Eran las 20 horas de un lunes de 2017, Gabriela Campins ingresó a la parroquia de Luján empujada –literalmente– por su mamá que durante todo el camino había querido convencerla de que allí iba a encontrar ayuda. Ella no quería, llevaba años de consumo de drogas y alcohol, sin encontrarle sentido a la vida, sin esperanzas ni sueños, con un hermano muerto por el mismo motivo, con ganas de nada; y pensaba que nada podía cambiar.
Su “vieja” llevaba semanas yendo allí cada lunes para encontrarse con pares que tenían hijos con la misma problemática. Cada vez que podía le hablaba del espacio, le suplicaba que la acompañara, que vaya a escuchar “aunque sea un rato”. Pero, según su relato en diálogo con AIRE: “La droga no solamente te quita las ganas, sino que también te ciega, te vuelve sorda y egoísta en un montón de cosas. Y yo no veía lo que estaba pasando, no me daba cuenta. Pero gracias a Dios ese día le hice caso y ya en la primera charla que participé sentí que algo en mí cambiaba”.
Las palabras del por entonces coordinador de los encuentros, Marcelo, y el abrazo del párroco Pablo Fuentes la motivaron. Su insistencia y la de otros jóvenes que, como ella, estaban buscando una puerta de salida, motivaron al nacimiento de un nuevo “Hogar de Cristo” denominado “La Casita de Luján”, un lugar que se creó para ayudar a personas en consumo y situación de calle.
“No sabemos si la calle lleva al consumo o el consumo a la calle, pero muchas veces ambas cosas están relacionadas. Y la idea de este lugar fue siempre dar espacio a revertir la situación de las personas que están transitando su vida en esas condiciones”, afirmó la oriunda de Villa del Parque, que hoy está al frente de esta organización que ya lleva 7 años de trabajo y que se transformó en hogar de día y pernocte para aproximadamente 20 personas.
“Salir de las drogas no es fácil, es como volver a aprender a caminar, pero con la presión de sentir que algo te empuja todo el tiempo para que te caigas. No solo porque tenés al que te vende buscándote para que le sigas comprando, sino porque encontrás puertas que se cierran a cada paso y poca comprensión sobre lo que estás pasando”, dijo Gabriela y agregó: “Casi todas las personas sufrimos de algún consumo, solamente que algunos están más criminalizados que otros o mucho más apuntados con el dedo”.
Gabriela un lunes encontró un camino para cambiar su vida, aprendió hábitos buenos y descubrió nuevas oportunidades. Siente que todos los días se sigue recuperando, y por eso decidió trabajar para que otros descubran las mismas posibilidades.
Al frente de "La Casita de Luján", a diario se encuentra frente al desafío de recibir a jóvenes y adultos que están en situación de calle y que llegan para utilizar las duchas que hay a disposición o para comer un plato caliente. Además, el dispositivo funciona hoy como casa de atención, pernocte y acompañamiento comunitario.
“Hoy estamos subsidiados por Nación, quedamos un poco huérfanos en lo que es la representación de la iglesia, porque el párroco que hoy está al frente no está de acuerdo con este carisma, ni siquiera con abordar el sector de los pibes y las pibas que acompañamos”, acotó y añadió: “No es una queja, porque a nosotros nos sirvió para crecer en lo grupal y en el hecho de tomar las riendas para buscarnos las herramientas para seguir adelante”.
Modalidad de trabajo y proyección a futuro
"La Casita de Luján", desde la pandemia y por necesidad de buscar una solución para que las personas en situación de calle puedan cumplir con el régimen de aislamiento preventivo y obligatorio, tiene atención de 24 horas en modalidad hogar para unas 12 personas, en su mayoría varones mayores de 18 años, a los que se les provee de todas sus necesidades básicas, desde toallas, indumentaria, comidas y hasta enseñanza de hábitos.
Al espacio centro de día asisten algunas personas más, quienes tienen acceso al cursado de talleres de oficios de costura y carpintería, artísticos, espacios de contención con apoyo de trabajadores sociales y equipo psicológico; además de que también funciona allí un anexo de la escuela primaria Hipólito Irigoyen N° 2501 para que puedan tener acceso a su educación.
Su meta para este año es extenderse y por eso están a días de abrir una nueva sede, en 25 de Mayo entre Santiago del Estero y Junín, con el fin de separar los espacios y dar también oportunidades a más personas que puedan necesitar atención.
“Queremos estar a disposición para que más jóvenes o adolescentes tengan unas horas menos de consumo con nuestras propuestas de talleres. Entendemos que para salir de las drogas lo que se necesita ante nada es la empatía”, afirmó Gabriela y completó: “Por mi experiencia personal puedo decir que la droga me quitó todo, pero pude salir porque encontré gente que me ayudó, que creyó en mí. Y eso es lo que necesitan muchos pibes y pibas”.
Historias que dejan marcas
El día que las cámaras y micrófonos de AIRE llegaron al inmueble de 9 de Julio 6026, donde funciona La Casita de Luján, había varios pibes y pibas en el lugar. Y algunos se animaron a hablarnos.
El primero en acceder fue Horacio, quien vive hace tan solo tres semanas en la casita. “Llegué desde Buenos Aires por una necesidad personal de encontrar una solución a mi adicción al alcohol. Yo creo que las oraciones son fundamentales en la vida, y que Dios me abrió estas puertas porque necesitaba la contención que pude encontrar acá”, dijo.
Pedro, por su parte, quien desde hace siete años participa de la organización, comentó que se acercó cuando estaba en situación de calle en busca de una ducha caliente y comida y hoy siente que pudo recuperar su dignidad, revincularse con su familia y ahora está peleando por un régimen de visita con su hijo más chico, que tiene 12 años.
“Como soy de otra provincia y hay un tema de papeles, estoy haciendo otra vez el 7° grado para poder anotarme para hacer el secundario y buscar otras posibilidades laborales. Tengo proyectos, quiero salir adelante, y todo fue gracias a lo que encontré acá, donde me escucharon y dieron oportunidades”, relató.
Cómo ayudar
Por encontrarse hoy en una fase de crecimiento, en la Casita de Luján están buscando ayuda de la comunidad con donaciones de ropa de cama, toallas, indumentaria masculina y calzado, vajilla, artículos de decoración e insumos de librería. Por contactos comunicarse al teléfono 342- 510-3865.
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