La conmoción que atraviesa San Cristóbal tras la muerte de Ian Cabrera abre una nueva etapa en la comunidad: la de cómo procesar lo ocurrido y comenzar a reconstruir los vínculos. En ese escenario, la parroquia local se convierte en uno de los espacios de contención, en medio de un pueblo atravesado por el impacto de una tragedia que todavía resulta difícil de dimensionar.
Una comunidad “conmovida” y en shock
Luego de una misa realizada en la parroquia de la ciudad, el padre Daniel Ferrero describió el estado emocional de la comunidad. “Toda la gente está conmovida. Lo que pasó fue una noticia a nivel nacional y hasta en otros países, por lo que ocurrió en la escuela ”, señaló.
El sacerdote remarcó que el impacto excede el hecho puntual y obliga a pensar en lo que viene. “Más allá de lo que pasó, ahora hay que preguntarse cómo sigue todo esto. Hay que revisar muchas cosas en la comunidad”, sostuvo.
En su análisis, planteó la necesidad de abrir un proceso más amplio que incluya a distintos actores sociales. “Todo el pueblo está conmovido, pero hay que ver cómo sigue. La idea es dejar enfriar un poco la situación, porque los chicos, los directivos y los padres tienen que hacer su proceso ”.
En ese marco, anticipó el rol que buscará asumir la Iglesia: “Nosotros, como Iglesia, queremos acompañar en primer lugar espiritualmente, pero también con otros equipos”.
El sacerdote explicó que, aunque en San Cristóbal los recursos son limitados, se evalúa articular con profesionales de otras ciudades. “En Rafaela hay muchos equipos que trabajan temas como violencia, adicciones y acompañamiento. La idea es armar un plan con gente de la comunidad y sumar charlas para acompañar”.
Violencia, adolescencia y comunidad
El padre Daniel también se refirió al contexto social en el que ocurre el hecho y a los cambios que percibe en los jóvenes. “Hoy hay códigos que los adolescentes manejan y que los adultos no terminan de entender. Ni los padres ni los docentes llegan a comprender del todo lo que están viviendo”.
En esa línea, consideró que lo ocurrido marca un punto límite. “Esto fue tocar fondo. Son situaciones de violencia que se tienen que cortar”, afirmó.
Y agregó: “Habrá que ver cómo la comunidad se reúne y dice ‘pongamos paz en esto’, porque así no se puede seguir”.
Con experiencia previa en la ciudad, el sacerdote comparó el presente con años anteriores. “Si uno mira cómo era antes y cómo es ahora, cambió totalmente. San Cristóbal siempre fue un lugar donde todos se conocían, donde la gente se sentaba afuera a charlar”.
Sin embargo, advirtió que ese clima se fue modificando: “Hoy hay lugares donde eso ya no se puede hacer. Esto no pasa solo acá, también ocurre en otras ciudades”.
Fe, dolor y búsqueda de sentido
En medio del impacto, el mensaje del sacerdote apuntó a la dimensión espiritual como parte del proceso de duelo. “En estos momentos, lo más fuerte es aferrarse a Dios. Muchas veces, frente a estas cosas, se le echa la culpa a Dios, pero creo que hay que ir por otro lado ”.
Padre Daniel Ferrero, a cargo de la Parroquia de San Cristóbal.
También dejó una reflexión dirigida a las familias: “Esto cuesta muchísimo, pero hay que animarse a perdonar y a reconciliarse, entre las personas y también con Dios”.
Sobre Ian, expresó: “Es un chico de 13 años, inocente. Creo que tenemos un santo en el cielo ”.