martes 4 de agosto de 2020
Salud |

Incertidumbre, angustia y estrés, el combo que acompaña cada crisis y pone en riesgo la salud

El presidente de la Asociación Santafesina de Cardiología, Guillermo Lerman, y la psiquiatra del hospital Mira y López, Natalia Cilla, analizaron junto a Aire Digital las secuelas que pueden dejar los escenarios de crisis, como el de esta última semana, en la salud de las personas.

Por Mariano Ruiz Clausen

La afirmación “la crisis se siente en el cuerpo” es un lugar común, una frase que, de tanto repetirse, se vacía de contenido. Pero cuando se desata una ‘tormenta’ de tal magnitud que pone dolorosamente en cuestión las esperanzas más básicas –no solo las depositadas en el futuro sino también en el presente más inmediato–, el clisé adquiere otra sustancia.

Y cada persona responde como puede, o desde donde puede, para sobrevivir a semejante zozobra.

“Esta última semana, con la corrida cambiaria y el aumento del dólar, hemos visto un incremento de las consultas en psiquiatría, reagudizaciones de pacientes que ya estaban en tratamiento, un incremento de atenciones en las guardias médicas por crisis de pánico, crisis de ansiedad y cuadros psicorgánicos como diabetes, hipertensión, gastrtitis, migraña, vinculados también a un proceso crónico de desgaste, de saturación de los sistemas de reacomodamiento frente a la realidad económica, social”, aseguró a Aire de Santa Fe la psiquiatra Natalia Cilla. Y la frase clisé deja de sonar como tal y se colma de contenido.

Cillia es santafesina, médica especialista en Psiquiatría e integrante del equipo de Internación en el hospital polivalente Mira y López de la capital provincial. Y explicó que al mismo tiempo que lo anterior “hubo una reducción importante en el acceso a diversos servicios de Salud, a tratamientos, a recursos y a dispositivos alternativos para el cuidado y la prevención”.

Simplificando, la demanda de atención aumenta y la respuesta de los subsistemas de Salud (público, privado y previsión social) se ve también afectada por la misma crisis; porque aumentan los productos y servicios y porque se burocratizan los procesos.

 

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Por su parte, el cardiólogo y presidente de la Asociación Santafesina de Cardiología, Guillermo Lerman, aseguró también a Aire de Santa Fe que “las crisis sociales y económicas inciden en la salud cardiovascular”.

Según el profesional, hay numerosos trabajos que así lo demuestran. “El doctor Enrique Gurfinkel investigó 1.000 casos. Comparó el número de muertes e internaciones que hubo en el período de abril de 1999 a diciembre de 2001, con las registradas entre enero de 2003 y septiembre de 2004, y demostró el vínculo entre la crisis económica y la evolución de los pacientes cardíacos en hospitales argentinos. Los pacientes que se internaban por problemas cardíacos se complicaron mucho más y aumentó la mortalidad durante el período de crisis, en comparación con los años posteriores que se utilizaron como control”, mencionó Lerman y dijo que se trata de una de las investigaciones más representativas sobre el tema.

También señaló que la imposibilidad económica de acceder a prácticas de alta complejidad como el intervencionismo cardiológico, entre otros, aumentó  la carga de mortalidad según ese estudio .

En coincidencia con ello Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina publicó en marzo de 2019 un artículo en el que enumera otros estudios gracias a los cuales, según él,  “ya no quedan dudas de la relación que existe entre estrés agudo y crónico con la situación que atraviesa el país, y particularmente entre los períodos de crisis y los infartos. Estamos en condiciones de afirmar que las crisis económicas son un claro factor de riesgo cardíaco“.

En el trabajo Las crisis se repiten y el que sufre es el corazón, Tartaglione describió como si se tratara de una premonición el escenario actual.

“Estamos atravesando una difícil realidad marcada por el aumento del desempleo, la pérdida del poder adquisitivo, una inflación que parece poco controlada y un sistema que excluye más de lo que incluye. Todo esto lleva a un descontento generalizado que impacta directamente en nuestra calidad de vida”, dijo en julio pasado.

