Chiquitita corporalmente, pero a la vez gigante, de mirada profunda y con una verborragia propia de la persona que ya sufrió, que ya aprendió, que ya cosechó. Así es Yoana Colman, la mujer que logra todos los días mostrar que realmente se puede transformar el dolor.
Cuando pasó el accidente en el que murió su hijo, Francisco Sueldo, de solo 11 años, la vida ya le había hablado de sinsabores; ya le había puesto sobre la mesa desilusiones, preguntas sin respuestas y personas que era mejor olvidar. Pero todo ese dolor quedó “caducado”, “archivado”, como dice ella. “Todo lo que viví y lo que sufrí, caducó: está encajonado muy lejos de mí. El gran dolor que me causó la muerte de Fran tapó todo lo demás”, dice.
Yoana en realidad no es Yoana. Es Gisela Romina, pero su mamá decidió que lleve el nombre que el Registro Civil no le había permitido y se lo puso como sobrenombre. Hoy es conocida por todos como Yoana.
Nació en Quilmes, Buenos Aires, producto de una noche de pasión entre su mamá y un músico de la movida tropical de Santa Fe. Ante la noticia del embarazo, su mamá decidió marchar hacia Buenos Aires y tenerla sola. Tuvieron que pasar 11 años para que llegue a los oídos de Yoana la historia verdadera. Con esa información, intentó acercarse a su parte paterna pero no obtuvo resultados. 22 años después, cuando tenía 33, fue ella la que se comunicó con una media hermana para contarle que existía. En ese momento, ya tenía a sus hijos Meli, Sharon y Francisco, quién era recién nacido. Hoy tiene 42 años, trabaja en un sanatorio de la ciudad de Santa Fe y está a punto de ser abuela.
—¿Quién es Yoana?
—Es difícil hablar de uno pero creo que Yoana es una mujer guerrera y con mucho amor para dar que trata de seguir dándoselo a las personas que quedan. Me considero una mujer luchadora y sensible por demás. Nunca me imaginé vivir lo que viví pero ya pasó lo más terrible. Hoy estoy viviendo otra etapa. Me gusta ayudar a otros.
—¿Cómo se supera algo así?
—No sé si supera. Creo que se aprende a vivir con esto. Hay algo que es clave para los que sufrimos la pérdida de un hijo y es el tiempo. El tiempo, valga la redundancia, te da tiempo para sanar, para que vos puedas verlos a ellos de otra manera. Hoy me conecto con Fran desde otro lugar. Me siento una privilegiada de poder sentirlo así. Siento dolor, por supuesto, pero también lo siento conmigo. No se puede explicar con palabras. Es realmente hermoso”.
Cuando ocurrió el accidente, Yoana quedo en shock. No podía hablar, mirar, entender. Quedó como "muerta del dolor". Incluso el que llevó la voz cantante de los reclamos y los pedidos de justicia fue su esposo Walter. Hoy la situación es claramente diferente, marchan codo a codo los dos y ella habla “todo lo que no pudo hablar al comienzo”.
—¿Hubo pilares en el camino de transformación?
—Mis hijas y mi marido fueron los motivos por los que me levanté. Yo tenía a mis dos hijas, y tenía que seguir viviendo por ellas. Además hubo vínculos que se generaron después del accidente que nos ayudaron. Tengo una amiga, Rosi, que vive en Esquel, que pasó por lo mismo con su único hijo Lorenzo de 10 años. Cuando podemos vamos a su casa y sentimos que Fran está ahí. Ella me enseñó muchísimo. Me agarré de ella y me salvó. Me dijo y me enseñó que sí se puede. Además mis compañeras de trabajo me dejaron llorar, me dejaron estar triste. Yo trabajo en Neo y ahí también pude hablar con muchas mamás y ver a muchos niños. Todos fueron clave para que hoy pueda sentirme mejor. Cuando ocurrió el accidente había mucha gente al lado mío, y cuando pasaron los días, quedaron algunos. Siento que las personas que aparecieron me las dejó Fran.
—¿Sentís bronca por lo que pasó?
—No vivo con odio porque el amor que me dejó Fran es mucho más grande y siento que me dice ‘mamá estoy con vos’. Es inexplicable el gran amor que me dejó a mí. Aprendo a vivir todos los días con el amor de él. Hay días en los que siento un dolor muy grande en el pecho, pero es un ratito, y después me siento aliviada. Lloro y después se me pasa, me levanto como si nada.
—¿Sueñan con él?
—¡Muchas veces! Los dos soñamos con Fran y muchas veces son sueños tan reales que es imposible no sentir que nos está dando una señal. Sabemos que él nos lleva a muchos lugares y que ahí está él.
—¿Y la actualidad?
—Hoy estoy como me ven. Mucho más charlatana. Sigo llorando, sigo pensándolo, pero mis hijas y mi esposo son el motor para seguir adelante. Fran da señales todo el tiempo, siento su presencia.
El Día de la Mujer es un día de conquista de derechos. Yoana aprendió, gracias a muchos, a conquistar el derecho de seguir adelante y de transformar el dolor punzante de la pérdida de un hijo en un motor de crecimiento. Ella no solo tuvo que pasar por la muerte de su hijo en manos del accionar negligente de Francisco Lascurain, sino que también tuvo que ver cómo lo declaraban inimputable por su estado de salud mental. El Día de la Mujer es claramente un día de conquista de derechos, porque para las mujeres no hay derecho que no se tenga que conquistar.



