La imagen es por todos conocidas: transitar por una ruta hecha nueva y de pronto empalmar con otra que está poceada o ahuellada. Otro tanto ocurre en las ciudades, donde se invierte en mobiliario urbano pero al cabo de un tiempo decepciona ver que es vandalizado o se deteriora y no son arreglados o reemplazados. Son postales sueltas pero muy representativas del déficit estructural en materia de inversión pública. A eso se suma aquellos proyectos que nunca vieron la luz: se podría citar casos de gran potencia simbólica, como el nuevo puente Santa Fe -Tomé; la conversión en autovía del circunvalar A012 de Rosario y la ruta nacional 11 norte, o la autopista de la 33.
Inversión nacional en Santa Fe hay, pero quedan lejos en escala, cantidad y tiempos. La responsabilidad no es de un gobierno, aunque como se verá más abajo, no es igual con todos.
Podría mencionarse en su momento la autopista Rosario - Córdoba, o ahora la autopista de la ruta nacional 34 en un tramo importante pero acotado, las ampliaciones de las plantas potabilizadoras de Rosario y Santa Fe, el Ferrocarril Belgrano Cargas, el acueducto San Javier entre los grandes proyectos.
En el caso del Estado nacional indudablemente repercuten los desequilibrios cíclicos, limitaciones de financiamiento, crisis económicas y alta inflación. Por el contrario la provincia de Santa Fe se caracterizó por una administración con cuentas equilibras desde los 90 para acá, y si bien la afectaron las crisis económicas y las relaciones políticas con Nación, tampoco logró niveles de inversión pública sostenida y acorde a parámetros internacionales, salvo tres años desde que inició el milenio.
Cuánto se invierte
La mejor manera para medir los niveles de inversión del Estado es en relación a lo que produce su economía, a nivel país el Producto Bruto Interno (PBI) y el indicador equivalente sintético del esfuerzo productivo realizado en el territorio provincial, que es el Producto Bruto Geográfico (PBG).
El siguiente cuadro muestra, en base a datos oficiales de ejecución de recursos del Ministerio de Economía provincial, que Santa Fe alcanzó sólo en tres oportunidades en las últimas dos décadas niveles de inversión acordes a “lo que recomiendan, en concepto de buena práctica, los organismos especializados como inversión base por parte de un Estado provincial”, afirma la publicación Pensar en el Futuro. Capítulo Santa Fe, de la Delegación Rosario de la Cámara Argentina de la Construcción realizada por el Programa de Infraestructura Regional para la Integración de la UNR.
Como se ve, en 2006, 2017 y 2018 la inversión pública provincial estuvo por encima de los 2 puntos del PBG. La serie histórica muestra que lo óptimo fue excepción.
Con respecto a 2022, cuyos datos finales todavía no están, los niveles de inversión pública provincial se aceleraron con respecto a 2020 y 2021 pero muy lejos de 2006, 2017 y 2018.
La clave no es sólo llegar a esos niveles, sino sostenerlos en el tiempo. Este es el aspecto donde se evidencia la mayor dificultad al observar la evolución histórica.
La publicación ya citada propone que “dentro de un contexto de estabilidad macroeconómica” el nivel de inversión en infraestructura debería estar entre el 6 y el 8% del PIB nacional entre la inversión municipal, provincial y nacional, “desarrollando un proceso continuo de por lo menos una década que ronde permanentemente en una inversión provincial entre un 18 a 20% del presupuesto en bienes de capital y obra pública”.
Otro tanto ocurrió a nivel nacional. Al observar esta serie más corta, se evidencia cómo las políticas gubernamentales también juegan un rol muy relevante y no sólo las crisis económicas o una pandemia como ocurrió en 2020/2021.
Cuánto debería invertirse
Juan Carlos Venesia, director del programa de infraestructura regional para la Integración de la Universidad Nacional de Rosario y presidente del Instituto de Desarrollo Regional (IDR) dice que hay un acuerdo en que Sudamérica en su conjunto tiene atraso en materia de inversión pública. “Cuando hablamos de invertir 2, 3, 4 puntos del PBI, para tener una idea aproximada, 1 punto son 4.000 mil millones de dólares. La Argentina debería estar invirtiendo entre 10 y 15 mil millones de dólares, y sostenerlo. Así es como se hacen estos cálculos”.
“Ahora, además del Estado nacional tenemos los estados provinciales y los municipios. Por eso se pone una medida de los presupuestos de 15 a 20% de los presupuestos como inversión pública óptima. Sin embargo todos los indicadores muestran un atraso”, afirmó.
Venesia aclara: “Es cierto que el desarrollo no incluye sólo inversión en infraestructura, pero si no la tenés se te va a hacer muy difícil alcanzarlo. Por eso podríamos decir que hay un acuerdo básico sobre esos indicadores en el que coinciden desde las corrientes más desreguladoras hasta la heterodoxia económica”. Entre esos consensos “para un crecimiento virtuoso, una sociedad debe invertir entre 5 y 6 por ciento de su producto, porque eso va a transferir un punto y medio de desarrollo. Para que eso ocurra por supuesto tiene que haber un marco de estabilidad. En las últimas décadas sólo se pudo hacer en la convertibilidad (década del 90) y en el período corto de los dos superávit gemelos a principio del siglo”.
