Cáncer de mama: cómo el cuidado de la piel ayuda a las mujeres a reconocerse durante el tratamiento
La cosmetología oncológica acompaña los cambios en la piel, el cabello y el rostro durante los tratamientos. El objetivo es aliviar molestias y ayudar a las pacientes a sentirse bien consigo mismas.
La cosmetología oncológica trabaja sobre la piel y sus anexos, como el cabello, las uñas, las pestañas y las cejas, para adaptar los cuidados a las necesidades de cada paciente.
El diagnóstico de cáncer puede cambiar de un momento a otro la vida de una mujer. Al miedo y la incertidumbre se suman los tratamientos, las cirugías y las transformaciones físicas que muchas veces modifican la manera en que se reconoce frente al espejo. En ese proceso, cuidar la piel y aprender a convivir con una nueva imagen también puede convertirse en una forma de acompañamiento.
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La cosmetología oncológica trabaja sobre la piel y sus anexos, como el cabello, las uñas, las pestañas y las cejas, para adaptar los cuidados a las necesidades de cada paciente. No se trata solamente de maquillaje ni de ocultar los efectos de la enfermedad: busca aliviar molestias, preparar la piel para los procedimientos médicos y ofrecer herramientas para transitar una etapa compleja.
“Todos tenemos derecho a vernos y sentirnos bien, aun así el último día”, resume Vanesa Signe, técnica universitaria en cosmetología y cosmiatría, especializada en estética oncológica y paliativa. Su trabajo forma parte de un abordaje interdisciplinario que acompaña a las pacientes antes, durante y después de los tratamientos.
En el marco del 19 de octubre, Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, esta tarea pone el foco en una dimensión que también necesita atención: cómo se siente una mujer con los cambios que atraviesa su cuerpo y qué puede hacer para cuidar de sí misma durante el tratamiento.
Cuidar la piel durante el tratamiento oncológico
La piel puede experimentar distintas alteraciones a lo largo de un tratamiento onclógico. Según explicó Signe, la quimioterapia y la radioterapia pueden provocar enrojecimiento, pérdida de elasticidad, cambios en la pigmentación, picazón y sarpullidos. También pueden afectar el cabello, las uñas, las pestañas y las cejas.
En el caso del cáncer de mama, el cuidado puede comenzar antes de una cirugía. El trabajo sobre la piel busca prepararla para los procedimientos y acompañar la cicatrización, además de ayudar a aliviar los efectos que pueden aparecer durante los tratamientos posteriores.
La tarea continúa durante la quimioterapia o la radioterapia, con cuidados adaptados a cada situación. “Ya no camuflamos como el maquillaje, que se camufla el color, se cambia la textura. En este caso acompañamos, suavizamos, mejoramos, vascularizamos, calmamos. La idea siempre es bajar”, explicó Signe.
La atención personalizada resulta central porque no todas las pacientes reciben la misma medicación ni reaccionan de la misma manera. Por eso, los procedimientos se adaptan a cada piel y se coordinan con los profesionales de salud que intervienen en el tratamiento.
Verse al espejo en medio de los cambios físicos
Las transformaciones en el aspecto no son un detalle menor. Para muchas mujeres, el cabello, las cejas, las pestañas y la piel forman parte de su identidad, y verlos cambiar puede profundizar el impacto emocional del diagnóstico.
“Es un duelo profundo con su vida y después resulta que viene esto: ¿cómo me voy a ver ante el espejo y ante la sociedad? No quiero ser esto”, contó Signe al describir las inquietudes que aparecen durante el proceso.
A esa experiencia se suma, en algunos casos, la reacción del entorno. Las decisiones sobre el pelo, por ejemplo, pueden convertirse en una situación dolorosa cuando otras personas dan por hecho que la paciente debe raparse o se adelantan a elegir por ella.
El acompañamiento busca recuperar ese espacio de decisión. La paciente puede evaluar alternativas, como cortarse el pelo, usar una peluca, elegir un turbante o un pañuelo, o transitar la caída del cabello de otra manera. Lo importante es que la elección responda a lo que ella necesita y desea, sin imponerle una forma de vivir la enfermedad.
“Entonces, nosotros estamos con una paciente íntegra, completa, a pesar de que está rota. Está rota entera, completamente rota”, expresó Signe. La frase refleja el desafío de acompañar a una persona que atraviesa cambios físicos y emocionales sin reducirla a su diagnóstico.
Una rutina de cuidados adaptada a cada piel
La cosmetología oncológica también ayuda a revisar los productos y las prácticas que las pacientes utilizaban antes de enfermarse. Durante el tratamiento, algunas rutinas deben modificarse y es importante consultar qué productos y procedimientos son adecuados para cada caso.
