podían estar sepultadas las ruinas de Santa Fe La Vieja. La gente que lo cultivaba solía encontrar algunos restos después de las crecidas o en las barrancas y también había muchas pequeñas lomadas todas con la misma orientación: norte-sur.
En 1948, el Gobierno de Santa Fe le encomienda a Zapata Gollan que realice un estudio arqueológico en el sitio y lo primero que hace es excavar debajo de un monolito en el que habían colocado placas dos gobernadores, en conmemoración de la fundación de Santa Fe.
Era la lomada más importante y en esa excavación encontraron los restos de un templo. “Zapata Gollan sabía que la traza de La Vieja Santa Fe se había replicado en la nueva y por la ubicación dedujo que había encontrado la iglesia de San Francisco”, recuerda Cocco.
Tenía razón. Y a partir de esa conclusión siguió excavando en dirección noroeste y encontró más cimientos de viviendas, el templo de Santo Domingo, el Cabildo y los restos de la iglesia la Merced. También determinó la ubicación de la plaza de armas. La erosión del río se llevó los restos de tres iglesias: la de los jesuitas, la matriz (la catedral) y la de San Roque, el templo destinado a los africanos esclavizados y a los pueblos originarios.
“Los restos humanos que encontró los dejó in situ y les aplicó goma laca para protegerlos, que era el método que se utilizaba en esa época y que ahora sabemos que no es el mejor para preservarlos”, precisa Cocco.
Las monedas y los restos de mayólica que encontró, que se podían datar a un período específico de los siglos XVI y XVII, fueron fundamentales para defender la tesis de que había encontrado las ruinas de Santa Fe La Vieja contra la hipótesis de que era una reducción o una misión. El otro gran argumento fue que las estructuras de tapia que iba encontrando replicaban la traza actual del casco histórico de Santa Fe.
Zapata Gollan, que falleció en 1986, fue un precursor de la visita guiada que se puede hacer en las ruinas. Desde la década de 1950, se quedaba en una casa dentro del parque y recibía en forma personal a los visitantes y a las escuelas para mostrarles el sitio.
Por qué se trasladó la ciudad de Santa Fe
De entrada, hay que barrer con cierta sensación de originalidad: en el siglo XVI era bastante frecuente trasladar una ciudad y mucho más una que había sido fundada a las apuradas y que en principio se pensó como un campamento.
Garay -recuerda Cocco- quería fundar la ciudad en la zona del Fuerte Santi Spiritus, donde hoy está Puerto Gaboto, y había dejado un campamento cerca de lo que hoy es Cayastá. Cuando se encuentra con la expedición de Gerónimo de Cabrera en la ribera del río Coronda -que venía de fundar Córdoba- le miente y le dice que ya había fundado la ciudad para evitar que toda esta zona quede bajo la jurisdicción de Córdoba y el Virreinato del Perú. Por eso, cuando Garay vuelve al “campamento” planta el rollo de la justicia en la plaza central y funda Santa Fe.
“En la misma acta fundacional se aclara que la ciudad podía ser trasladada si se encontraba un lugar mejor, algo que también sucedió con la ciudad de Panamá, Piura (Perú) y San Salvador en América Central, entre otras”, precisa Cocco.
Lo que en principio se pensó como un campamento, fue una ciudad que se mantuvo durante 80 años (1573 a la década de 1650-60) y en la decisión de mudarla influyó el hecho de que quedaba aislada cuando llovía con intensidad, porque se inundaba la cuenca de los saladillos, y lo mismo sucedía con las crecientes en la cuenca del río Paraná.
El otro problema era la constante confrontación con los pueblos originarios. “La frontera norte era muy hostil porque los mocovíes, abipones y calchaquíes están entre los pueblos que más resistieron la conquista”, señala Cocco.
Estas dos cuestiones complicaban el desarrollo de Santa Fe, trababan las rutas comerciales y dejaban a los primeros pobladores expuestos y vulnerables. La mudanza de la ciudad, a su ubicación actual, llevó unos diez años y se completó en 1660.
Un sendero para explorar la reserva
Cuando descubre las ruinas, Zapata Gollan decide dejar una franja sur del parque como reserva para también recuperar -y preservar- el paisaje con el que se encontró la expedición de Garay, que había partido de Asunción. Esta idea ahora abre la posibilidad de hacer un sendero, con miradores para que lo recorran quienes visitan el parque.
“Lo estamos trabajando con el Ministerio de Ambiente y es una oportunidad para hablar de la fauna, de la flora y contar cómo vivían los pueblos originarios en esta región de Santa Fe”, adelanta Cocco.
Es una idea interesante para sumar a un parque arqueológico que cuenta una historia que en noviembre del año que viene va a cumplir 450 años.
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