La reserva natural de usos múltiples El Estero es un oasis para cientos de especies autóctonas de la provincia de Santa Fe. Son unas 5.000 hectáreas de campo al oeste de la ruta 1 y al sur de la comuna de Alejandra; y otras 8.000 en zona de islas del río San Javier. Este año esa reserva privada cumplió 30 años y es un reservorio fundamental para la biodiversidad en épocas de sequía.
El equipo periodístico de AIRE visitó El Estero en plena sequía. Eso permite ver una gran concentración de fauna que encuentra refugio en los escasos espejos de agua que aún quedan. Hace dos años que el régimen de lluvias viene siendo deficitario y ese ciclo se profundizó en los últimos meses donde llovió poco y nada.
Sin embargo, la reserva muestra postales muy bellas donde conviven cientos de especies de aves, reptiles, mamíferos e insectos. El fotógrafo de AIRE, Maiquel Torcatt, lo sintetiza en una frase: "A cada lado que uno mira, hay una foto".
Una de las vistas más impactantes que tiene esta reserva privada es durante el crepúsculo vespertino. Es fantástico el avistaje de yacarés en la noche, cuando cientos de ojos brillan al ser iluminados por la linterna. Son cientos de metros donde se extienden los reptiles en la costa del estero que hoy está prácticamente seco.
A las 9 de la noche solo la luna refleja una leve luminosidad. En ese momento una bandada de flamencos sorprende con su llegada al espejo de agua. Las aves estuvieron unos 10 minutos caminando por la costa y luego se alborotaron y partieron con destino incierto. Para Magnago, algún yacaré debe haberse acercado mucho a esas largas y flacas patas.
En su mayoría la fauna es crepuscular nocturna. Por eso la noche permite un sin fin de sonidos que el guardafauna Ricardo Magnago traduce. Dice que en el reino de la noche los aguará guazú, los zorros y los pumas se mueven con libertad por la reserva. Francisco Caminos, dueño de las tierras que también destina a la producción ganadera, aseguró que en estos años tuvo varios problemas con pumas que atacaron sus vacas. Pero el compromiso es que en El Estero no se puede cazar a la fauna autóctona.
Todo el año se ve una gran variedad de especies, pero entre julio y noviembre se da la mayor concentración. El mes pasado en El Estero se vieron ejemplares de pato crestudo, una especie que está en peligro de extinción.
Además, durante las recorridas se destacan los avistajes de águilas negras, caranchos, zorros, chanchos salvajes, cigüeñas, garzas, garzas moras, chajás, gansos coscoroba, patos sirirí, charatas, flamencos, culebras
Un reservorio de biodiversidad
Para llegar hasta el Estero se deben recorrer 17 kilómetros al oeste de la ruta 1 por caminos de tierra. Al llegar se observan pequeñas construcciones –que no cuentan con energía eléctrica–, corrales y un par de galpones donde se guarda la maquinaria de trabajo. La invitada de lujo es una Ñacaniná de agua, de unos 2,70 metros. "No es venenosa, pero tiene una fuerte mordida", advierte el guardafauna sobre el ejemplar de una de las culebras más grandes de Sudamérica que habita en El Estero.
A 30 metros de la casa de Francisco Caminos hay un imponente campo de espartillos que, como es una zona baja, suele estar inundada. Ese es uno de los lugares predilectos de los yacarés overos que están transitando los meses donde arman sus nidos.
Según Magnago, cada nido llega a tener entre 30 y 60 huevos. Sin embargo, se estima que la supervivencia es del 5 por ciento y solo un ejemplar de cada nido llega a la adultez. En El Estero se llegaron a ver yacarés de entre 1,80 y 2,20 metros de largo. Se alimentan de distintas especies de aves, ranas y otros animales.
En esta oportunidad, la reserva muestra una de sus caras más secas. Sin embargo, la tonalidad dominante sigue siendo el verde. Al alejarse unos metros de la casa del propietario y de los corrales, un maravilloso espectáculo lo protagonizan tuyangos (ciconia maguari), espátulas rosadas, cardenales y teros, entre otras especies que conviven con los animales de cría como las vacas y caballos.
Según Magnago, en la reserva se encuentran escenarios de tres ecosistemas: bajos submeridionales, cuña boscosa y selva paranaense. Por eso se encuentran pastizales, esteros y montes cerrados. El estero está seco en gran parte de su superficie, sin embargo, aún sirve de amparo para las distintas especies y con un buen ciclo de lluvia se recupera de forma rápida.
Una muestra del impacto de la falta de lluvias es el arroyo Saladillo Dulce, que desemboca en la Laguna El Cristal. Hoy está prácticamente seco, igual que la laguna, que tiene gran parte de su superficie dentro de la reserva y que, al oeste, es el balneario de la ciudad de Calchaquí.
En cuanto a la flora, en la reserva se pueden encontrar ejemplares de algarrobo, algarrobo blanco, quebracho blanco, timbó blanco, sangre de drago, entre otros árboles. También hay cardos, espartillos y cactus. Esa flora boscosa es aprovechada para hacer apicultura de monte, una de las herramientas que también contribuyen al sostenimiento de la biodiversidad.
Por otra parte, la zona boscosa de la reserva está diseñada con varios cortafuegos naturales –amplios pasillos entre la arboleda– que evita que un siniestro ígneo arrase con toda la flora.
Un compromiso que ya tiene 30 años
En 1992, funcionarios del entonces Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca se contactaron con Francisco Caminos para presentarle el proyecto de transformar sus tierras en una reserva natural de usos múltiples. Eso significaba que allí se iba a poder seguir produciendo, pero bajo algunas reglas que permitirían preservar la flora y fauna autóctona.
El Estero es una de las primeras reservas naturales del norte provincial. El acto se hizo en el cine de la ciudad de Calchaquí y contó con la asistencia de funcionarios provinciales. Luego se sumaron otras bajo la misma figura legal que permite la conservación y la producción ganadera.
Las tierras llegaron a la familia Caminos hace 62 años. Pero hace tres décadas, Francisco entendió la importancia de sus tierras, no solo para la producción ganadera, sino como aporte a la conservación. "Conservar la flora y la fauna tiene un valor incalculable. Es un gusto personal", dijo a AIRE.
Por eso, más allá de los beneficios fiscales que suponía el acuerdo con el Estado, decidió transformar sus tierras en una reserva natural. Eso le trajo algunos problemas con gente que durante estos años intentó ingresar a su campo a cazar.
Francisco cree que ese cambio que él hizo hace 30 años hoy se refleja en los chicos, ya que están muy familiarizados con la idea de la conservación y dijo que eso lo alienta a pensar que la reserva se va a sostener en el tiempo.














