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Salud Dengue | Santa Fe | Hersilia

De sospechas a certezas, cómo Hersilia enfrentó su primera epidemia de dengue

En 2009, el dengue irrumpió en la localidad santafesina de Hersilia marcando un antes y un después en la gestión sanitaria de la provincia de Santa Fe.

El 5 de abril de 2009 marcó un punto de inflexión en la historia sanitaria de Santa Fe. Ese día, se confirmó un brote de dengue en la provincia, y el epicentro fue la pequeña localidad de Hersilia, en el noroeste santafesino.

Hasta ese entonces, los casos registrados en la región eran importados y el dengue local parecía un problema lejano y hasta desconocido, con casos limitados a personas que viajaban a regiones afectadas como Chaco, Salta, Bolivia o Brasil.

Los datos que había arrojado el último informe epidemiológico del 2 de abril del Ministerio de Salud confirmaba 17 casos en la provincia, todos relacionados con viajes recientes a zonas con alta circulación del virus.

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En un brote sin precedentes, Hersilia confirmó 800 casos de dengue en el verano de 2009.

En un brote sin precedentes, Hersilia confirmó 800 casos de dengue en el verano de 2009.

La noticia de la llegada del dengue a Hersilia generó preocupación y llamó a la acción inmediata, los cuadros comenzaron a multiplicarse en la localidad.

En un principio, las pruebas de laboratorio dieron negativo, lo que complicó el diagnóstico. Pero la persistencia del equipo de salud liderado por la doctora Andrea Uboldi fue clave: nuevas muestras finalmente confirmaron la presencia del virus.

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Fue la directora del hospital de Hersilia quien emitió la alerta inicial, al detectar un inusual número de pacientes con síntomas de gripe pero sin cuadros respiratorios. “Había mucha gente con síntomas similares. Lo distintivo eran las fiebres muy altas, los cuadros gastrointestinales y el salpullido”, relata Uboldi, señalando los primeros indicios del brote.

Lo que comenzó como casos aislados de fiebre y sarpullido pronto se convirtió en una crisis sanitaria con más de 800 casos confirmados. “El brote nos tomó por sorpresa”, recuerda Silvana Romero, actual presidenta comunal.

“Íbamos descubriendo día a día lo que era el dengue y cómo afectaba a nuestros vecinos. Ver a las personas adelgazar mucho, cambiar su cuerpo, su caminar, fue muy doloroso. Para un pueblo tan pequeño, fue una conmoción enorme”.

La confusión inicial y la búsqueda del diagnóstico

El brote presentaba características sectorizadas: los contagios se registraron principalmente en zonas cercanas a las vías del tren, afectando a una población en su mayoría de clase media. A pesar de las sospechas, los primeros análisis clínicos arrojaron resultados negativos para dengue. “Clasificamos a los pacientes según los días de incubación y tomamos muestras en diferentes periodos evolutivos. Todo dio negativo. Fue una gran sorpresa”, recuerda la doctora.

Otras hipótesis comenzaron a circular. ¿Podría tratarse de enterovirus, frecuentes en verano y responsables de síntomas similares? En paralelo, crecían los rumores en la comunidad que apuntaban al uso de agua servida para regar las calles; otros, a una posible intoxicación por glifosato, utilizado en los bordes de las vías férreas para eliminar pastizales.

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La doctora Andrea Uboldi encabezó el operativo sanitario en la localidad de Hersilia.

La doctora Andrea Uboldi encabezó el operativo sanitario en la localidad de Hersilia.

A pesar de las dudas, Uboldi estaba convencida de que enfrentaban un brote de dengue. Con un equipo reforzado, se tomaron 20 nuevas muestras en las vísperas de Pascuas, y esta vez los resultados fueron claros y dieron positivo para dengue.

La respuesta sanitaria: organización y dificultades

Confirmado el diagnóstico, el sistema de salud movilizó recursos a Hersilia. Un camión sanitario llegó al lugar y se estableció una coordinación estrecha entre Protección Civil, el Servicio de Emergencias 107 y el equipo local. “Fue la primera vez que logramos organizarnos para acompañar a una población durante un brote”, comenta Uboldi.

La enfermedad, que hasta ese momento era desconocida, generó miedo, psicosis y hasta estigmatización. “Hersilia fue señalada como el foco de dengue. Aunque no se transmitía de persona a persona como el COVID, hubo un recelo enorme. Mucha gente evitaba venir al pueblo y eso también nos dolió como comunidad”, recuerda Romero.

