sábado 16 de enero de 2021
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Ecología del fuego: una mirada científica para ver más claro en medio de tanto humo

Para evitar las quemas descontroladas, que este invierno arrasaron miles de hectáreas, es fundamental acordar un plan de gestión y prevención del fuego. Qué recomiendan los expertos que llevan décadas estudiando las llamas.

Incluso en medio de las llamas hay que intentar entender. Los constantes incendios en las islas del río Paraná y en otras zonas de Santa Fe y Entre Ríos generaron fuertes protestas de grupos ambientalistas, cruces con los productores ganaderos -que se sienten en el banquito de los acusados- y discursos de “ecocidio” hasta en los políticos. Sumar al coro voces que ayuden a comprender la ecología del fuego es importante para ver más claro en medio de tanto humo.

Primero hay que entender que la alineación de la bajante más importante en cincuenta años -que lleva más de seis meses-, una severa sequía y la acumulación de pastizales secos (por las heladas y la falta de lluvias), restos de camalotes y ramas -un ecólogo diría biomasa seca- en el valle aluvial del Paraná generó condiciones ideales para que los incendios se descontrolen.

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Todos los años hay productores que prenden pastizales -una vieja ley provincial en Santa Fe (11.872) prohíbe el desmalezamiento por medio del fuego-, vecinos que queman basura, restos de pasto y poda, y gente que hace asados en las islas. La diferencia es que este escenario climático amplifica y agrava las consecuencias del mal manejo del fuego. Por eso el mapa de Santa Fe está en llamas, como muestra esta imagen de la Nasa (jueves 6 de agosto).

mapa del fuego
La imagen satelital muestra un

La imagen satelital muestra un "río rojo" paralelo al curso del Paraná y también incendios en los Bajos Submeridionales y en los Esteros del Iberá.

Comprender el segundo punto es más difícil, sobre todo cuando se ve arder el hermoso paisaje de las islas. Para aprender a manejar y controlar el fuego hay que dejar de demonizarlo y escuchar a quienes lo estudian, combaten y manejan desde hace décadas.

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Los incendios en las islas entre Rosario y Victoria generaron fuertes movilizaciones de ambientalistas y vecinos de la ciudad del sur de Santa Fe.

Los incendios en las islas entre Rosario y Victoria generaron fuertes movilizaciones de ambientalistas y vecinos de la ciudad del sur de Santa Fe.

En una entrevista con Aire Digital, la investigadora Adriana Millan, licenciada en Química, Máster en Desarrollo -con experiencia en aspectos socioambientales relacionados con el manejo del fuego- y becaria doctoral del Conicet recordó que el fuego suele ser considerado un fenómeno destructivo y vinculado a cambios irreversibles en la naturaleza. “Pero en muchos casos cumple una función dentro de los ecosistemas y está presente desde la aparición de las plantas terrestres”, recordó.

Hay ecosistemas que han evolucionado con el fuego, como pastizales, sabanas, bosques de pino y encinos. Por eso en los últimos 50 años entre los científicos hubo un cambio de paradigma en la mirada sobre el fuego. “Antes había una visión muy establecida enfocada en la supresión del fuego. Los estudios de la ecología del fuego establecieron que en algunos ambientes la supresión puede traer problemas más graves a largo plazo y generar un desequilibrio”, advirtió la investigadora.

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Las quemas se descontrolan porque la acumulación de vegetación seca, la bajante y la falta de lluvias agravan los incendios.

Las quemas se descontrolan porque la acumulación de vegetación seca, la bajante y la falta de lluvias agravan los incendios.

La mejor forma de explicarlo es con ejemplos. Victoriano Curruhual lleva treinta años combatiendo incendios en los bosques patagónicos, en las sierras de Córdoba y ahora también tiene cuadrillas a su cargo en el Delta. Es el director de lucha contra incendios forestales de Parques Nacionales. “En distintos parques nacionales nosotros hacemos quemas controladas para evitar que la acumulación de biomasa provoque incendios más graves. A veces el fuego, es la mejor manera de combatir el fuego”, le explicó a Aire Digital.

