La Universidad Nacional del Litoral cumplió este domingo 102 años de vida. Creada el 17 de octubre de 1919, es la cuarta universidad nacional más antigua de Argentina, la primera de carácter regional con sede en tres provincias, y la primera casa de estudios creada después de la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba. En la actualidad, la UNL concentra su actividad en el centro-norte de la provincia de Santa Fe con sedes en las ciudades de Santa Fe, Esperanza, Gálvez, Reconquista, Avellaneda, Rafaela y Sunchales desde donde se propone la misión de formar profesionales y contribuir al desarrollo de la sociedad.
En una charla con Luis Mino en el programa "Ahora Vengo" por AIRE, el rector de la Universidad Nacional del Litoral, Enrique Mammarella, habló sobre los desafíos que supuso la pandemia por coronavirus para continuar adelante con los objetivos de la institución, cuál es el rol fundamental de la UNL en la sociedad y cómo es la educación del futuro.
—¿Cómo ayuda la universidad a la sociedad?
—Desde sus inicios, la universidad tiene ese concepto de que hay que investigar y que la investigación no puede quedar dentro de la universidad. Tenía que llegar al desarrollo, a las personas. La universidad tiene un potencial muy grande y está permanentemente relacionada con la sociedad, viendo cómo nuestras investigaciones mejoran la calidad de la educación en cada una de las áreas y niveles de la educación, pero también a través de mejorar procesos, a través de poder que ese conocimiento mejore alguna práctica de organización, productiva, de relacionamiento, o para alcanzar una mejor política pública.
—¿Qué enseñanza en materia pedagógica nos deja la pandemia y qué queda de todo esto para seguir aplicando a futuro?
—Hay todo un planeamiento estratégico que la universidad viene desarrollando, y si la universidad pudo llevar adelante todas sus funciones es porque había estado pensado para implementarlo en algún momento. Sin dudas, esto nos llevó a tener que quemar las naves y hacerlo de inmediato, pero siempre hay un plan de desarrollo que nos hace pensar en una universidad mejor, en cómo hacemos nuestros procedimientos más seguros, más eficientes y con involucramiento de la gente, y también pensar en la capacitación continua de nuestra gente. Ese también ha sido uno de los aspectos importantes y lo que nos llevó este tiempo es a entender la importancia del trabajo comunitario. Siempre entendemos que, para adelante, tenemos que aprender a que esto nos puede volver a pasar y tenemos que estar mucho más preparados para acompañar, no solo físicamente, sino también emocional y psicológicamente.
—¿Cómo se puede hablar de una educación a futuro?
—La educación del futuro hay que ayudar a construirla. Hay algo que tiene que ver con el gen de la universidad. Nosotros no solo tenemos que esperar que llegue el futuro, el futuro es parte de lo que hacemos hoy y de eso se trata: de pensar cuáles son los cambios que se van a dar en el mundo, cuáles son los que se dan en nuestro país, atrevernos a pensar en esas fronteras y también adecuar nuestra oferta académica a esas realidades. Esa realidad que no es solo una cuestión de futuro pensando en el desarrollo tecnológico o económico de la región, sino también pensando qué quieren o necesitan las nuevas juventudes porque los jóvenes de hoy van a tener competencias y expectativas muy diferentes a las que tuvimos nosotros cuando ingresamos a la universidad.
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