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El hospital de Hersilia tuvo que modificar sus instalaciones e colocar más camas.

El hospital de Hersilia tuvo que modificar sus instalaciones e colocar más camas.

El mayor desafío no estaba solo en lo técnico, sino en la relación con la comunidad. Convencer a los habitantes de que el problema estaba en el interior de sus viviendas no fue tarea fácil.

“Algunos pensaban que habíamos traído los mosquitos. Tuvimos que mostrarles los aljibes donde almacenaban agua tras la sequía del año anterior, y demostrar con el equipo de zoonosis que ahí estaban las larvas”, detalla la médica.

El principal desafío fue establecer comunicación efectiva con una población desconfiada y enojada. La comunidad, afectada por la sequía y el miedo, exigía respuestas. “Nos reunimos en un salón de un club. Las autoridades ministeriales se sentaron frente a la gente para escuchar preguntas y quejas. Fue duro, pero necesario para generar confianza en el sistema de salud”, relata Uboldi.

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“El brote nos tomó por sorpresa”, recuerda Silvana Romero, actual presidenta comunal.

“El brote nos tomó por sorpresa”, recuerda Silvana Romero, actual presidenta comunal.

A pesar del miedo, el brote de dengue sacó a relucir la solidaridad de los hersilienses. “Todos nos involucramos”, relata Romero. “Vecinos, instituciones y el hospital trabajaron juntos. Hacíamos contactos diarios con los afectados para saber cómo estaban, en qué día de la enfermedad estaban y si necesitaban algo. Fue un abrazo comunitario que nos ayudó a enfrentar el miedo”.

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Hersilia se convirtió en noticia nacional luego de que se confirmara que de los 3.500 habitantes, 800 habían contraído dengue.

Hersilia se convirtió en noticia nacional luego de que se confirmara que de los 3.500 habitantes, 800 habían contraído dengue.

Otro obstáculo fue la coordinación entre niveles de gobierno. La postura inicial desde Nación era que un brote de dengue en esa escala era incontrolable, pero el equipo de Hersilia demostró lo contrario. Por último, enfrentaron la falta de articulación entre efectores de salud locales y regionales, una debilidad que se abordó a partir de esta experiencia.

El efector local era de baja complejidad, lo que complicó la atención a toda una población afectada. Sin embargo, el trabajo conjunto con los equipos del ministerio y el esfuerzo territorial permitieron enfrentar el brote con éxito.

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A partir de entonces, se priorizó la instalación de tecnologías de laboratorio y el fortalecimiento de las capacidades clínicas locales. “En ese momento no había laboratorio en Hersilia. Tuvimos que basarnos en el análisis clínico y en escuchar a la gente. Saber cómo y cuándo comenzó la fiebre, dónde vivían, fue clave para llegar al diagnóstico”, reflexiona Uboldi.

El equipo también recurrió a herramientas que hoy pueden ser vistas como rudimentarias, como mapas y libros didácticos, pero que fueron efectivas. “Trabajamos con mapas locales, marcando en rojo los casos positivos, en verde los negativos y en azul las casas donde no nos abrían la puerta. Así, logramos identificar al primer caso: una persona que había llegado desde Salta por la Ruta 34”, cuenta.

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La comuna de Hersilia trabaja en la prevención a través de acciones de descacharrado y difusión.

La comuna de Hersilia trabaja en la prevención a través de acciones de descacharrado y difusión.

A quince años del aquel suceso, Romero, destaca la importancia de transmitir el aprendizaje a las nuevas generaciones. “Quienes vivimos el brote aún tenemos miedo y nos cuidamos al máximo, pero los más jóvenes, que no lo vivieron, muchas veces no toman conciencia hasta que les afecta. Por eso trabajamos mucho desde las escuelas y las instituciones”, señala.

El brote de dengue dejó un legado profundo y evidenció que no es solo un problema de salud, sino de condiciones de vida: acceso al agua potable, manejo de residuos y educación comunitaria.

“En su momento, fuimos el ‘bicho de experiencia’ para entender el dengue. Hoy tenemos más herramientas, más información, pero la clave sigue siendo la conciencia colectiva. La prevención es un esfuerzo de todos”, concluye Romero.