domingo 29 de noviembre de 2020
Política | Cristina Kirchner | Alberto Fernández | Senado

Una guerra fría entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner

La designación del futuro jefe de los fiscales del Ministerio Público Fiscal de la Nación pone en jaque la relación entre el presidente y su segunda.

Una guerra cada vez más fría se instaló entre Alberto Fernández y su vicepresidente, Cristina Kirchner. Una de las piedras de la discordia es la Procuración General. Se trata de un puesto clave: quien lo ocupe comandará todo el cuerpo de fiscales de la Nación, que en la futura aplicación del sistema acusatorio aumentará su injerencia sobre la instrucción de las causas. Cristina Kirchner, asediada por una decena de causas en la Justicia, tiene un especial interés en este cargo y desconfía de Daniel Rafecas, el hombre elegido por Alberto Fernández para reemplazar a Eduardo Casal, quien hoy ocupa de manera interina el sillón del jefe de los fiscales.

Fernández, sin embargo, ratificó la designación de Rafecas, cuyo pliego ya ingresó al Senado pero el kirchnerismo tiene demorado.

"A Rafecas lo conozco bien. Es el mejor candidato a Procurador que pueda existir", enfatizó el Presidente el jueves pasado, un día después de que la llamada "comisión de notables" aconsejara, por ajustada mayoría, eliminar el requisito de los dos tercios en el Senado para elegir al sucesor de Eduardo Casal. Rafecas ya advirtió que no aceptará asumir el cargo de Procurador si se elimina ese requisito de la mayoría agravada: pretende que tanto el oficialismo como la oposición avalen su designación y no quiere ser visto como el Procurador que llega a un cargo de semejante envergadura con una modificación de la ley del Ministerio Público engendrada por la mayoría kirchnerista en el Senado.

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A Cristina Kirchner no parecen importarle los pruritos del juez Rafecas: apenas se pronunció la "comisión de notables", ordenó a su tropa en el Senado avanzar con la modificación de la ley de Ministerio Público Fiscal para reducir el número de votos en el Senado que se requieren para aprobar el pliego del Procurador General. Si Rafecas no quiere aceptar las nuevas reglas de juego, problema suyo, dicen en el kirchnerismo; después de todo, Cristina Kirchner tiene en mente otros candidatos que aceptarían de buena gana la designación que Rafecas despreciaría.

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Rafecas y Alberto Fernández en un encuentro mantenido.

Rafecas y Alberto Fernández en un encuentro mantenido.

Hay un detalle no menor que el kirchnerismo parece olvidar. Quien sólo tiene la facultad constitucional de designar al Procurador es el Presidente de la Nación. Parecería evidente que Fernández no está de acuerdo con la jugada del kirchnerismo de modificar la ley de Ministerio Público. "El dictamen de la comisión de expertos no es vinculante", insisten en el entorno del Presidente.

Con la media sanción asegurada en el Senado, la incógnita es qué sucederá en la Cámara de Diputados. "Yo voy a hacer lo que el Presidente me diga", deslizó Sergio Massa a sus allegados. Esto quiere decir que Massa no moverá un dedo hasta no recibir un guiño de Fernández. Así, la nueva ley de Ministerio Público Fiscal podría sufrir el mismo derrotero que la Reforma Judicial, paralizada en la Cámara baja desde agosto pasado.

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La designación de Rafecas desnudó, así, una sorda pelea de poder dentro del Frente de Todos. Se suma a la pelea por el enojo de Cristina Kirchner con Fernández y, particularmente, con su secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, por haber enviado el proyecto de ley de legalización del aborto. Cristina no lo considera oportuno porque, a su juicio, hoy la prioridad es la pandemia.

"Hoy los votos no están para el aborto", dijo la ex presidenta a sus allegados. El jefe del bloque de senadores del FdT, José Mayans, que responde a Cristina, aseguró que está en contra del proyecto y de la oportunidad. Tenía el visto bueno de la ex presidenta, que no lo desautorizó.

En medio del ajuste que requiere el Fondo Monetario Internacional para otorgar un acuerdo de facilidades extendidas, el Gobierno prepara sus equipos de comunicación para resignarse a que exista una brecha -más amplia que la del tipo de cambio- entre lo que "se diga y lo que se haga".

El remedio intragable para el progresismo kirchnerista, que es el ajuste, necesita un relato: esta semana Máximo Kirchner endulzó a su militancia con la media sanción del impuesto a la riqueza, una iniciativa rechazada por el empresariado. Alberto Fernández, quien nunca simpatizó demasiado con la iniciativa, podría "corregirla" en la reglamentación de la norma, una vez aprobada en el Senado.