El especialista apunta a otra cuestión. “La provincia de Santa Fe es, en términos logísticos, más que Uruguay o Paraguay, ya sea en transporte, circulación vehicular, ingreso de buques, sistemas graneleros, exportaciones, etcétera. Pero si se mira el área de circulación interna, la ferroviaria, etcétera arrastramos 20 años de atraso. ¿Poner eso al día es un esfuerzo de los 3 millones de santafesinos o de 45 millones de argentinos? Eso es crucial para la resolución”.
“Por eso desde el Programa de Infraestructura Regional recalcamos y empujamos que haya grandes acuerdos de los que participen entidades productivas, las universidades, la Cámara de la Construcción, instituciones, que haya una gran mesa de consenso, sino en cada cambio de gobierno cada uno viene con su agenda”, explica el director del IDR.
Aclara: “Es un problema de financiamiento, pero también es normativo. Tiene que ver con cómo planificas tu territorio. Cada gran proyecto de expansión de la mancha urbana o edificios nuevos requieren inversión en saneamiento, energía. Si no se planifica, la oferta de infraestructura corre cada vez más atrás de la demanda. Obliga a incorporar nuevas inversiones y a postergar otras que figuraban priorizadas”.
Recursos económicos y algo más
AIRE quiso conocer cuánto influyen, además de las limitaciones económicas financieras, factores como la capacidad de gestión de los gobiernos, la voluntad política y la afinidad entre gestiones de distintos niveles del Estado.
Para eso consultó a la actual ministra de Infraestructura de la provincia, Silvina Frana, y a Gonzalo Saglione, economista, especialista en desarrollo de proyectos de inversión púbica y funcionario clave para las finanzas del Estado santafesino entre 2008 y 2019, donde cumplió funciones como subsecretario de Proyectos de Inversión y Financiamiento Externo, Secretario de Finanzas y Ministro de Economía.
Frana cree que la voluntad y decisión política son un factor muy determinante: “La vocación de los gobiernos por invertir no siempre existe o no es priorizada, no son todos los gobiernos iguales. En Santa Fe incluso hemos visto gobiernos de un mismo signo político que han tenido prioridades diferentes”, aclara.
“Si vemos el gobierno nacional actual, tiene más de 5 mil obras en todo el país, puedo dar fe de esa voluntad y que quisiera hacer más, pero el presupuesto nacional también tiene un gasto social muy grande, fruto de las necesidades y eso es más urgente”, señala como otra variable. También ejemplifica el caso actual de Santa Fe: “Hoy por una decisión fuerte del gobernador la provincia tiene muchísima obra pública en marcha, pero el proceso inflacionario y la falta de insumos importados obligan a ralentizar el ritmo”.
Otro factor al que alude con un ejemplo es la disponibilidad de financiamiento: “Acá tuvimos un gobierno nacional que cuando llegó en 2015 encontró un país desendeudado en moneda extranjera, después podemos hablar de lo interno, pero en el frente externo el nivel de deuda era muy bajo, y se fue y nos dejó un endeudamiento que no se usó para inversión pública y eso ahora condiciona todo hacia adelante".
Saglione cree que los factores son diversos y “van cambiando según las épocas”. “Hay etapas como las que les tocaron a nuestras administraciones donde el problema era centralmente la estrechez financiera. De hecho una de las críticas que se nos hacía era que generamos deuda flotante con los contratistas, porque la idea era sostener la inversión al máximo”. Desde su mirada, en la actualidad pasa lo contrario: “Ahora hay partidas disponibles, a mi entender el problema pasa por otro lado”.
Afirma que “gastar en el Estado no es fácil. Lo más sencillo es pagar sueldos y las transferencias. Pero para ejecutar hay que tener claro qué se quiere hacer, tener la voluntad política del que define y los equipos necesarios para llevar adelante porque son procesos que requieren empuje y seguimiento. Una cosa sin la otra no funciona”.
Con respecto a aquellas obras eternamente en lista de espera que nunca se concretan, como los casos de las rutas nacionales 33 y 11 Norte, Saglione sostiene que son ejemplos donde lo que define es la falta de voluntad política o cambio de prioridades y no sólo cuestiones financieras.
Sobre la sintonía política entre los distintos niveles del Estado, el exministro cree que es un factor que a veces favorece la inversión y otras las traba o demora. “Si comparamos Santa Fe y Córdoba, que tienen presupuestos similares, vemos que Santa Fe tiene la quinta parte de la deuda que tiene Córdoba, pero también vemos que las inversiones que hizo Córdoba superan a Santa Fe”. De su experiencia recuerda el caso de los avales internacionales para efectivizar el préstamo para el acueducto Reconquista: “Estaba todo listo en 2010 y recién lo autorizaron en 2014 y fue gracias a que necesitaban que ingresaran divisas y ahí ya no importó quien las trajera”.
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