Bronceador, sombrilla y… ¡LENGUADOS!

La pesca con artificiales está creciendo a pasos agigantados en nuestro país: spinning, baitcasting, mosca e, incluso, cuasi-nuevas modalidades desarrolladas en forma local. Sea cual sea el modo, el embrujo de los artificiales atrae a cada vez más pescadores que van dejando las carnadas artificiales… y esta moda ya llegó al mar.


La pesca deportiva se divide en dos grandes grupos o vertientes: por un lado la pesca con cebos naturales, y por otro la pesca con cebos artificiales.

Quizás la más antigua y emparentada con la pesca de subsistencia sea la pesca con carnada natural, aunque no se puede decir que carezca de deportividad puesto que hay variantes sumamente deportivas que abundan en sutileza, acumulan abundantes conocimientos y exigen el desarrollo de múltiples habilidades.

Y aunque muchos piensen que la pesca con cebos artificiales sea la más moderna y relacionada con la pesca recreativa, sobran ejemplos del uso de artificiales en la pesca industrial (del calamar, por ejemplo) y se asombrarían muchos al saber que ya los antiguos macedonios usaban cosas parecidas a las actuales moscas y muchos pueblos pre-colombinos utilizaban elementos similares a los señuelos.

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Por lo dicho, queda claro que ambas vertientes de la pesca recreativa son igual de válidas y de alto valor deportivo. Pero día a día se observa el rápido crecimiento en nuestro país de la pasión por la pesca con artificiales: el spinning no ha detenido su lento pero firme crecimiento desde su aparición allá por la década de 1960, la mosca ha explotado en los últimos 20 o 25 años y el baitcasting no ha parado de prosperar desde principios del nuevo siglo. Incluso la inventiva local ha modificado modalidades utilizadas en otras latitudes generando nuevas soluciones para la vieja pasión pesquera argentina.

Sea cual sea la modalidad y arte, son cada vez más pescadores que se animan a probar con cebos artificiales, y en esta nota veremos como la moda llegó a la pesca del lenguado.

De lenguaderos y lenguados

Dentro de la rara fauna que milita en las huestes de los pescadores, hay un grupo más raro aún que se caracteriza por una pasión desenfrenada por un pez fuera de lo común: el lenguado, un raro bicho entre los más raros.

Estos pescadores obsesionados por ese chato pez, dedican largas horas paseando sus carnadas naturales o artificiales, siempre en movimiento, tratando de tentar a ese inusual pez cazador. Los he visto de toda laya (carnaderos, ferreteros, mosqueros y otros) haciendo caso omiso al sol abrazador del mediodía o al frío del amanecer, despreciando fabulosos días de playa en pos de un pique de lenguado. Tal es la pasión que despierta ese pez.

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Este trofeo nace como un pececillo normal, pero paulatinamente pierde su simetría original para convertirse en un asimétrico animal carente de toda armonía: tiene los dos ojos de un lado de la cara, nada ondulando como una alfombra viviente y se la pasa pegado al fondo esperando que sus presas pasen sobre él.

Excelente cazador, basa su éxito en su capacidad de mimetizarse con los fondos y en su paciente espera. Es un predador típicamente oportunista que ataca cualquier presa que se acerque en forma desprevenida e incauta. En muchos sentidos, se parece a la vieja y nunca bien ponderada tarucha o tararira, salvo en sus preferencias por los artificiales de fondo o media agua.

Este excelente predador que caza inmóvil a la espera en los fondos de arena o barro, toma todo tipo de artificiales que sean del tamaño adecuado para imitar pejerreyes chicos o medianos, cornalitos, cangrejos o camarones, por lo que responde muy bien a señuelos, cucharas, moscas, pequeños fiocos y artificiales de siliconas.

Claromecó

En este famoso balneario desemboca el arroyo que es frecuentado por “los chatitos” desde el fin de la primavera hasta el fin del verano, aunque no tiene nada de especial puesto que se los puede pescar en toda zona de aguas playas que congregue al forraje adecuado.

Si bien este lugar es especial para poder conjugar pesca y vacaciones familiares, se los puede pescar en cualquier arroyo que desemboque en el mar, sobre todo si proviene de lagunas con pejerreyes. También se lo puede encontrar en rías, albuferas y canales paralelos a las playas de arena que, como son de fácil acceso se pueden pescar de costa en forma relativamente fácil y cómoda.

Pero volviendo a Claromecó que sirvió de excusa para la nota y ocasión para nuestros lances, lo cierto es que sí tiene algo de especial: un pesquero de accesibilidad absolutamente sencilla y cómoda… además de todas las comodidades de un centro veraniego: todos los servicios para las vacaciones familiares, gastronomía y variedad de oferta de alojamiento. En lo que a nosotros respecta, elegimos la vida de campamento por ser una opción económica y, a la vez, enriquecedora para los críos que nos acompañaron. Allí nos instalamos en el camping de Luz y Fuerza ubicado a escasos 150 metros del famoso faro y 200 de la playa con todas las comodidades: baños, luz eléctrica, parrilleros, comedor, entre otras cosas.