“Estudios científicos realizados en Argentina permitieron establecer un vínculo entre el estrés psicosocial y un mayor riesgo de enfermar. En particular, las investigaciones constataron un aumento de la morbimortalidad por causas cardiovasculares en períodos de incertidumbre financiera”, según la Fundación Cardiológica Argentina

 

Profundizando, Natalia Cilla explicó la relación entre los síntomas actuales y los factores económicos, sociales y culturales, directamente vinculados a ellos, ya sea influyéndolos u originándolos.

«La situación de crisis económica, política y social que se vive en nuestro país desde hace unos años se traduce en factores persistentes de estrés. Cuando hablo de “estrés” me refiero al proceso de interacción entre los elementos del entorno y las capacidades que tenemos todos para responder desde nuestras funciones cognitivas, emocionales y desde nuestro cuerpo (es decir, lo físico)», enfatizó.

Y prosiguió: “Las demandas del medio son tantas que se perciben o experimentan como excesivas. Muchas veces los recursos (del sujeto) no alcanzan interrumpiendo el normal funcionamiento social, ocupacional y de otras actividades. La inestabilidad, la incertidumbre social y económica de estos años afectan paulatinamente la calidad de vida de las personas. Además de las exigencias diarias aparecen otras preocupaciones vinculadas al empleo, a cómo pagar el alquiler, a cómo afrontar el costo de vida… Es decir, se vive el ‘ día a día’ “. 

 

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Capítulo aparte merece el consumo y uso constantes de medios de comunicación y redes sociales que, según la profesional, recrudecen y retroalimentan lo anterior. “La exposición permanentemente a un sinfín de información a través de las redes sociales,  de la televisión, acrecientan la angustia y la incertidumbre. Las personas se preguntan qué pasará con el futuro económico. Y muchos ven frustrados sus proyectos familiares, personales”, describió.

Y enumeró los “síntomas generales que aparecen en la consulta en salud mental” en la coyuntura actual:    

Ahora bien, en la consulta psiquiátrica clínica “se observan cuadros psicopatológicos más definidos”, según Cilla:  

 

 

 

Para la psiquiatra santafesina Natalia Cilla el consumo y el uso constantes de medios de comunicación y de redes sociales recrudecen y retroalimentan el estrés, la ansiedad y la desesperanza, en una suerte de nocivo círculo vicioso

Finalmente, el cardiólogo Guillermo Lerman explicó que el estrés alto, crónico o agudo, tiene consecuencias a nivel cardíaco o vascular. “Desde hace tiempo se lo considera (al estrés) como un factor de riesgo en sí mismo, pero recientemente comenzó a dilucidarse el modo por el cual este puede desembocar en un evento cardiovascular”, dijo.

Según el presidente de la Asociación Santafesina de Cardiología, “estudios recientes de imágenes, muy específicos, demostraron que hay en el cerebro un centro que se activa con el estrés, llamado amígdala, que produce, por un lado, sustancias llamadas catecolaminas que inciden en la hipertensión arterial y en otros factores de riesgo”.

Ejemplo de ello son la dopamina, la adrenalina, la noradrenalina, la serotonina y el cortisol, neurotransmisores que regulan e intervienen en muchísimos procesos vitales y emocionales. Cuando alguno de ellos se desequilibra o altera, impacta en esos procesos en los que interviene.

Por otro lado, aseguró Lerman, que se comprobó que “el estrés activa, a través de la médula ósea, la proliferación de glóbulos blancos, pero fundamentalmente de otras sustancias inflamatorias que afectan la pared arterial con la formación consecuente de aterosclerosis“.

“La aterosclerosis es la generación de placas de colesterol que van tapando la luz de las arterias. En el caso de las arterias coronarias puede desembocar en un infarto, en el caso de las arterias cerebrales en un accidente cerebro vasculares o ACV”, concluyó el cardiólogo.

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