Un día más. Una mañana más. San Cristóbal amanecía ante otra jornada de otoño caluroso en el noroeste de la provincia de Santa Fe. En el patio de la Escuela N° 40 “Mariano Moreno”, decenas de alumnos y alumnas miraban el cielo, a la espera del izamiento de la bandera. La escena era la de siempre. La rutina. Lo conocido.
Minutos después de las siete de la mañana, esa normalidad se quebró de manera irreversible.
Un alumno de 15 años ingresó armado al establecimiento y, al grito de “sorpresa”, comenzó a disparar. Mató a un compañero de 13 años. Hirió a otros ocho. Dos de ellos recibieron impactos de bala, pero sobrevivieron.
El tiempo, desde ese instante, pareció desordenarse.
San Cristóbal y el momento en que todo cambió
Los disparos irrumpieron como algo difícil de reconocer en un primer momento. “Pensamos que estaban pateando puertas”, relató un alumno. “Al tercer o cuarto disparo salieron todos corriendo”.
La reacción fue inmediata y desbordada. Alumnos y docentes corrieron, se refugiaron, buscaron esconderse. El miedo tomó forma en pasillos, aulas y patios. La escena se volvió caótica en segundos.
San Cristóbal. Captura de vídeo del momento del tiroteo.
Decenas de chicos escaparon de la escuela hacia sus casas, muchos solos. Afuera, comenzaba otra desesperación: la de las familias. Padres que recibían mensajes fragmentados, llamados urgentes, versiones cruzadas. Madres que buscaban a sus hijos sin saber dónde estaban.
Una frase, repetida horas después, sintetizó el desconcierto: “La mamá de Ian preguntaba en el grupo de WhatsApp dónde estaba su hijo, y nadie sabía qué responderle ”.
Un freno en medio del horror
En medio de la secuencia, un asistente escolar intervino y logró reducir al agresor. Su acción evitó que la situación escalara aún más.
“Me apuntó, pero no llegó a dispararme”, contó más tarde. “No sabía lo que había hecho”.
El atacante fue contenido por integrantes de la comunidad educativa. Quedó sentado, en estado de shock, con la mirada perdida, mientras el resto intentaba comprender lo ocurrido.
La escuela como refugio
Dentro del edificio, docentes activaron mecanismos de emergencia. Carolina Morel, integrante del Gabinete Educativo, relató que tras las primeras detonaciones se refugiaron en la sala de profesores.
“Atinamos a sacar los teléfonos y llamar a la policía, al hospital y a las familias”, explicó. Cuando advirtieron que el agresor se dirigía hacia ese sector, bloquearon el ingreso. “Se trabó la puerta, se arrimó una mesa, nos tiramos todos al piso y seguimos escuchando detonaciones”.
En ese momento, la incertidumbre era total. “Tratábamos de ser invisibles ”, describió.
Las primeras horas: conmoción y respuestas
Mientras la ciudad intentaba entender lo sucedido, el Gobierno de Santa Fe activó un operativo interministerial. Funcionarios viajaron a San Cristóbal y se inició una investigación para esclarecer cómo el arma ingresó al establecimiento.
Casi tres horas después del ataque, el Ministerio de Seguridad confirmó la detención del autor: un estudiante de 15 años que cursaba tercer año.
Tiroteo escuela San Cristobal Foto Aire de Santa Fe 2
San Cristóbal. Ingreso a la Escuela Mariano Moreno.
El gobernador Maximiliano Pullaro suspendió su agenda y dispuso el traslado de ministros a la ciudad. Poco después, se anunció una conferencia de prensa con los titulares de las áreas de Seguridad, Educación e Igualdad y Desarrollo Humano.
Antes de la ronda, a las 10:55 llegaba el equipo de AIRE a San Cristóbal, para una cobertura especial, en el lugar, a cargo de los periodistas Lucas Payetta y Johanna Peltzer. Imágenes, testimonios, y un seguimiento pormenorizado del hecho que para ese momento ya trascendía los límites de la ciudad y se instalaba a nivel nacional.
Los heridos y la intervención del sistema de salud
Los primeros partes médicos aportaron una cuota de alivio dentro de la gravedad del hecho. Ocho estudiantes recibieron atención médica.
Un adolescente de 13 años fue trasladado en código rojo, lúcido y hemodinámicamente estable, y derivado al Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia de la ciudad de Santa Fe. Otro joven de 15 años fue atendido con heridas superficiales.