El Parque Nacional El Palmar en Colón (Entre Ríos) es un buen ejemplo. Curruhual contó que hay estudios que demuestran que las semillas de las palmeras yatay (Butia yatay es el nombre científico) necesitan las altas temperaturas del fuego para germinar. “Cuando no se hacen quemas controladas, crecen arbustos alrededor de las palmeras que impiden la circulación de la fauna y provocan a la larga incendios más graves”, insistió. En este caso, el fuego -manejado con conocimiento y responsabilidad- es una parte esencial de la renovación del ecosistema.

La Administración de Parques Nacionales también utiliza quemas controladas -bajo determinadas condiciones ambientales y con protocolos estrictos- en los parques “Quebrada de Condorito” (Córdoba), “Copo” (Santiago del Estero), en “Mburucuyá” (Corrientes), “Chaco” y hasta en los Esteros del Iberá.

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Es un manejo, además, que ahora se está considerando para reintroducir el ciervo de los pantanos y las avestruces en el Parque Nacional Pre-Delta en Diamante (Entre Ríos), que necesitan pastos más bajos y corredores biológicos abiertos. En el parque “Quebrada de Condorito”, las quemas prescriptas se están haciendo para conservar y aumentar la población de guanacos, que dependen del rebrote de los pastizales de la Pampa de Achala para poder comer.

¿Las quemas controladas pueden ser una estrategia de manejo aplicable a las islas del Paraná? Es un punto a debatir y entre los expertos hay opiniones distintas. En lo que están todos de acuerdo es en que ahora hay mucha biomasa acumulada en el sistema y cuando se prende es un combustible letal. En este momento, un productor que realiza una quema en una zona de su campo, un asado mal apagado y hasta la quema de basura pueden provocar los desastres que se ven en las fotos y videos que se viralizan de los incendios en el Delta o en el valle de inundación del río Salado, frente a Santo Tomé, y también en Jaaukanigás.

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Para saber qué hacer, es fundamental entender las diferencias entre cada ecosistema. Es distinta la característica de las islas que están entre Santa Fe y Paraná -hay más árboles leñosos, que favorecen la persistencia del fuego- que el pastizal más herbáceo que se puede ver desde la ruta que une Rosario con Victoria. En el noreste de Santa Fe, Jaaukanigás también es un ambiente -hay muchos más árboles- y por eso ahora los incendios son más difíciles de apagar.

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El humo que llega desde las islas a la ciudad de Rosario hace años que provoca problemas respiratorios a los rosarinos.

El humo que llega desde las islas a la ciudad de Rosario hace años que provoca problemas respiratorios a los rosarinos.

A unos 700 kilómetros del Delta, en la región del caldén en La Pampa, hay una experiencia de manejo de fuego diferente. El ingeniero Ernesto Morici, profesor en la Universidad de La Pampa y doctor en Ganadería Ecológica de la Universidad de Córdoba en España, lleva años manejando la acumulación de biomasa en este sistema, que tiene un régimen de lluvias de apenas 600 milímetros anuales. “Nosotros intervenimos con quemas prescriptas y autorizadas por Defensa Civil para gestionar el sistema y evitar incendios más graves”, aseguró.

Las quemas están permitidas de marzo a agosto con condiciones ambientales precisas: las temperaturas deben ser inferiores a los 20 grados, el viento oscilar entre los 5 y los 15 kilómetros por hora y tiene que haber llovido en los últimos días para que el porcentaje de humedad esté en un rango del 40% al 50%.

Las quemas se realizan para “rejuvenecer los pastizales” que alimentan al ganado y para controlar la acumulación de biomasa. “No es lo mismo un incendio con 2.000 a 3.000 kilos de biomasa por hectárea a uno con 15.000 kilos como puede suceder cuando no hay quemas prescriptas”, avisó Morici.

