Como cada 9 de Julio, en la ciudad de Santa Fe la avenida de Aristóbulo del Valle se transforma en peatonal y se viste de celeste y blanco para celebrar –en este caso– el 207° aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional.
Desde temprano, la avenida comenzó a transformarse en una gran peatonal, donde cientos de artesanos se encontraban buscando un puesto para poder presentar y ofrecer sus productos hechos a mano y muchos de ellos hechos con mucho esfuerzo.
Aunque el cielo se vistió de gris durante gran parte de la mañana, cada ciudadano se encargó de ponerle color y alegría al día, llevando consigo la escarapela con los colores de la bandera argentina. De esta misma forma, los feriantes gastronómicos acompañaron sus puestos con comidas tradicionales de la cultura argentina y algunas no tanto.
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Iniciando desde temprano el recorrido por la avenida, disfrutando del día frío y observando los puestos de artesanos, un objeto antiguo llamó la atención de inmediato: un teléfono de un buque chino de la Segunda Guerra Mundial. Al consultar sobre la historia de cómo llegó ese objeto tan antiguo a nuestra ciudad, pudimos conocer a dos grandes personas: Andrae Chileni y Ángel Barbotti, dos vendedores de antigüedades.
Ambos cuentan con una gran pasión por su trabajo. Andrae Chileni es jubilado y aunque se dedicó a cientos de trabajos en su vida, hace 15 años que encontró su verdadera vocación en la venta de antigüedades. "Empecé por mi hermano, quien era anticuario y él compraba y guardaba, pero tras la acumulación de los objetos, tomamos la decisión de vender. De esta forma, hace quince años que me encuentro trabajando en de esto". Mientras tanto, la verdadera pasión de Ángel Barbotti es la música y trabaja como instructor de yoga, además de estar encantado por las antigüedades.
En este sentido, Ángel mostró su orgullo por el país: "No podemos estar pendiente a los problemas, porque de esta forma convivimos con un trauma y lo importante es vivir y disfrutar, es por eso que no llego a entender a aquellos que deciden irse del país, porque abandonar tu patria es como abandonar a tu madre".
Continuando con el recorrido por la avenida, mirando puestos y acompañado con un mate amargo, terminamos frente a dos puestos de lo más llamativos y que ocultaban dos historias de superación que logran sacar una sonrisa.
Marisa Tuosto, quien se encontraba vestida con una camisera de la Selección Argentina, comenzó su gran emprendimiento hace ocho años, pero su verdadera motivación para emprender y salir a feriar comenzó años antes. "El camino por las artesanías que realizo, inicio el día en que mi hija sufre un grave accidente. Tras el accidente comencé a tener mucho estrés y una gran bruma mental que me hacía recaer, pero para desacelerame y motivarme a seguir, la única salida que tuve fue pintar".
Según lo comentado por Marisa, el pasar de la pandemia fue un proceso duro para todos los artesanos que tuvieron que irse adaptando, ya que muchos de los elementos que eran necesarios para la producción de objetos artesanales no entraban al país.
Junto al puesto de Marisa, se ubica una de sus compañeras y amigas feriantes: Andrea Padrolini, quien se dedica a artesanías en vidrio con la técnica de falso vitró. "Soy docente, pero actualmente me dedico a la artesanía. Inicié con esto hace nueve años como una forma de terapia a raíz del fallecimiento de mi único hijo. Esto nos fue de apoyo para mí y toda mi familia, y como una forma de terapia".
Andrea y su marido, quien lo definió como "su mano derecha", son los encargados de realizar cada artesanía, desde comprar y cortar el vidrio hasta darle forma. El pasar de la pandemia fue algo que los puso a prueba, pero no los freno y buscaron la forma de abastecerse de materiales necesarios para realizara cada artesanía.
Continuando con el recorrido, los olores de la carne a la parrilla y de las empanadas fritas comenzaron a sentirse y junto a esto se encontraba uno de los puestos con mayor antigüedad. La carpa de los Scouts María Auxiliadora estaba llena de jóvenes de todas las edades que compartían un momento único y junto a ellos estaba Susana Álamo.
Susana es la encargada de coordinar todo el grupo de scouts, el cual reúne a jóvenes de todas las situaciones económicas, con el objetivo principal de que aprenden a sociabilizar y a formarse como persona.
"La pandemia nos golpeó duro, pero logramos encontrarle la vuelta para continuar en contacto con muchos de los jóvenes", comenta Susana. "Nuestro objetivo para hoy es vender todo lo que tenemos para así lograr viajar junto a todos los jóvenes".
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A solo centímetros de los scouts se escuchaba una tonada única y un poco particular con aromas que en ningún lado se pueden encontrar. Allí se encontraba Eduardo Molleja, del estado de Lara en Venezuela, junto a toda su familia, con quienes tiene un gran emprendimiento de comida venezolana.
"Llegue hace 6 años a Santa Fe, junto a mi esposa y a mis hijas, y es la segunda vez que participamos", comentó Eduardo mientras se preparaba para cocinar.
Eduardo inició meses antes de la llegada de la pandemia su emprendimiento de comida junto a su mujer. "La llegada de la pandemia no nos fue afecto como nosotros pensamos, viniendo de una situación tan complicada, la pandemia fue un momento de aprender y de como emprender en este rubro que disfrutamos con mi esposa y junto a nuestras dos niñas".
De esta forma, Eduardo abrió su corazón y habló de como fue la bienvenida al país. "Para mí, Argentina es un gran país, que me abrió muchas puertas, con unas personas son muy cálidas. El argentino es el europeo de Latinoamérica, su compartir e interactuar en sana paz lo realizan con el mate y eso hace a uno argentino".










