Al subirse a la lancha que lleva al equipo de AIRE al complejo “Gente del Agua”, lo primero que sorprende son los alisos. Están a punto de convertirse en un bosque submarino por el rápido repunte del río. En lo que va de octubre, el riacho San Jerónimo, el brazo del Paraná que pasa por el Puerto de Reconquista, creció más de dos metros y medio (de 1,45 metros a más de 4 metros) y arrasó con toda la vegetación que creció durante el ciclo de bajante más importante en 70 años.
Con la lancha, que maneja Javier, hay que cruzar hasta la isla “La Fuente”, frente a la desembocadura del arroyo Correntoso. Es el lugar en el que se construye un zoom y salón comedor que es la puerta de entrada a las pasarelas de madera y los senderos que permiten explorar este bello tramo de selva en galería de Jaaukanigás.
La provincia de Santa Fe gestionó fondos nacionales del plan 50 destinos para llevar adelante este proyecto de la Municipalidad de Reconquista. Hasta ahora se invirtieron $85 millones, está terminado en un 70% y el objetivo es inaugurarlo antes de que comience el verano.
El equipo de AIRE lo va a recorrer con tres anfitriones que se sienten en su salsa en estas 700 hectáreas: Ricardo “Bocha” Magnago, guardafauna municipal; Nilo Casco, voluntario de fauna y especialista en aves (por eso trajo sus binoculares); y Facundo Cabrera, que ingresa a la pasarela con un gancho herpetológico para “bichear” (relevar fauna) y evitar accidentes con las víboras.
Bocha camina 20 pasos y enseguida señala con su mano izquierda hacia las copas de los árboles. “Miren, ahí hay una familia de monos carayá. Son dos hembras, dos machos y una cría. ¿Qué les parece el nombre ‘Camino de los monos para esta pasarela? Es una de las ideas que tenemos”, le cuenta a los enviados de AIRE. El nombre va como loco. Y lo mejor es que la pasarela de madera de eucalipto, que tiene 800 metros y todavía no está barnizada, es ideal para que la recorrida la puedan hacer los chicos de las escuelas, las familias y la gente grande.
A los costados de la pasarela están los árboles característicos de la selva en galería: ingá, timbó blanco, ibirá pitá y sangre de drago, entre muchos otros. Están llenos de lianas, enredaderas y se cruzan decenas de mariposas de color blanco y amarillo. A la mitad de la primavera, es un mundo fresco -que oxigena-, a pesar de que al rayo del Sol hace más de 30 grados. Entre las ramas de los árboles suena ese mantra que superpone a miles de pájaros e insectos, pero por momentos acecha un zumbido que los santafesinos conocemos íntimamente: los mosquitos. “Nosotros ya ni nos ponemos off”, bromea Bocha.
El primer y el segundo mirador, que también son áreas de descanso, se construyeron para observar una laguna que ahora está seca. Cuando hay agua, se llena de garzas y distintos tipos de patos. Ahora es un enorme pastizal que está pintado de amarillo Vicent Van Gohg porque florecieron las margaritas de campo. Acá las llaman “planta primavera” (el nombre científico es Senecio Pterophorus) y son un buen ejemplo de que un humedal del norte santafesino también puede ser una postal del postimpresionista.
El sendero de las islas de Jaaukanigás
Para los más aventureros, se preparó un sendero que complementa el paso por las pasarelas. Son 1.600 metros que recorren otro tramo de la selva en galería con una senda que termina en un estero.
A nivel del suelo, Cabrera remueve hojas con el gancho herpetológico y levanta troncos y ramas para buscar arañas, culebras y víboras. Le muestra al equipo de AIRE algunas arañas y racimos de pequeños huevos de insectos. Casco escanea las copas de los árboles con sus binoculares y descubre un carpintero oliva y una pareja de chororós.
Al lado del sendero hay un enorme ingá -tiene más de 20 metros de altura- que frena en seco el trekking porque merece mirarlo de cerca. Bocha mirá al grupo y dice: “Hay que abrazar los árboles. Te cargan de energía”. El guardafauna, que lleva más de 20 años rescatando animales silvestres que terminan asustados y acorralados en pueblos y ciudades, ya es casi un influencer de la naturaleza santafesina. Uno de sus últimos videos, que protagonizó un sapo gigante (el cururú cuatiá), tiene más de 651.000 reproducciones en Tik Tok.
Es que en las 492.000 hectáreas de Jaaukanigás, que tiene su límite sur en la desembocadura del arroyo Malabrigo y sigue hasta el comienzo de la provincia de Chaco, hay todo un universo que vale la pena conocer y preservar.












