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Los días de vacaciones no te alcanzan para desestresarte: puntos a tener en cuenta

La intensidad del viaje, el desconocimiento en el lugar elegido, la velocidad y las exigencias para recorrerlo, pueden hacer que el viaje sea directo hacia más amenazas.

Si nuestro cerebro es una locomotora y el vagón de estrés es solo uno, lo que se denomina ansiedad aguda, es probable que en pocos días logremos frenar esa carga. Ahora, si son muchos los vagones de estrés que arrastra, y se trata de una ansiedad crónica, por la misma inercia va a tardar más tiempo en frenar y los días de vacaciones no alcanzan.

Sucede porque en el estrés agudo los cambios en el cerebro son principalmente químicos. Ahora, en el estrés crónico los cambios son estructurales. Por suerte, una estructura plástica, maleable y que mejora con hábitos saludables.

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En ocasiones, irse de vacaciones no es suficiente.

En ocasiones, irse de vacaciones no es suficiente.

Las claves no están solamente en cómo cuidar nuestro cerebro en vacaciones, sino en cómo cuidarlo el resto del año. Abarquemos de ambos momentos, algunas de las más importantes.

Cómo cuidar el cerebro en vacaciones:

  • Vacaciones de “turismo” vs. “relax”: la intensidad del viaje, el desconocimiento sobre el lugar elegido, la velocidad y las exigencias para recorrerlo, deben ser tomados en cuenta. La elección depende de cómo viene “viajando en el estrés de la vida”. Si parte cargado de ansiedad y recorre un turismo con vías de montaña rusa, es probable que descarrile. “Tengo que tomarme vacaciones de mis vacaciones”, no es buen indicio de haber realizado una correcta elección.
  • Literalmente hay que “desenchufarse”: en general, la forma de comunicación con el trabajo, las noticias, etcétera, está toda en relación con el celular. Si tiene la posibilidad no la desaproveche, configure el celular para recibir solo llamadas de aquellos que quiera (como familiares o llamados de urgencia) y no vuelva a tocar el celular hasta que terminen las vacaciones.

Cómo cuidar el cerebro los otros 345 días del año y prepararlo para las situaciones estresantes:

  • Realice ejercicios aeróbicos que le haga expandir los pulmones, un ratito todos los días: nuestras neuronas viven escaneando amenazas y preparan nuestro cuerpo para el ejercicio físico de atacar o huir. Entonces simplemente hay que realizar ejercicio físico, pero sin atacar o huir de nadie, sino con deporte. Si medimos en sangre neurotransmisores, pre y post ejercicios aeróbicos, los relacionados al estrés, como adrenérgicos y corticoides, disminuyen luego del ejercicio aeróbico. “Bien, pero al otro día la amenaza sigue!”: vuelva a hacer ejercicio. Por ello es más eficiente, 20 minutos de ejercicios que consuma oxígeno todos los días (bailar, saltar soga, bicicleta fija, mover miembros superiores si está impedido en inferiores, etc.), que una hora dos días a la semana.
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Realizar ejercicios aeróbicos todos los días, como salir a correr, es un hábito que ayuda a cuidar nuestro cerebro.

Realizar ejercicios aeróbicos todos los días, como salir a correr, es un hábito que ayuda a cuidar nuestro cerebro.

  • “Higiene” del sueño: un adulto debe dormir entre 7 u 8 horas en horarios regulares. Evitar cafeína, alcohol y tabaco cuatro horas antes de acostarse. La habitación debe estar sin luz y es recomendable no usarla para trabajar.
  • Realice actividades que desvíen la atención de los factores estresantes: participar de reuniones sociales saludables, o realizar técnicas de meditación, caminatas, arte, música, lectura, cine, etcétera.
  • No mire una sola foto, sino la “película”: no anclarse sólo en los hechos del día, sino analizar la información actual pero en contexto histórico. Esto implica evaluar la vida en un contexto, donde los factores estresantes la mayoría de las veces terminan siendo fluctuantes y pasajeros.
  • Destacar siempre lo que sí se tiene, no sólo lo que no: esto permite comprender y administrar el nivel individual real del impacto, como las posibilidades aún presentes en el “vaso que creemos poco lleno”.

Quizás piense que estos hábitos no son para usted. Pero eso no cambiará el hecho que provenimos evolutivamente de una ameba. Desde que la primera ameba se comió a otra hace 500 millones de años, el sistema de detección y reacción a las amenazas, modificó los comandos de los distintos seres vivos. Las redes neuronales que se ocupan de ello, son llamadas primitivas. Pero no olvidemos, tan primitivas como nuestro cuerpo de carne y huesos, al cual deben proteger con hábitos saludables.