La base del cuidado cotidiano incluye cuatro pasos: higiene, tonificación, humectación y protección solar. A partir de esa rutina, se evalúan las necesidades particulares de cada piel y, cuando la paciente lo desea, se pueden sumar recursos de maquillaje para suavizar ojeras, dar color al rostro o realzar la mirada.
Signe advierte sobre la importancia de no comprar productos indiscriminadamente ni realizar procedimientos estéticos sin consultar. Las pestañas postizas, por ejemplo, pueden no ser una opción adecuada durante la quimioterapia, y algunas prácticas pueden generar molestias o complicaciones.
La idea no es perseguir un ideal de belleza ni exigir que la mujer conserve el aspecto que tenía antes del diagnóstico. Se trata de acompañar sus preferencias y ayudarla a sentirse cómoda con su imagen durante los cambios.
“Yo siempre digo que hay que reeducar el concepto del cáncer en cuanto a cómo me quiero ver y cómo me quiero sentir”, planteó Signe. Y agregó que la estética puede “realzar la mirada, levantar la autoestima”, pero que no cree en una belleza artificial, sino en “la belleza de la mujer, lo que la mujer necesita”.
Caída del cabello: información y alternativas
La caída del cabello es una de las preocupaciones que aparecen con frecuencia ante el inicio de la quimioterapia. Sin embargo, el impacto puede variar de acuerdo con la medicación y las características de cada tratamiento.
Entre las herramientas mencionadas por Signe se encuentran los cascos fríos, un procedimientos que ayuda a reducir la caída del pelo. Según explicó, el objetivo es enfriar el cuero cabelludo para proteger el folículo piloso. Aclaró que no se trata de una solución que evite la caída por completo y estimó que puede detenerla en un 70% de los casos.
En su práctica, señaló que trabajan con geles fríos y que existen dispositivos específicos utilizados en Europa que todavía no se incorporaron localmente, según su experiencia.
La información permite que cada mujer conozca las alternativas y decida qué quiere hacer. Algunas pueden preferir una peluca o un turbante; otras, mantener el cabello mientras sea posible o elegir un corte. El acompañamiento consiste en explicar las opciones sin imponer una decisión.
El acompañamiento no termina cuando finaliza el tratamiento
Los cuidados de la piel también pueden continuar después de la última sesión. De acuerdo con lo explicado por Signe, algunos efectos secundarios de la quimioterapia pueden persistir durante años.
Por eso, el abordaje no se limita al período de tratamiento. La atención contempla los cambios que persisten y la necesidad de adaptar los cuidados a una nueva realidad física y emocional.
En ese recorrido, el trabajo interdisciplinario permite identificar inquietudes que exceden la cosmetología y derivarlas a otros profesionales, como especialistas en psicooncología o nutrición. La escucha también ocupa un lugar importante: las pacientes pueden plantear qué les preocupa y recibir orientación sobre los pasos a seguir.
Signe contó que uno de los momentos más difíciles de la tarea es despedirse de las pacientes. En cambio, las sonrisas y los abrazos de familiares y amigas cuando conocen las herramientas disponibles le muestran cuánto puede significar contar con información y alternativas durante ese proceso.
Un espacio gratuito para acompañar a las pacientes
Todos los jueves, de aproximadamente las 9.30 a las 14, funciona un voluntariado en la Casita de Apupa, dentro del Centro Oncológico, con un equipo interdisciplinario que brinda atención gratuita a pacientes internadas y a quienes no pueden acceder a servicios privados.
El espacio reúne distintas prácticas de acompañamiento: rutinas para el cuidado de la piel, maquillaje, orientación sobre pelucas, turbantes, pañuelos y cortes de pelo, además de masajes oncológicos. También participan profesionales que trabajan en movimiento adaptado a cada cirugía o patología, nutrición y psicooncología.
La propuesta busca atender distintas necesidades de las pacientes desde una mirada integral, con herramientas que puedan llevar a su vida cotidiana. La atención no se limita a una intervención estética: apunta a que cada mujer pueda recibir información, expresar sus inquietudes y encontrar opciones acordes a su situación.
En el marco de la Expo Rosa, la actividad que se realizará en el Hospital Mira y López desde el 19 hasta el 23 de octubre, incluirá un espacio dedicado al cuidado de la piel antes, durante y después de los tratamientos. Allí se brindará información, se realizarán abordajes de piel y se ofrecerán algunos productos y recursos para continuar los cuidados en el hogar.
El mensaje que atraviesa este trabajo es que la atención oncológica también debe contemplar cómo se siente la persona durante el proceso. Cuidar la piel, elegir cómo verse y recibir orientación no reemplaza los tratamientos médicos, pero puede ayudar a transitar sus efectos con más herramientas y acompañamiento.
Como sintetizó Signe al hablar de las mujeres que atraviesan esta etapa: “Primero ella, ahora ella y tercero ella”.








