Augusto Correnti, de 26 años, es santafesino pero el coronavirus le llegó en París, Francia. Es ingeniero en Reservorio y en Argentina trabajaba en el área de soporte de operaciones de Shell en Vaca Muerta. Sin embargo, hace un tiempo viajó a Europa para formar parte de un proyecto de una empresa privada, pero sus clases se vieron atravesadas por la pandemia del virus Covid-19.
Cuando comenzó a expandirse el virus por toda Francia, muchos de los compañeros de Augusto en el Instituto Francés de Petróleo volvieron a sus hogares en Francia y otros países, a pesar de que la universidad aconsejó que se quedaran en el país porque no podían garantizar el regreso. El santafesino decidió hacer caso a las autoridades y quedarse.
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Desde el comienzo de la cuarentena sus únicos contactos son virtuales. Está aislado sólo en una habitación en la que se le rompió la calefacción durante una época del año en la que la temperatura varía entre los -1° y los 5°. "El aislamiento se hace complicado de esta manera, pero uno entiende que lo hacemos para el bien de todos", explicó Augusto en el programa Creo, que se emite cada primera mañana en Aire de Santa Fe.
Tras varias complicaciones para conectarse con todos sus compañeros, este lunes recién lograron realizar la primera reunión virtual con su equipo de docentes y alumnos.
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A pesar de la difícil situación por la que está pasando Augusto, no se arrepiente 100% de haberse quedado. "Cuando retomemos las clases en mayo, cuando se espera que terminen los contagios de coronavirus en el país, hay muchos de mis compañeros que no van a poder volver porque la universidad ya advirtió que no se puede hacer cargo", contó y agregó: "las fronteras van a estar cerradas y no van a poder llegar".
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