Elena Morini siempre quiso tocar la batería, pero la vida la llevó por otros caminos. Amaba la música pero tuvo que priorizar otras cosas y como muchas mujeres, eligió criar a sus hijos, a sus nietos, a su matrimonio, fundó una empresa y trabajó toda su vida. Pero a los 75 años se dio cuenta de que tenía una deuda pendiente con ella misma y decidió jugársela por ese sueño. Hoy tiene 86 años y toca la batería como una profesional. En una nota en AIRE, contó su historia.
Italiana de Venecia, quedó huérfana a los 12 años por la guerra y también por ese motivo se exilió en Argentina en 1951 junto a un hermano que vivía en Rosario. Es la última de 10 hijos y contó que su familia siempre se interesó por la música. Todos sus hermanos estudiaron instrumentos, desde piano a violín, pero ella sentía que no tenía ningún don.
Sin embargo, siempre le interesó la batería, aunque nunca le dedicó tiempo. “Empecé a los 75 y aún sigo. Estoy estudiando desde hace 12 años en la academia de Lucas Negrette. Siempre me gustó el ritmo, y la batería me parecía lo más fácil, aunque tenés que mover los cuatro miembros de forma coordinada”, dijo. “Tengo la suerte de tener buen oído y me sale bien, sigo practicando por placer”, agregó.
Cuando era chica en su casa tenían una “orquesta” con sus hermanos. “Todos hacíamos algo, a mi me daban dos tapas de ollas para tocar, eso siento que me marcó y pensé ‘no me quiero morir sin probar’”.
En el año '77 llegó a Santa Fe para emprender una empresa arenera junto a su marido, de la cual sigue siendo parte y trabajando. Aunque no sueña con tener una banda, en la academia en la que estudia organizan presentaciones de los alumnos a fin de año, y siempre participa. “El momento en el escenario es algo muy especial, es como que me traslado a otro lugar. No quiero saber que me están mirando, yo lo siento porque el amor por la música lo tengo innato y nada más que por eso”, afirmó. “Cuando toco, estoy tranquila, estoy en mi mundo”, agregó.
Su familia siempre la apoyó, inclusive su primera batería se la compraron ellos. “Mi familia siempre me viene a escuchar, les gusta que toque y que disfrute. Tengo apoyo de mis nietos y bisnietos, son mis fans”, dijo.
Antes del calor sofocante del verano en Santa Fe ensayaba dos veces por semana. Ahora lo hace una vez por semana. Pero tiene una batería en su casa y practica todos los días un poco. “Me despeino toda, soy un desastre, pero lo disfruto. El asunto es mover la muñeca, tener el ritmo y animarse”, concluyó.
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