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Curruhual agrega un punto importante: controlar los incendios sale caro. Gabriel Gasparutti, secretario de Protección Civil de Santa Fe, aseguró que el costó de la hora del avión hidrante es de 300.000 pesos (más de 3.000 dólares). Si en este momento hay tres aviones apagando focos de incendio en el Delta o en Jaaukanigás, que vuelan durante ocho horas, el resultado de la suma es 72.000 dólares diarios; es decir más de $ 6 millones sólo en aviones. “Es mucho más económico y positivo para un ambiente invertir esos recursos en acordar un plan de manejo del fuego con todos los actores”, aseguró el director de contención del fuego de Parques Nacionales.

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Controlar los incendios sale muy caro: una hora de un avión hidrante tiene un costo de 300.000 pesos.

Controlar los incendios sale muy caro: una hora de un avión hidrante tiene un costo de 300.000 pesos.

El plan de manejo del Delta está esbozado desde hace más de diez años. Se llama Plan Integral Estratégico para la Conservación y el Aprovechamiento del Delta del Paraná (Piecas) y se elaboró después de los incendios de 2008, otro año con bajante y una sequía extrema. El problema es que nunca se implementó. Ahora, el Gobierno Nacional promete reactivarlo y también establecer ocho reservas -faros de conservación- en las islas.

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El dilema es que las promesas que se hacen al calor del fuego se apagan más rápido que un hoja de papel de diario en la parrilla, como pasó con el Piecas hace diez años. El desafío que tiene el sector político, más que sesionar en las islas o sacarse una foto con una pala ayudando a combatir el fuego, es generar un sistema de manejo y prevención de incendios.

Es lo que vienen reclamando desde hace años muchos ambientalistas. Laura Prol, integrante del taller de ecologista de Rosario, lo tiene claro. “Lo que necesitamos es que sienten en una misma mesa los que actúan en el territorio. Los productores, las entidades rurales, los pobladores locales, los especialistas, los municipios, las provincias y nación. Todos son parte del problema y de la solución”, insistió.

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Las islas cercanas a Alto Verde y el valle de inundación del Salado, enfrente de la costanera de Santo Tomé, también ardieron.

Las islas cercanas a Alto Verde y el valle de inundación del Salado, enfrente de la costanera de Santo Tomé, también ardieron.

Prol cree que es necesario lograr un consenso sobre cómo intervenir en el Delta y establecer un ordenamiento territorial para abordar el tema de los incendios. “Es necesario definir cuál va a ser la mejor estrategia para abordar este problema. Tiene que surgir de un proceso de diagnóstico y luego definir un plan que involucre a los pobladores locales y a los productores. Y que esa planificación se cristalice en leyes y normas”, indicó.

El sábado, mientras viajaba hacia hacia Villa Ocampo para combatir los incendios en Jaaukanigás, Gasparutti le dijo a Aire Digital que ya tiene listo el proyecto de ley para crear un sistema de manejo de fuego en Santa Fe. "La prohibición de quemas se va a mantener y está previsto que el manejo de los pastizales y pasturas se acuerde con especialistas en ambiente del INTA y las universidades", adelantó.

En la Argentina hay conocimiento científico, experiencia y tecnología para acordar y operar un plan de manejo del fuego en las islas del Paraná. Incluso hay investigadores -por ejemplo, en el Centro de Geomática de Oro Verde en Entre Ríos- que llevan años trabajando con sensores remotos e imágenes satelitales para desarrollar sistemas de alerta temprana de incendios.

Los periodistas y los medios también tienen una cuota importante de responsabilidad. "Hay estudios que demuestran que la presión que ejercen los medios de comunicación, es decisiva en la forma en la cual los organismos encargados del fuego tomas las decisiones", advirtió Millan.

Hay un camino para controlar los incendios en las islas del Paraná y la voluntad política es central para recorrerlo.

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