Si bien este año viene siendo de pique escaso, el año pasado fue proverbialmente pródigo, tal como lo atestigua nuestro compañero de andanzas Claudio Cardinale que tuvo excelentes pescas en enero 2015.

Nuestro anfitrión Esteban Forgue de los pagos de Azul pero asiduo pescador en Claromecó y arroyos de la zona, tiene larga experiencia en la pesca del lenguado y lo captura en todas sus modalidades, aunque prefiere la mosca. Coincidiendo con Claudio y otros pescadores locales, cuenta en sus relatos y las fotos que así lo atestiguan, que en años anteriores se ha pescado hasta el hartazgo en el arroyo y todo tipo de curso de agua que desemboque en el mar.

Y no sólo lenguados, pues también se puede pescar con mosca sargos en el mar y pejerreyes, dientudos y carpas, tanto en el arroyo como en algunas lagunas cercanas. Pero volvamos a los “chatitos” porque esos otros peces quedarán para otro viaje y otra nota.

Nada de pesca a la espera

Como se dijo, este pez es un cazador oportunista, por lo que exige pasar el cebo lo suficientemente cerca, de manera tal que desate su ataque, por lo que no admite ningún tipo de pesca a la espera.

Aún con carnada natural, se pesca lanzando un aparejo donde se colocan uno o dos pejerreyes chicos, calamaretes o filetes montados de manera tal que se muevan libremente mientras se recoge lentamente. Incluso colocan pequeñas cucharas giratorias delante de la carnada tal como se muestra en la foto. El aparejo lleva una combinación de plomada que mantiene el aparejo en el fondo con boyas que elevan la carnada.

Por lo que hemos podido ver y a nuestro humilde juicio, está claro que el cebo natural que se usa de poco importa puesto que nadie lanza su aparejo y espera que la carnada atraiga al lenguado, sino todo lo contrario puesto que todos lanzan y recogen lentamente haciendo trabajar la carnada cerca del fondo. Dicho de otra manera, hacen spinning con carnada natural.

Es más, esta presunción queda confirmada con la práctica de muchos lenguaderos que colocan pequeños artificiales de siliconas en el mismo aparejo en lugar de la carnada natural.

También vimos a combinación de un señuelo de siliconas o una cuchara ondulante en un anzuelo mientras que en el otro se colocaba un filet de pejerrey o dientudo, pero siempre lanzando y recogiendo suavemente. Dicho en otras palabras, aún los que todavía no se animan a abandonar la carnada ya están incorporando artificiales a sus prácticas.

Spinning

Al parecer son cada vez más los lenguaderos de la zona que comienzan a experimentar en esta modalidad, lo que es natural por la simpleza y comodidad de utilizar equipos más livianos y lanzar un señuelo en lugar de un aparejo más complicado.

Por otro lado, esta modalidad está más a la mano de cualquier turista pescador que quiera probar con el lenguado y haya hecho las prácticas básicas con taruchas, truchas o doradillos

El equipo utilizado es de cañas de entre 1,80 a 2,20 metros y reeles cargados con monofilamento de 0,30mm que hemos visto usar con éxito señuelos enterizos y articulados de media agua, cucharas ondulantes y señuelos de siliconas lastrados.

Y, a pesar de tener una buena dentadura, no hay que colocar líder de acero, por lo que el artificial se ata directamente a la línea del reel.

Pesca con mosca

En el fly fishing se utilizan equipos #6 a #8 con líneas de hundimiento (shootings tapers, weight forward sinking o sinking tip) que aseguren el trabajo de las moscas cerca del fondo.

Sobre los leaders, bastan que sean de 1 o 1,5 metros con tippets de 0.30 o 0,35mm según el peso y tamaño de la mosca a usar, para que “den vuelta” la mosca convenientemente.

Respecto a las moscas, se usan streamers de cuero de conejo, pelo de ciervo o sus sustitutos de material sintético pudiendo ser lastradas o no. También es común el uso de dos streamers en tándem (dos moscas atadas a 50 o 70cm, una detrás de la otra) porque, según afirma Esteban, cuando erran el pique a la primera mosca es común que tomen inmediatamente la segunda.

Siempre en los veriles

Las técnicas de pesca se centran en pasar los artificiales en las zonas de los veriles a ambos lados del canal del arroyo, donde los lenguados esperan el paso de su alimento, también en zonas playa donde haya flujo del agua que asegure el movimiento del forraje.

Los pescadores locales aconsejan pescar sobre todo en las dos últimas horas de marea creciente y las dos primeras de la bajante. Creo que estos momentos aconsejados obedecen más a razones funcionales que a cuestiones del pique en sí mismo, es decir que responde más al aprovechamiento de la corriente generada en la boca del arroyo para la deriva del artificial, que al pique del lenguado porque hemos visto pescarlos en momentos muy variados del día y lejanos de las horas mencionadas como más aconsejables.

Por Gabriel Luis Paccioretti

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