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Merendero Rayito de Sol: un hogar que reparte pan, risas, besos y abrazos

La historia de una mujer muy humilde que decidió preparar comida en su casa para darles a los niños del barrio. Desde hace 17 años los recibe en su hogar con un abrazo. Ellos la adoran y la llaman cariñosamente "Gaby, la del corazón grande".

Gabriela Morel tiene 48 años y desde chiquita tuvo el deseo de ayudar al prójimo. Les hacía la ropa a sus hermanos menores. Tenía solo 6 años y llevaba a la escuela sus mamaderas, para cargarlas con la leche que a ella le correspondía.

Ante la difícil situación por la que estaban atravesando las personas en su barrio (San Agustín I), preguntó a su familia si estaban dispuestos a ayudarla. “La solidaridad y mi “locura”, como me dicen ellos, son contagiosas”. Así nació el merendero Rayito de Sol.

Gaby recuerda que “al principio eran 30 niños. Me alegraba verlos comer tranquilos, ya que muchos sufren maltrato en sus casas y pasan largas horas en la calle. No encuentran la paz necesaria para alimentarse y descansar.

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Gabriela Morel en el merendero Rayito de Sol.

Gabriela Morel en el merendero Rayito de Sol.

Mis hermanos, que trabajan en el mercado, me traían las verduras y los conocidos que podían, colaboraban para comprar un cajón de pollo y arroz. Cocinábamos también torta frita y pan casero.”

Pasaron unos años y un día, la asociación CTA de Amsafé le propone a Gaby trabajar con ellos. Ella acepta con la condición de no pertenecer a ningún partido político. “No me gusta cuando nos visitan, proponen muchas cosas antes de la campaña y luego se van. Los niños verdaderamente necesitan la ayuda. La asociación me provee de alimentos para el merendero”.

Un corazón delicado

Gabriela es hipertensa crónica, pero la enfermedad no la detuvo antes ni ahora, “sigo adelante cada vez con más fuerza. Tuve dos infartos, me colocaron dos stents y un balón medicado, pero no tengo miedo, siento que los niños son mis ángeles y me cuidan. Ayudar me hace bien. Cuando me descompongo, pequeñas manitos golpean la puerta de mi casa preguntando por mí. Ese gesto hace que me cuide más por ellos”.

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El merendero Rayito de Sol.

El merendero Rayito de Sol.

Gabriela trabaja en la Municipalidad como asistente escolar en los jardines y en sus tiempos libres, se ocupa del merendero. Actualmente, 90 chicos se acercan los sábados a las 17.30 hs a Ponce de León al 9500. Reciben alimentos y contención frente a su vivienda. Gaby no se contenta con ello, sino que tiene un sueño a punto de cumplir.

“En el fondo estamos construyendo un galponcito que va a funcionar como comedor. La CTA nos da los materiales y mi marido construye. Luego haremos un piso arriba para que los niños descansen y hagan la tarea. Deseo que vengan tres veces en la semana además de los sábados. Que tengan un lugar donde puedan tomar un desayuno los que van a la escuela de tarde y una merienda los que van de mañana. Ayudarlos con las tareas para que no estén solos. Mi hija está estudiando para maestra y les da apoyo escolar junto con otras amigas”.

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Gabriela Morel en el merendero Rayito de Sol.

Gabriela Morel en el merendero Rayito de Sol.

“En el merendero somos 8 mujeres que hacemos la comida, vecinas, sobrinas e hijas. Mi esposo y mis hijos varones también colaboran. Los vecinos se ocupan para que haya seguridad porque ese día cortamos la calle y recibimos a 25 familias con una banda de chiquititos.

El merendero está abierto a todos, a nadie se le niega el pan, aunque en ocasiones parece poco, hay en abundancia y lo que sobra, se lo llevan las familias que colaboraron” nos cuenta entusiasmada.

Juntos somos más

“Gero en Paz”, acciones solidarias, juntar alimentos, ropa y juguetes en los partidos de rugby, para el merendero. Gaby agradece inmensamente la ayuda que recibe de la comunidad. “Entregamos todo lo recaudado a cambio de un beso y un abrazo. Los niños se emocionan cuando le das un par de zapatillas en buen estado y pueden ir calzados a la escuela.

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El merendero Rayito de Sol.

El merendero Rayito de Sol.

El día del niño y Navidad son una fiesta en Rayito de Sol, conseguimos de todo. Los vecinos encantados disfrutan de vernos, muchos se suman y colaboran. Mi hermano Lucas alquila peloteros. Las más jóvenes se disfrazan de payasos y organizan juegos con los niños. Antes de irse te abrazan contentos y emocionados”.

Hace unos días escribieron cartitas a Papa Noel y un nene pidió pañal y leche para la hermana, otros, elementos para la escuela. “Ellos nos enseñan permanentemente, son nuestros pequeños grandes maestros”.

La fuerza del amor

Los sábados a las tres de la tarde, Gaby convoca a su grupo del merendero para cocinar. “Me retan porque arranco primera y cuando llegan, la tarea ya está empezada. No lo puedo evitar, me encanta. Mi familia me cuida para que no me canse, no quieren que trabaje tanto. Hago las cosas con tanto amor que no me doy cuenta y me olvido del tiempo. Busco lo mejor para ellos porque veo mucha necesidad. Los chicos no tienen ropa ni calzado, van sucios. Necesitan un lugar donde descansar. Vienen a buscar comida pero en realidad quieren que los escuchemos, que le demos cariño”.

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Gabriela Morel en el merendero Rayito de Sol.

Gabriela Morel en el merendero Rayito de Sol.

La familia de Gabriela no solo abre las puertas de su casa los sábados, sino que con lo que van juntando en la semana, preparan bolsitas que los chicos retiran con leche, pañales o azúcar.

Un remedio al alma

Cuando la protagonista de esta historia habla del merendero, se le ilumina la cara e irradia salud. “Los niños me dan la fuerza. Agradezco esta labor porque hace que no baje los brazos y no me rinda ante la adversidad. No puedo andar sola por la calle porque me puede dar un síncope; ni puedo hacer actividad física porque me descompongo, pero cuando estoy con los ellos me lleno de vida y su amor para conmigo es infinito”.

A quienes sienten el deseo de ayudar al necesitado, Gabriela les dice que no deben pensarlo demasiado, “hay que levantarse y hacerlo. Siempre es más lo que uno recibe que lo que da”.

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