Vuelta a clases: por qué los chequeos médicos son clave para la salud de los más chicos
El chequeo permite detectar a tiempo problemas visuales, auditivos, posturales o nutricionales antes del inicio de clases y funciona como una instancia clave para el cuidado integral de niños y adolescentes.
La recomendación es concreta: programar el control pediátrico anual, verificar el calendario de vacunación y no convertir el apto escolar en un simple trámite.
Con el inicio de las clases a la vuelta de la esquina, desde la Sociedad Argentina de Pediatría advierten que el llamado “apto físico escolar” no debe ser un simple trámite administrativo, sino una verdadera estrategia sanitaria para garantizar el control integral de salud de niños y adolescentes.
Así lo explicó la médica pediatra Gabriela Sánchez, integrante de la filial Santa Fe de la entidad, quien remarcó que en estas edades el control es anual. “Es la excusa, pero ni más ni menos que la excusa donde el beneficiado es el niño. Acá no gana la escuela ni el pediatra: el que sale favorecido es el paciente”, señaló.
Un control que no se firma “de favor”
Sánchez fue clara en un punto: el apto debe hacerlo un pediatra y no limitarse a una firma rápida en la ficha escolar. “El control tiene que ser clínico y completo”, subrayó.
El chequeo incluye la evaluación del crecimiento —peso y talla—, el análisis de la alimentación adecuada para cada niño en particular, y la valoración del desarrollo acorde a la etapa escolar. También se revisa si el alumno está logrando los contenidos esperables para su edad.
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El apto debe hacerlo un pediatra y no limitarse a una firma rápida en la ficha escolar.
Pero hay un aspecto que no admite negociación: las vacunas. “Los chicos vuelven a convivir cuatro o cinco horas por día. Tienen que estar vacunados. En eso no hay peros”, afirmó.
Vacunas: un punto crítico
En la provincia de Santa Fe las coberturas están lejos de lo ideal. Según los datos oficiales del Ministerio de Salud de Nación, los refuerzos de los 5 y 11 años no alcanzan el 60% de cobertura.
La baja tasa de vacunación puede derivar en consecuencias concretas como la reaparición de enfermedades. Actualmente, los pediatras están preocupados por los casos de sarampión y por cuadros compatibles con tos convulsa.
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Según los datos oficiales del Ministerio de Salud de Nación, los refuerzos de vacunas de los 5 y 11 años no alcanzan el 60% de cobertura.
“No es porque tomaste tarde el antibiótico. Es porque no estás adecuadamente vacunado o tu comunidad no lo está”, advirtió.
Hoy el sistema de salud de Santa Fe permite verificar el esquema con solo presentar el DNI del niño en cualquier centro de salud u hospital. No es necesario llevar el carnet en papel: está informatizado. “No hay excusa para no estar al día”, insistió.
Qué estudios son necesarios
Además del examen clínico completo —que incluye, desde los 3 años, la medición anual de la presión arterial— hay controles específicos según la edad.
Para quienes ingresan al jardín de 5 años se recomienda un control auditivo y visual como screening, es decir, para detectar alteraciones que puedan condicionar el aprendizaje.
En primaria, esos estudios se solicitan según la necesidad de cada paciente, por eso la importancia de una revisión exhaustiva “de pies a cabeza”.
La toma de presión, aunque sorprenda a muchos padres, es fundamental. La hipertensión en la infancia suele ser asintomática y puede ser un indicador de enfermedades renales o cardíacas. “En pediatría hacemos mucho screening: buscamos cosas que no generan molestias, pero que hay que detectar a tiempo”, explicó.
Tiempo y responsabilidad compartida
Un control bien realizado no debería durar menos de media hora. “Si lo querés hacer como corresponde, lleva tiempo”, afirmó la pediatra, quien también señaló que la responsabilidad es compartida: del profesional que revisa y del adulto que lleva al niño.
El chequeo no es una urgencia, sino una consulta programada. Puede realizarse antes o después del inicio de clases, pero no debe postergarse indefinidamente. “Medio año en la vida de un niño es mucho”, recordó, al explicar por qué no corresponde firmar una ficha si el último control fue varios meses atrás.
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Un control bien realizado no debería durar menos de media hora.
Otro fenómeno que preocupa es el impacto de la información en redes sociales. Hoy, muchos padres consultan directamente a subespecialistas o terapeutas sin pasar primero por el pediatra, lo que puede generar confusión y demoras diagnósticas. “El pediatra es el que ordena, el que guía y acompaña”, sostuvo.
La recomendación es concreta: programar el control pediátrico anual, verificar el calendario de vacunación y no convertir el apto escolar en un simple trámite. Es una oportunidad para detectar a tiempo, prevenir complicaciones y empezar el año con la salud en regla.