San Cristóbal. Interior de la Escuela Mariano Moreno.
Horas más tarde, se confirmó que ninguno de los heridos presentaba riesgo de vida. Uno de los pacientes derivados permanecía en cuidados especiales para monitoreo, sin necesidad de cirugía, con lesiones que no comprometían órganos vitales. El resto fue dado de alta o permanecía estable.
La confirmación más dolorosa
Cerca de las 14, llegó la confirmación oficial que terminó de darle dimensión a la tragedia: la víctima fatal era Ian C., de 13 años, alumno de la institución.
El dato, que ya circulaba de manera informal, se volvió certeza. Y con él, el impacto se profundizó.
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Ian jugaba al fútbol en un club de la ciudad. La institución emitió un comunicado en el que expresó que los hechos “enlutan profundamente a toda la comunidad” y anunció la suspensión de actividades.
La investigación y el marco judicial
Durante la conferencia de prensa, las autoridades informaron que se iniciaba una investigación administrativa paralela a la judicial para determinar responsabilidades y revisar los protocolos de seguridad.
El fiscal regional Carlos Vottero confirmó que el Ministerio Público de la Acusación interviene en el caso, aunque rige la reserva de actuaciones por tratarse de menores de edad.
También se aclaró que la nueva ley penal juvenil —que prevé la imputabilidad desde los 14 años— aún no está vigente en Argentina. Por lo tanto, la situación del agresor de 15 años será abordada conforme al régimen penal juvenil actual.
El joven fue inicialmente asistido por la Defensa Pública, pero su familia designó posteriormente a los abogados Néstor y Mariana Oroño. Según indicaron, el adolescente fue trasladado a la ciudad de Santa Fe para ser alojado en un espacio especializado, debido a la inexistencia de un centro de estas características en San Cristóbal.
La defensa también informó que el menor presentaba antecedentes de autolesiones, rasgos de introversión y se encontraba bajo tratamiento psicológico. Sus padres están separados: el padre viajó desde Entre Ríos para asumir la representación legal, mientras que la madre permanece en la ciudad.
Una ciudad que intenta entender
Con el correr de las horas, comenzaron a conocerse más testimonios. Una alumna relató que escuchó los disparos a las 7:10. “Pensé que había explotado una garrafa. Después vi al agresor con la escopeta y corrí. Mientras corría, escuché disparos atrás mío”, contó.
Los relatos coincidieron en un punto: el desconcierto. Nadie había anticipado una situación así. Nadie tenía una referencia cercana.
San Cristóbal. Manifestación de la Comunidad Educativa en la Plaza Central.
Incluso en países donde estos hechos son más frecuentes, la irrupción de la violencia dentro de una escuela sigue siendo un hecho que descoloca.
En San Cristóbal, donde los vínculos son estrechos y las distancias cortas, el impacto fue aún más profundo.
La tarde: entre la bronca y el desconcierto
Ya entrada la tarde, alumnos, padres y vecinos comenzaron a concentrarse en espacios públicos. La plaza principal se convirtió en un punto de encuentro.
Había bronca, preguntas, necesidad de hablar. También silencio. La dificultad para procesar lo ocurrido se hacía evidente en cada testimonio.
La escuela, mientras tanto, suspendió las clases por el resto de la semana.
La noche: el silencio como lenguaje
Con la caída del sol, la escena cambió. El ruido del día dio paso a otra forma de expresión.
Frente a la Escuela “Mariano Moreno”, cientos de personas se reunieron en silencio. Velas encendidas, globos blancos, carteles pidiendo justicia. No hubo consignas masivas ni discursos. Hubo presencia.
Filas de personas avanzaron lentamente hacia la puerta del establecimiento. De a una, fueron dejando velas encendidas sobre el suelo. La luz comenzó a dibujar una línea en el ingreso. Luego se repitió en otro sector.
San Cristóbal. Despedida a Ian, el menor asesinado en su escuela.
Manos temblorosas. Miradas bajas. Abrazos largos.
La imagen, sobria y contundente, condensó lo que la ciudad no lograba decir con palabras.
En ese gesto colectivo, San Cristóbal intentó transformar el dolor en algo compartido. Una forma de acompañar a la familia de Ian. Una forma, también, de empezar a atravesar una jornada que quedará marcada como una de las más tristes de su historia.
El lugar donde horas antes irrumpieron los disparos quedó cubierto de luz tenue. Allí, donde la rutina se quebró, la comunidad dejó encendidas sus velas.