En estos días se leerán varias notas cuantificando las promesas de campaña incumplidas por los Fernández (5 de 20) y por Mauricio Macri (2 de 20). Descontando la pandemia, la guerra y la manipulación mediática para conseguir buenos títulos, nos concentramos en las económicas principales: salarios, precios, trabajo, dólar y reservas.
A mediados de este mes, en un acto sin Cristina ni Máximo Kirchner, con un solo gobernador y un puñado de intendentes, el presidente de todos y todas hizo un balance de sus primeros tres años de gobierno. Y subrayamos de todos y todas, incluso de los que no lo votaron ni lo votarían jamás, porque antes de identificar promesas incumplidas y hacer números, diremos algo que se escribirá el año que viene, cuando el balance sea sobre la totalidad del mandato: quiso ser el presidente de la unidad de los argentinos y no supo ni pudo. Quiso ser el presidente que refundara el pacto democrático que se rompió en 1989, gastó muchísimo esfuerzo y recursos (Argentina Armónica y Argentina Futura fueron dos ejemplos fallidos que dejaron un puñado de reuniones y publicaciones) en cerrar una grieta que tal vez se achicaba gobernando primero y convenciendo después. Y no pudo, porque tuvo una oposición destituyente desde siempre y tardó demasiado en relevarlo, por el defecto de base del FDT –un acuerdo sin programa ni mecanismos internos para improvisar– y porque Alberto es Alberto; el mismo que antes de ser designado por su vicepresidenta le confiaba a este escriba: “Yo ya no obedezco a nadie, yo hago lo que yo creo” y que “el tema es que no existan liderazgos personales tan fuertes”.
En el acto de la Rosada, Alberto hizo un balance positivo pese a las calamidades no autoinducidas que deben ser descontadas: la pandemia del coronavirus –el acaparamiento de vacunas del primer mundo fue el verdadero vacunatorio VIP y a escala planetaria– y la guerra entre dos países productores de alimentos y energía que sacudieron la economía y el tablero geopolítico mundiales. Al balance presidencial nosotros agregamos dos variables, una más previsible que la otra: el desastroso legado del macrismo (no sólo los u$s 45.000 millones de deuda), cuyas consecuencias y ataduras se cuantificaron durante el ejercicio del “querer y no poder” y un dispositivo opositor compacto –las diferencias internas son por “quiénes” no por “cómo” ni “para qué– que casi nunca lo dejó gobernar en los términos propuestos a su electorado en 2019. Ese complejo desestabilizador tiene integrantes indisimulados: todo lo que está a la derecha de Alberto liderados por Juntos por el Cambio (que se fagocitó al radicalismo hace años), el dispositivo mediático hegemónico, la Justicia federal, la Corte Suprema de Justicia de Clase y el denominado G6. La persistencia suicida del presidente en convocarlos a un pacto de gobernabilidad democrático, ya es inexplicable y no es motivo de esta nota.
La triple corona de Scaloni y la triple deuda de Alberto
Analicemos las principales variables socioeconómicas, que también fueron promesas de campaña del FDT, es decir –más allá del desmarque, el liderazgo y la ironía de la Agrupación Amague y Recule– de Alberto y de Cristina. Vamos por una potente y que nos permite desplegar una serie de indicadores:
“Haremos lo que siempre hicimos, que es cumplir y honrar las deudas, pero no nos pidan que lo hagamos a costa de más deterioro de nuestra gente”. La mitad inicial fue cumplida, la estafa monumental acordada entre el macrismo, Trump y el FMI (el préstamo buscaba garantizar la reelección de Macri, pero las condicionalidades del arreglo buscan maniatar al FDT para garantizar su derrota en 2023) fue convalidada, pero a costa de un ajuste indudable para cumplir con las metas que condicionan los desembolsos y una dinámica interna que pulveriza la secuencia que impulsaban Kulfas y Guzmán: desarrollo productivo con boom exportador, con derrame posterior e impacto en la mejora de las condiciones de vida de la gente. Si crecemos ininterrumpidamente y generamos los dólares necesarios para paliar la restricción externa (es decir acumular reservas descontadas las obligaciones en moneda dura), el acuerdo con el FMI no supondrá que los que menos tienen –y nos votaron– pierdan poder adquisitivo ni calidad de vida; por lo contrario, permitirá generar empleos de calidad con salarios que le ganarán a la inflación de precios.
Alberto Fernández es responsable de una triple deuda (salarios, inflación, pobreza) que de no empezar a saldarse, condicionará cualquier candidatura en 2023.
Veamos algunas cifras entonces. De confirmarse en diciembre un valor que oscile entre el 4,5 y el 5%, el FDT habrá acumulado una inflación de más del 300%, el ciclo más alto en 30 años, con precios que triplicaron valores en promedio y una pérdida de valor de la moneda del 75%. Con paritarias funcionando a pleno y sumas extraordinarias reforzando momentos puntuales, la pérdida del poder adquisitivo promedio para los trabajadores –estatales, privados e informales– redondeó a noviembre el 24%, 15 puntos durante el macrismo y 9 durante la administración que vino a revertir esa lógica de concentración de la riqueza. Es así que el salario real para toda la economía cerrará el año en valores similares a los del 2003, es decir que estamos ante un reparto de la riqueza que se acerca al 60/40 a favor del capital, con un excedente empresarial que se incrementó un 27,5% en términos reales y salarios que retrocedieron un 10,7, sólo en 2022. Esto es un cuadro pre kirchnerista, son números alienados con el sueño húmedo del macrismo, es decir, como si la década en la que gobernaron Néstor y Cristina –en la que el salario subió 24 puntos– no hubiese existido.
Una variable estrechamente relacionada y también promesa de campaña, también figura en el debe. Si bien se crearon algo más de 700.000 empleos durante los tres años de gobierno, más de la mitad corresponde a nuevos monotributistas (397.000 según las estimaciones del Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía), que como todos sabemos es una modalidad que encubre empleo precario, sin aportes jubilatorios ni cobertura por accidentes laborales.
Dólar y reservas son metas parcialmente cumplidas. Si bien el dólar se mantuvo por debajo de la inflación y se recupera luego de dos años de caída, se mantiene un 5,5% por debajo del valor registrado al finalizar el mandato de Cristina. No hubo estampida ni megadevaluación, sino devaluación por goteo y controlada. Las reservas, en cambio, fueron gravemente afectadas por la fuga y los diferentes mecanismos habilitados para sacarlos del país con operaciones permitidas. El saldo al cierre de esta nota es un déficit de u$s 4.559 millones, que según estimaciones de MATE se acrecienta hasta u$s 8.885 millones sin los aportes del FMI.
Alberto es el presidente contemporáneo a la triple corona (Copa América, Finalísima y Mundial) pero es responsable de una triple deuda (salarios, inflación, pobreza) que de no empezar a saldarse, condicionará cualquier candidatura en 2023.
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