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Día Mundial de la Obesidad: de epidemia silenciosa a crisis sanitaria global

El sobrepeso y la obesidad aumentan sin freno en el mundo. Expertos advierten sobre sus riesgos y la urgencia de medidas para prevenir esta epidemia silenciosa.

Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para generar conciencia sobre los efectos de esta enfermedad y promover medidas de prevención. La obesidad, definida como la acumulación anormal o excesiva de grasa en el cuerpo, ha dejado de ser un problema exclusivo de los países desarrollados y se ha convertido en una de las principales crisis sanitarias a nivel global.

El Índice de Masa Corporal (IMC) es el indicador más utilizado para diagnosticar esta condición. Cuando el IMC supera los 25 puntos, se considera sobrepeso, mientras que un valor superior a 30 indica obesidad. En 2019, se estimó que cinco millones de muertes por enfermedades no transmisibles estuvieron relacionadas con un IMC superior al óptimo, reflejando el impacto que tiene esta condición en la salud pública.

A lo largo de las últimas décadas, la obesidad ha crecido de manera alarmante en todas las edades. Entre 1990 y 2022, la cantidad de niños y adolescentes de entre 5 y 19 años que viven con obesidad se cuadruplicó, pasando del 2 % al 8 % a nivel mundial. En el caso de los adultos, la cifra se duplicó, aumentando del 7 % al 16 %. Aunque históricamente se vinculaba la obesidad con los países de altos ingresos, actualmente muchas naciones de ingresos medios presentan algunas de las tasas más elevadas del mundo. En todas las regiones, excepto en Asia Sudoriental, hay más personas con obesidad que con bajo peso, lo que marca un cambio en el panorama nutricional global.

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 Entre 1990 y 2022, la cantidad de niños y adolescentes de entre 5 y 19 años que viven con obesidad se cuadruplicó, pasando del 2 % al 8 % a nivel mundial. 

Entre 1990 y 2022, la cantidad de niños y adolescentes de entre 5 y 19 años que viven con obesidad se cuadruplicó, pasando del 2 % al 8 % a nivel mundial.

En Argentina, la obesidad se ha convertido en una epidemia silenciosa que avanza sin freno. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2018 reveló que el sobrepeso y la obesidad aumentaron un 61,6 %, una cifra que supera ampliamente el crecimiento del 25 % registrado a nivel mundial. En 2019, la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud determinó que el 40 % de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años tienen sobrepeso, lo que refuerza la necesidad de implementar políticas urgentes de prevención y promoción de hábitos saludables.

Más allá de la cuestión estética, la obesidad es una enfermedad crónica que se asocia a numerosas patologías, como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, enfermedades osteoarticulares, ciertos tipos de cáncer y el hígado graso no alcohólico. El impacto en la calidad de vida de los pacientes es significativo, con consecuencias tanto físicas como psicológicas, que van desde la disminución de la movilidad hasta la estigmatización social y el aumento del riesgo de depresión.

El avance de la obesidad exige un enfoque integral y multidisciplinario que incluya educación alimentaria, promoción de la actividad física, regulación del entorno alimentario y acceso a tratamientos adecuados. La conmemoración del Día Mundial de la Obesidad es una oportunidad para reflexionar sobre la magnitud del problema y para exigir políticas públicas que ayuden a revertir esta crisis sanitaria.

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