Así era la vida puertas adentro del hogar de tránsito clandestino que se incendió en barrio Nuevo Horizonte
Luis César Arriola, un jubilado de 80 años, detalló cómo era el día a día en el lugar: hambre, agresiones verbales, documentación retenida y un dinero que, según denuncia, jamás le devolvieron
Luis Arriola. Tiene 80 años y es exchofer de colectivos.
Un incendio intencional, que habría sido provocado por uno de los propios residentes para llamar la atención sobre la situación que atravesaban, destapó una trama de maltrato, hacinamiento y presunta estafa en una vivienda de barrio Nuevo Horizonte.
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El lugar operaba sin habilitación municipal como un supuesto hogar de tránsito para personas mayores y con discapacidad. Entre los testimonios recogidos en el lugar por AIRE, uno se destacó por su crudeza: el de Luis César Arriola, de 80 años, exchofer de colectivos.
"Vivo mal, con hambre, durmiendo en el piso"
Arriola llevaba dos años en la vivienda. Consultado sobre sus condiciones de vida, no dudó: "Mal, con hambre, durmiendo en el piso, con un colchón, sin almohada y con una cobija que más una cubrecama. Eso es todo. Así dormía".
Su testimonio confirmó lo que había desatado el incendio horas antes: otro de los residentes prendió fuego a un colchón como forma desesperada de reclamar comida, denunciando que hacía "cuatro días" que no les daban de comer. Arriola lo ratificó sin matices: "Es la pura verdad". Y fue más allá: contó que incluso antes de ese ayuno forzado la comida ya era escasa y de mala calidad, al punto de compararla con "una limosna de refugiados".
De pedir un consejo a quedar "a merced" de la dueña
Uno de los tramos más llamativos de su relato tiene que ver con cómo llegó al lugar. Según explicó, fue derivado por una asistente social que trabaja cerca de la terminal de ómnibus, quien lo conectó con la mujer a cargo de la vivienda. Pero aclaró algo central: él no fue en busca de alojamiento, sino de asesoramiento para recuperar pertenencias que había dejado en otro hogar de similares características.
Al llegar, según contó, la responsable del lugar le retuvo toda su documentación, el dinero en efectivo que llevaba encima y otras pertenencias, con la promesa de recuperar esa misma tarde lo que había quedado en el otro sitio. Eso nunca sucedió: "Hasta el día de hoy estoy esperando la documentación, las credenciales de la obra social, las pertenencias, la plata en efectivo que tenía", denunció. Y resumió su situación con una frase contundente: "Estoy a merced de ellos. Yo no toco un peso argentino ni moneda de ningún lado hace un par de años".
Jubilado, con familia lejos y ganas de irse "cuanto antes"
Arriola es jubilado, tras haber trabajado como colectivero, y cobra un haber mínimo. Dijo tener familiares en Olivos y también en la ciudad de Santa Fe. Pese a eso, se encuentra solo y bajo la tutela de facto de quienes manejan la vivienda.
Consultado sobre si sufrió maltrato, respondió que sí, aunque precisó que fue psíquico y verbal, "innumerable". Cuando se le preguntó si quería irse del lugar, no lo pensó: "Sí, cuanto antes".
El caso de Arriola no es aislado dentro de la vivienda. Según pudo reconstruirse, a varios de los residentes —entre ellos, al menos dos también ex choferes de colectivo— se les cobraría cerca de 300.000 pesos, un monto vinculado al cobro de sus jubilaciones o pensiones, a cambio de un cuidado que, de acuerdo a los testimonios, no se cumplió.








