miércoles 11 de mayo de 2022
Santa Fe Inundación del río Salado |

El Hospital de Niños, una causa perdida que se convirtió en el último lugar de la resistencia

18 años pasaron y muchos todavía tenemos sueños recurrentes, fobias, miedos relacionados con el río que llegó para llevarse todo. Autoridades que no quisieron ver lo que pasaba y una lección que otra vez la dio la gente. Mi recuerdo siempre presente me lleva una y otra vez al Hospital de Niños y esa siesta triste e inolvidable donde todos luchamos por lo imposible.

Cada 29 de abril para miles, existe un ritual inevitable, de recordar uno o varios momentos de lo que ocurrió un día como hoy, 18 años atrás. La inundación del Salado, ese avance imparable del agua contra la forma de vivir que teníamos todos hasta ese momento. Sin duda, casi el acta fundacional de una ciudad que llevaría la marca del agua por mucho tiempo, esa misma que aparece todavía en las paredes, como un recordatorio presente de lo que pasó.

Y hoy es 29, es abril y el momento se vuelve real otra vez.

De todo lo que me tocó ver y contar hace 18 años, hay algo que siempre vuelve, recurrente. Como imagen, como pesadilla, como fobia, como recuerdo. Aquella siesta tremenda en el Hospital de Niños, sin duda estará por siempre entre los momentos que todos los que estuvimos ahí, jamás podremos olvidar ni atenuar con días de sol.

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Las calles de los barrios del oeste se convirtieron en arroyos. Muchos vecinos se quedaron a cuidar sus casas en el techo.

Las calles de los barrios del oeste se convirtieron en arroyos. Muchos vecinos se quedaron a cuidar sus casas en el techo.

Siempre vuelvo a pararme sola sobre calle Mendoza, pasando Lamadrid hacia el oeste, con el torrente de agua que bajaba de la vía con una fuerza que desconocíamos. Todos iban hacia el este, en un éxodo silencioso sólo interrumpido por algún llanto, una orden o el ladrido de los perros. La verdad es que uno no piensa fríamente en esos momentos, y creo que hasta reaccionamos automáticamente; yo tenía que contar lo que pasaba, y seguía avanzando pese a todo contra la corriente, mientras el agua subía.

Llegue a paralizarme sobre la vía, donde tenías una vista completa de lo que pasaba en un barrio Santa Rosa de Lima que estaba absolutamente bajo el agua. De las casas, solo se veían los techos llenos de historia de rescates. No me salían las palabras, o a lo mejor no las encontraba entre tanto caos. Sin cerrar los ojos, puedo todavía ver ese paisaje gris, húmedo, triste y caótico. Me quedé parada ahí, no me acuerdo si el agua estaba fría o qué sentía, quizá el cuerpo no acusaba recibo de nada porque lo que pasaba alrededor era más importante.

Santa Fe inundada crecida Salado con marca.jpg
Los barrios del oeste de Santa Fe, como Santa Rosa de Lima y San Lorenzo, quedaron bajo agua.

Los barrios del oeste de Santa Fe, como Santa Rosa de Lima y San Lorenzo, quedaron bajo agua.

El agua ya me llegaba al pecho, y no podía creer cómo las hormigas, arañas y otros bichos caminaban sobre el agua desesperados buscando tierra firme. En el camino se encontraron conmigo y con todos los otros que transitamos ese sendero de agua. La sensación de los bichos recorriéndote el cuerpo, todavía hoy me causa mucha impresión. No las picaduras, sino el sentir que se aferraban a lo que podían para huir del agua, como la gente, como todo.

Años después entendí que esa causa perdida era una lucha contra todo eso que no pudimos salvar antes, casi como el último lugar de la resistencia.

Alguien me dijo que me fuera, que saliera de ahí. No tengo un recuerdo de estar mojada, o del agua en las botas de lluvia. Seguí a la gente, y todos corrían hacia el Hospital de Niños “Dr. Orlando Alassia”.

Empezaron a llegar bolsas de arena, y manos, cientos para tratar de defender esa fortaleza que todavía estaba ahí en pie, porque los que estaban ahí ya habían perdido bajo el agua su casa, su escuela, sus cosas, sus recuerdos y su presente. Llegaban de todos lados, de todos los barrios alertados por los medios de lo que pasaba. No había wasap ni red social que ayudara en una convocatoria espontánea de miles para salvar lo imposible. Nunca vi tanta voluntad, ni tanta energía que conecte una ciudad, en un solo lugar. Ninguno pensaba en sí mismo, es mas, vaya a saber qué los movía. Pero nadie estaba dispuesto a bajar los brazos sin dar pelea.

Años después entendí que esa causa perdida era una lucha contra todo eso que no pudimos salvar antes, casi como el último lugar de la resistencia. La gente corría, tapaba, amurallaba, intentaba salvar no sólo el hospital de todos, sino la esperanza perdida esa mañana por el agua impiadosa y la impericia de los funcionarios, que no avisaron, no supieron, no atendieron, nada.