La fábrica de pelotas de la Liga Infantil de los Barrios de Santa Fe ya produjo 1.400 unidades

El emprendimiento surgió para resolver un problema que afectaba a los clubes de barrio: conseguir pelotas resistentes y accesibles. Hoy abastece a las 36 instituciones de la Liga Infantil de los Barrios y busca profesionalizar su producción.

Cada pelota es confeccionada de manera artesanal y atraviesa controles de peso, resistencia y calidad antes de llegar a los clubes de barrio.

Cada pelota es confeccionada de manera artesanal y atraviesa controles de peso, resistencia y calidad antes de llegar a los clubes de barrio.

En un contexto económico complejo, donde muchas cooperativas y emprendimientos sociales luchan por sostenerse, la fábrica de pelotas de la Liga Infantil de los Barrios continúa creciendo.

Nació para resolver una necesidad concreta de los clubes barriales de Santa Fe y, con el paso de los años, se transformó en un proyecto productivo que ya fabricó alrededor de 1.400 pelotas, genera trabajo y abastece a las 36 instituciones que integran la liga.

"En este tiempo de crisis social y económica, la fábrica se mantiene vigente con su proceso de producción", resumió Giuliano Carnaghi, presidente de la Liga Infantil de los Barrios, en diálogo con AIRE.

La cooperativa ya fabricó alrededor de 1.400 pelotas y busca profesionalizar su producción para seguir creciendo.

La cooperativa ya fabricó alrededor de 1.400 pelotas y busca profesionalizar su producción para seguir creciendo.

Actualmente la cooperativa funciona en la sede de la Liga, luego de haber trasladado su espacio de trabajo. Allí un grupo de trabajadores continúa fabricando pelotas pensadas especialmente para soportar las exigencias de las canchas de tierra y los potreros donde juegan miles de chicos cada fin de semana.

Una pelota pensada para los clubes de barrio

El proyecto nació de una necesidad cotidiana. Durante años, la Liga debía afrontar las dificultades para conseguir pelotas de buena calidad y las donaciones de modelos importados duraban muy poco en las canchas barriales.

Así surgió una idea que parecía imposible: fabricar sus propias pelotas. "Nos pusimos a mirar videos en YouTube, a averiguar, a escribir por todos lados y así fue saliendo", recordó Carnaghi.

El resultado fue una pelota diseñada específicamente para el fútbol infantil de barrio, con mayor peso y resistencia que los modelos más económicos que suelen encontrarse en el mercado.

Cada unidad atraviesa un proceso completamente artesanal que comienza con el preparado de los materiales, continúa con el corte de los gajos, el cosido manual, la colocación de la cámara y finaliza con controles de calidad donde se verifica el peso, la forma esférica y posibles fallas antes de salir a la venta.

Trabajo cooperativo y aprendizaje permanente

La producción está coordinada por dos responsables que supervisan todas las etapas del proceso y por un grupo de cosedores, encargados del armado manual de cada pelota. Pero el desafío no termina en la fabricación.

La Liga reúne a más de 7.000 niños, niñas y adolescentes distribuidos en nueve categorías.

La Liga reúne a más de 7.000 niños, niñas y adolescentes distribuidos en nueve categorías.

Carnaghi explicó que la cooperativa también está aprendiendo cuestiones vinculadas a la administración, la comercialización y el marketing para consolidar el emprendimiento.

"Queremos que se acerquen ingenieros, diseñadores industriales, contadores o especialistas que nos ayuden a mejorar el proceso productivo y a posicionar mejor el producto", señaló. El objetivo es profesionalizar el proyecto sin resignar la calidad alcanzada durante estos años.

Una fábrica que sostiene el fútbol de más de 7.000 chicos

La producción tiene un destino prioritario: abastecer a los clubes que integran la Liga Infantil de los Barrios. En las próximas semanas cada una de las 36 instituciones recibirá tres nuevas pelotas fabricadas por la cooperativa, que se sumarán a otras tres entregadas a comienzos de año. Sin embargo, el contexto económico también impactó sobre este proyecto.

En temporadas anteriores la Liga lograba distribuir entre ocho y diez pelotas por club gracias a distintos programas de financiamiento. Este año, las entregas se redujeron a seis unidades debido a las mayores dificultades para acceder a esos recursos.

La necesidad sigue siendo alta. La Liga reúne a más de 7.000 niños, niñas y adolescentes distribuidos en nueve categorías, donde las pelotas son el principal insumo para sostener entrenamientos y competencias.

"Es nuestra principal herramienta de trabajo y el elemento que genera la magia para que los chicos jueguen, se diviertan y las familias acompañen", afirmó Carnaghi.

Más que una fábrica de pelotas

La cooperativa forma parte de un modelo de economía social que la Liga Infantil de los Barrios viene construyendo desde hace años para sostener su tarea comunitaria.

Junto con la fábrica de pelotas también funcionan otros emprendimientos, como una panadería que abastece las copas de leche y una bloquera que produce materiales para mejorar la infraestructura de los clubes.

Todas las iniciativas persiguen el mismo objetivo: generar recursos propios para fortalecer a las instituciones barriales y ofrecer oportunidades de trabajo digno.

"Queremos seguir creciendo, formalizarnos y lograr mejores salarios para quienes trabajan en la cooperativa", explicó Carnaghi.

El próximo desafío: una sede propia

Actualmente la fábrica funciona dentro de las instalaciones de la Liga, pero el proyecto apunta a dar un nuevo paso. La organización busca obtener la autorización para utilizar un terreno ubicado en barrio Coronel Dorrego, perteneciente a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), donde pretende construir un pequeño galpón que permita concentrar toda la producción.

La iniciativa también facilitaría el traslado de los trabajadores, que hoy deben recorrer más de seis kilómetros para llegar hasta el lugar donde funciona la cooperativa. "Sería una solución enorme y nos permitiría potenciar un proyecto que ya lleva más de cinco años funcionando", concluyó Carnaghi.

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