Como cada año, cientos de santafesinos y santafesinas se acercaron durante todo el día a la capilla de San Cayetano de la ciudad de Santa Fe. Pero a partir de las 16.30 las inmediaciones del lugar se llenaron de devotos, peregrinos y creyentes.
La calle Padre Genesio permaneció cerrada al tránsito y se convirtió en un templo que los pudo alojar a todos. La temperatura agradable permitió pasar un buen momento.
En el ingreso a la capilla pudo verse que cada vela que se encendió durante este 7 de agosto representó una intención y un pedido urgente. El deseo y la súplica de un trabajo y de un salario digno, de un plato de comida para sus hijos pero también de un futuro y de paz en la familia y en el barrio. Los santafesinos llevaron todas sus intenciones.
Si bien el movimiento se registró durante toda la jornada, a las 16.30 se dio la mayor concentración. Fue en el momento en que la imagen del patrono fue sacada a recorrer las calles del barrio Guadalupe Oeste. La caravana fue encabezada por el Arzobispo de Santa Fe Sergio Fenoy y acompañada por una multitud.
Tras la recorrida tuvo lugar la misa central de San Cayetano con sus oraciones, cánticos, bendiciones y la tradicional entrega de pan para cada una de las personas presentes.
Durante su mensaje, el arzobispo Fenoy habló de una situación de angustia y falta de horizonte generalizada en los tiempos actuales. “Es un sentimiento compartido de cansancio a través del cual muchos no saben para donde van ni como van a terminar”.
Ante este panorama, el sacerdote apuntó a la esperanza, pero también a la reacción. “No nos quedemos con los brazos cruzados y no bajemos los brazos hay que actuar”, indicó.
Si bien su lectura hizo referencia al evangelio del día, también hizo un llamado a ejercer el derecho que tenemos como ciudadanos que es el de ir a votar. “Tenemos que ir a elegir a quien pensemos que es el mejor candidato y que puede servir al bien común. Actuar significa responsabilizarse e intervenir y también participar en todos los canales que la democracia nos permite”, concluyó.
Cómo nació la devoción a San Cayetano
La devoción a San Cayetano en Argentina comenzó en el siglo XVIII a raíz de la labor de María Antonia de Paz y Figueroa, más conocida como Mama Antula, una laica vinculada a los jesuitas, que sostuvo los ejercicios espirituales cuando estos fueron expulsados de los territorios de la corona española.
"Esa mujer movió tanta gente en Argentina en sus ejercicios espirituales, no solamente de Buenos Aires, sino de Lima, que pasaron por los retiros espirituales que se organizaban", describió el padre Matías Vecino, responsable de la parroquia San Cayetano.
Mama Antula puso a San Cayetano como patrono de esos retiros. "La verdad es que no se sabe por qué ella le tenía devoción a San Cayetano, pero a partir de ella en Argentina quedó este amor a San Cayetano", contó Vecino.
Para el párroco la devoción se puede entender a raíz del lema "paz, pan y trabajo". "Estas tres palabras tan simples condensan todo lo humano y la dignidad humana", afirmó el párroco. En ese sentido enumeró que el pan está vinculado a las necesidades, como la comida, a la familia y vivienda.
El trabajo, como aquello que uno puede dar, que puede desplegar su propia creatividad, su propio corazón, para aportar al bien común de una sociedad. Y la paz en los vínculos con Dios, con la fraternidad y la solidaridad.
"Creo que estas tres palabras de alguna forma reflejan todo lo que el ser humano necesita para ser auténticamente humano, y me parece que la gente lo percibe, lo necesita", sostuvo.
Temas





