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Salud Parto vaginal | mujeres | Organización Mundial de la Salud

Argentina integra un consorcio mundial para bajar la cantidad de cesáreas

Con una tasa de cesáreas del 37% en los hospitales públicos, la Argentina está muy lejos del porcentaje ideal de entre 10 y 15% establecido por la OMS. Desde el Centro Rosarino de Estudios Perinatales buscan que las mujeres puedan tomar la mejor decisión sobre el parto.

Con una tasa de cesáreas del 37% en los hospitales públicos de todo el país, la Argentina está muy lejos del porcentaje ideal de entre 10 y 15% establecido por la Organización Mundial de la Salud. No es un problema local: en todo el mundo se realizan más cesáreas de las necesarias. Se estima que solamente en 2015 se hicieron 12 millones de cesáreas innecesarias.

Para reducir esta práctica, el Centro Rosarino de Estudios Perinatales (CREP) participa de Quali-dec, un consorcio internacional que hará un estudio en Burkina Faso, Vietnam, Tailandia y Argentina. “Tenemos entre 260 y 300 muertes maternas al año, así que más o menos muere una madre por día en la Argentina. Uno podría decir esto es poco. Pero podemos reducirlo a la mitad”, explica el director del CREP, Guillermo Carroli.

El estudio se realizará en ocho hospitales públicos de la ciudad de Buenos Aires, donde se acercará información a las mujeres embarazadas, para que puedan tomar “la mejor decisión informada”. “Uso adecuado de la cesárea mediante la toma de decisiones de calidad por parte de mujeres y profesionales de la salud” es el nombre completo del proyecto.

“Es un consorcio que se fue creando a partir de que nosotros trabajamos en guías de manejo o guías de conducta para optimizar la tasa de cesáreas”, define Carroli este proyecto que congrega a instituciones de diferentes países. El Institut de Recherche pour le Développement (IRD), de Francia; la Karolinska Institutet (KI), de Suecia; la University College Dublin (UCD), de Irlanda y la OMS forman parte de esta iniciativa donde, a la par del CREP están la Khon Kaen University (KKU), de Tailandia, la Universidad Pompeu Fabra de España, el Institut de Recherche en Sciences de la Santé, de Burkina Faso, el Pham Ngoc Thach University of Medecine (PNT), de Vietnam.

El objetivo es intervenir concretamente en la atención. “Creímos conveniente hacer algo no sólo para saber cuáles eran las intervenciones que reducían las cesáreas sino para implementarlas y ver qué sucede cuando uno lo implementa en la práctica”, agregó el médico rosarino.

Para cumplir la meta, tienen cuatro estrategias definidas. “El uso de líderes de opinión para fomentar la práctica clínica basada en pruebas”, es una de ellas, como así también la “revisión de las indicaciones de las cesáreas por los propios cuidadores con retroalimentación a todo el equipo (auditoría y retroalimentación) para evitar intervenciones innecesarias” -y aclaran que no tiene un propósito punitivo, sino de seguimiento de los equipos-, el “acompañamiento de un familiar para tranquilizar a la mujer durante el parto” y el fomento del diálogo entre los cuidadores (médicos y otros profesionales de la salud), con las mujeres durante la vigilancia del embarazo.

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A nivel mundial, se estima que solamente en 2015 se hicieron 12 millones de cesáreas innecesarias.

A nivel mundial, se estima que solamente en 2015 se hicieron 12 millones de cesáreas innecesarias.

La clave es que las mujeres tengan toda la información para tomar su decisión. “La cesárea es una operación extraordinaria para salvar la vida de la madre y de su hijo. ¿Qué sucede? Esa operación tiene riesgos. ¿Cuáles son los riesgos? Aumenta tres o cuatro veces la muerte materna en relación al parto vaginal; aumenta las histerectomías, es decir, que se le extirpe el útero a la madre; aumenta las hemorragias posparto; aumenta la infección de la madre; aumenta por consiguiente las transfusiones de sangre y la entrada a la unidad de cuidados intensivos de la madre. No sólo eso, en el niño aumenta la muerte neonatal y las enfermedades fundamentalmente respiratorias neonatales”, enumera Carroli, quien considera que la tarea médica es “sopesar los riesgos”.

Le preocupa la formación profesional. “Nos han enseñado en la facultad de Medicina que son todos beneficios y no existen riesgos”.

Carroli subraya que “el 40 por ciento de las prácticas médicas no están basadas en la mejor evidencia, en todos los campos, no solamente con la cesárea. Y no culpamos a los médicos”. Subraya que los profesionales de la salud “trabajan muchísimo, más allá de sus posibilidades físicas y mentales, para poder vivir. Eso a veces no les permite actualizarse como corresponde”. Lo más grave es que “en los servicios de salud no existen programas de actualización”.

Por eso, la intervención se centrará en los controles prenatales. “Vamos a distribuir una herramienta de decisión de análisis, que es un folleto informativo que le damos a la madre, que el médico tiene que conocer, donde enseñamos acerca de los beneficios y riesgos del parto vaginal y la cesárea. Además, tiene otros elementos que la madre puede usar como insumos para nutrirse y puede ir con esa decisión informada a hablar con el médico. Esto empodera a la mujer, porque aprendió algo, lo puede discutir con su familia, con su compañero, con su padre, con su madre, con su hermana, con toda la familia, inclusive con la comunidad. Y cuando va a la consulta es una mujer que está empoderada”, describe Carroli.

Lo que está claro es que “la mujer no tiene por qué sufrir”. “Tendríamos que asegurarle a la madre que pueda tener un alivio de su dolor durante el trabajo de parto. Hay lugares en los que eso se pudo asegurar y funciona y eso hace que también haya mayor éxito de parto vaginal. Porque cuando una mujer está sufriendo innecesariamente, a veces la salida que aparece es hacer una cesárea, pero si uno tiene la herramienta de anestesia peridural, puede contemporizar y puede esperar un poco más”.

Cualquier estrategia requiere de la participación activa de las mujeres. “Sin ellas es imposible. Si no las empoderamos, no vamos a arribar nunca a nada, en todos los aspectos de la consulta, no solamente en la cesárea. El empoderamiento es fundamental para que tengamos una mejor medicina también”, considera Carroli.

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