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Cáscara de arroz: un desarrollo santafesino la convierte en sílice de alta pureza y busca mercado

En Santa Fe, un proyecto con la UNL transforma la cáscara de arroz en sílice de alta pureza y apunta a reemplazar importaciones.

Un desarrollo científico-tecnológico santafesino encontró cómo transformar la cáscara de arroz—un subproducto de bajo valor— en dióxido de silicio con 99% de pureza. El proyecto se impulsa desde San Javier y la Universidad Nacional del Litoral, y busca abrir mercado con un insumo hoy importado en su totalidad.

En una entrevista realizada en 6A.M, el programa que se emite por Aire, donde el industrial arrocero Pablo Bode contó detalles del proceso, la escala de producción y el objetivo: convertir un residuo en negocio.

Cáscara de arroz: del descarte del molino a un nanomaterial de alto valor

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En la industria arrocera, la cáscara representa entre el 20% y 25% del peso del cereal que se procesa. Durante años, fue un problema: se amontonaba como descarte o se vendía barato para usos puntuales, como cama de granjas avícolas. “Estábamos muy sujetos a la demanda. Había momentos en los que la cáscara se veía tirada en las arroceras”, explicó Bode al aire.

El giro llegó cuando dos investigadoras de la Facultad de Ingeniería Química (UNL), Laura Cornaglia y Betina Faroldi, identificaron el potencial: aprovechar el sílice que la planta concentra especialmente en la cáscara.

Cómo es el proceso para obtener sílice al 99% de pureza

La cáscara de arroz es la base del proceso que permite obtener sílice de alta pureza en Santa Fe.

El método combina pasos simples y controlados:

  • Lavado de la cáscara en un reactor con agua y una concentración ácida.
  • Reutilización del líquido en bachadas posteriores y dos enjuagues con agua pura.
  • Quema a temperatura controlada durante 2 a 2,5 horas.
  • Extracción del material y envasado.

Bode remarcó que lo novedoso es el bajo costo y el manejo de desechos: las mezclas utilizadas “no son contaminantes” y el proceso evita grandes complejidades industriales.

El punto más delicado es el final. “Es una partícula muy finita, liviana, se vuela”, detalló, por eso el cuidado principal se concentra en el envasado, para evitar contaminación cruzada y dispersión del polvo.

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El sílice no es un detalle menor: está en toda la planta, pero la cáscara concentra mucho.

El sílice no es un detalle menor: está en toda la planta, pero la cáscara concentra mucho.

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Cáscara de arroz: por qué el sílice del arroz es tan abrasivo

El sílice no es un detalle menor: está en toda la planta, pero la cáscara concentra mucho. Esa característica explica por qué el arroz es tan “agresivo” con los metales.

En 6 A.M, compararon esa abrasividad con lo que ocurre en el campo: las cosechadoras suelen tener recubrimientos cerámicos porque “el arroz se come el acero”. También varía según la variedad: los arroces “largo ancho” suelen ser más abrasivos porque concentran más sílice.

La abrasividad del arroz es la pista clave: lo que daña máquinas es, al mismo tiempo, un insumo industrial codiciado.

Cáscara de arroz: de cuánto es el salto de valor y a qué industrias apunta

El dióxido de silicio de alta pureza tiene usos amplios:

  • Alimentación (antiaglomerante y espesante)
  • Farmacéutica
  • Vidrios y cauchos
  • Materiales industriales de uso cotidiano

Bode aseguró que el material “se importa 100%” y que hoy el desafío es identificar el mercado, enviar muestras y cerrar potenciales clientes. Competirían con proveedores de Brasil, Chile y China, con distintos rangos de precio.

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El material “se importa 100%” y que hoy el desafío es identificar el mercado, enviar muestras y cerrar potenciales clientes.

El material “se importa 100%” y que hoy el desafío es identificar el mercado, enviar muestras y cerrar potenciales clientes.

Sobre el valor, explicó que depende del destino y el grado de pureza. Para el uso de mayor valor, mencionó referencias de mercado cercanas a $100.000–$125.000 por kilo, frente a una cáscara que hoy ronda valores mínimos y, en algunos casos, “hay que pagar para que se la lleven”.

El proyecto busca convertir un residuo casi sin precio en un producto industrial de alto valor agregado.

Cáscara de arroz: el próximo desafío en San Javier es la energía

El plan de escalado definitivo tiene un condicionante clave: San Javier no cuenta con gas natural. Por eso, el equipo evalúa un esquema integrado para generar energía térmica con la propia cáscara.

La idea es doble: usarla como materia prima del sílice y, a la vez, como fuente calórica. “Queremos llevar adelante la planta final en San Javier, donde están las industrias arroceras y la materia prima cerca”, explicó.

Cáscara de arroz: financiamiento y articulación pública-privada

Bode señaló que el proyecto es un ejemplo de vínculo entre sector privado, UNL, CONICET y programas públicos de apoyo.

Mencionó aportes a través de Innovar 2019 para el escalado, otro acompañamiento en 2022 para estudiar la energía a partir de cáscara, y una presentación reciente a una convocatoria TECP para integrar planta piloto y generación de energía.

“Si el gas llega en años, queremos estar preparados; mientras tanto, tenemos que generar energía térmica con la misma cáscara”, resumió.