Gastón Suárez, un joven de la ciudad de Santa Fe, se adentró a un viaje extraordinario junto a su padre, Mariano: realizar una peregrinación desde Roma a Santiago de Compostela, la capital de la región de Galicia, en el noroeste de España, un trayecto que pocos se animan a realizar. En lo largo de su travesía, vivió momentos de profundo peligro, que logró superar gracias a la fe y la resiliencia.
El Camino de Santiago es una ruta de peregrinación que se realiza caminando y se puede realizar desde distintas ciudades de Europa. En Santiago de Compostela se encuentra la tumba del apóstol Santiago en su catedral y este recorrido tiene un profundo significado espiritual, permitiendo tener una experiencia de autorreconocimiento y conexión con uno mismo.
Una travesía única desde Roma hasta Santiago de Compostela, padre e hijo
En sus años en Santa Fe, Gastón estudió y se formó como profesor de educación física en el ISEF y como guardavidas en el Instituto SUGARA. “Todo lo que hice en mi vida me fue preparando para el momento que estoy viviendo, pareciera que estuviera escrito”, comentó en una charla con AIRE.
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Luego de una temporada en Dinamarca, en 2022 tuvo su primera aventura junto a su padre recorriendo el Camino de Santiago desde Lourdes, Francia. Tras completarlo, Gastón decidió vivir un tiempo en Australia, donde trabajó y se preparó para recorrer nuevamente el camino a Santiago. “Trabajar en Australia me preparó mentalmente para muchas cosas; caminaba todos los días al trabajo y recorría campos entre serpientes y arañas”.
La primera experiencia por el camino a Santiago de Compostela fortaleció el vínculo padre e hijo y despertó el sueño de repetirlo nuevamente, pero esta vez desde uno de los lugares más deseado por Mariano, su padre, desde Roma.
La principal motivación para emprender la peregrinación fue compartir una experiencia única junto a su padre, y aunque él no pudo continuar, Gastón hizo la promesa de seguir y reencontrarse para finalizarlo juntos. “El plan desde el principio fue hacer este camino padre e hijo, y así lo vamos a terminar”.
Un largo camino de aprendizaje y diversas adversidades en el mismo
A lo largo de su travesía, se encontró con diferentes personas que lo ayudaron y le dejaron grandes enseñanzas. Desde aquellos que lo asistieron sin esperar nada a cambio, como Don Paolo, un sacerdote en Italia que lo alojo en su parroquia y lo dio de comer sin querer nada a cambio, como algunos otros que le permitieron ver las diferentes realidades de la vida.
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“Tuve experiencias buenas y malas, pero lo importante es quedarse con las cosas buenas que le pasan a uno a lo largo del camino”, reflexionó sobre sus encuentros a lo largo del recorrido.
La solidaridad también es una parte esencial del viaje. En muchas ocasiones, Gastón recordó que tuvo que depender de la hospitalidad de desconocidos. Desde dormir en parroquias hasta ser alojado por familias, la experiencia del peregrino siempre está ligada a la ayuda de los demás.
Sin embargo, no todo fue felicidad. Luego de celebrar su cumpleaños, el 19 de septiembre pasado, vivió un momento de tensión y miedo al intentar llegar a Aix-en-Provence, Francia. “Había partes del sendero donde tenía que caminar con un pie delante del otro, agarrándome de las piedras para no caer a un precipicio. Me ponía a rezar, no quería morir, quería reencontrarme con mi papá y regresar a Argentina”, describió.
Para Gastón, el Camino de Santiago es más que un recorrido: es una metáfora de la vida misma. “Todos los días son únicos, cada día aprendo algo nuevo y siempre hay alguien que te cuida, Dios, un ser querido, o los amigos desde Argentina. Uno nunca está realmente solo ”, aseguró.
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