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Política Argentina | jubilados |

Seis millones de personas: ¿por qué los políticos no buscan el voto de la gente mayor?

Los mayores de 65 años representan el 11% del electorado en la Argentina y tienen la capacidad de torcer el rumbo de una elección. Pero, en general, no son tenidos en cuenta por los candidatos de los distintos partidos. ¿Por qué solo parece importar el "voto joven"?

El voto de los más jóvenes suele transformarse en una obsesión para la mayoría de los políticos. Y hay motivos suficientes para que así suceda: los chicos de entre 16 y 24 años son casi 7.000.000 y representan en Argentina en cerca del 15% del electorado. En una elección reñida, cada voto vale.

Sin embargo, existe un fenómeno extendido y curioso. En el otro extremo de la pirámide poblacional aparecen alrededor de 6.000.000 de personas que tienen 65 o más años, que representan nada menos que el 11% del electorado, que también conforman una masa de votantes con la capacidad de torcer el rumbo pero que, llamativamente, pocos políticos parecen tener en cuenta.

Quizá en algunos casos aislados ciertos candidatos se acuerden de ellos a la hora de los discursos pero, en ningún caso, atraer a los mayores se convierte en una obsesión similar a la de obtener el voto de los jóvenes. Ni siquiera por una cuestión matemática.

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En la Argentina hay más de 6.000.000 de personas con más de 65 años, una masa electoral clave para ganar una elección. Sin embargo, los adultos no son conscientes de su poder y la política los ignora por diversos motivos.

En la Argentina hay más de 6.000.000 de personas con más de 65 años, una masa electoral clave para ganar una elección. Sin embargo, los adultos no son conscientes de su poder y la política los ignora por diversos motivos.

El 15,2% de la población argentina -cerca de 6.795.000 personas- tiene entre 15 y 24 años. Dentro de ese rango de edad, el voto es obligatorio desde los 18 años, mientras que a nivel nacional -Santa Fe y Corrientes son las únicas excepciones- los chicos de 16 y 17 años también tienen la obligación de votar, aunque no reciben sanciones si no lo hacen. Este sector de 16 y 17 años solo representa un 2,5% del total del padrón, de acuerdo con los datos de la Cámara Nacional Electoral. Y de ese total, apenas suele votar el 60%.

¿Por qué los políticos no buscan el voto de los mayores con el mismo interés que el voto joven? ¿Por qué los adultos no hacen respetar el peso electoral que realmente tienen?

Las respuestas a estos interrogantes son complejas y no existe una sola variable. Sin embargo, algunos factores pueden alcanzar, al menos, para intentar una explicación.

El Dr. Hugo R. Valderrama es especialista en Geriatría y Gerontología, máster en Gerontología y doctor en Ciencias de la Salud. Además, es el autor del libro Manual Argentino para el Cuidado de Ancianos, un material de referencia en la materia.

"Se trata de un fenómeno con responsabilidades compartidas. Los viejos son copartícipes del problema", afirma. Y luego añade: "Del otro lado, para los políticos siempre es más fácil convencer a un joven sin experiencia, que a una persona que ya vivió la vida... A lo que hay que añadir que gran parte de los políticos argentinos ni siquiera tienen la capacidad de buscar votos entre las personas mayores".

Valderrama dedicó 40 años de su vida a trabajar con personas de más de 70 años: "Apenas la mitad de ellos va a votar. Muchos prefieren quedarse en casa cuidando los fideos o el asado del domingo, porque siempre es más fácil quejarse de la situación, que comprometerse".

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Los mayores sienten que su voto no alcanza para cambiar las cosas y que para lograrlo hay que cortar rutas, algo que no están dispuestos a hacer.

Los mayores sienten que su voto no alcanza para cambiar las cosas y que para lograrlo hay que cortar rutas, algo que no están dispuestos a hacer.

Pero eso no es todo. Para el especialista, en muchos casos "los viejos sienten que con un voto no pueden cambiar nada porque ven que en la Argentina las ideas se terminan imponiendo cortando rutas o manifestando en las calles. Entonces se autoexcluyen, porque jamás las personas mayores estarán dispuestas o en condiciones de utilizar estos códigos para hacerse escuchar".

"En otros casos -explica- sienten que con el avance de la tecnología quedaron fuera de todo. Se sienten ignorantes e incapaces, cuando en realidad no lo son porque tienen la experiencia de vida de la que carecen los más jóvenes".

Para Valderrama, "los viejos que podrían ser referentes de la gente mayor, los que todavía ocupan lugares de gestión en vecinales, clubes de abuelos o centros de jubilados, en realidad suelen ser políticos envejecidos, que no es lo mismo. Siguen siendo los mismos políticos que se acomodan dentro de las opciones que les quedan para continuar ejerciendo su actividad, pero no representan al resto de la gente de su edad".

La mirada de los políticos y del resto de la gente

"La sociedad no ve a los viejos. Y quedó claro el 3 de abril de 2020, cuando en medio de la cuarentena por coronavirus sacaron a millones de personas a las calles al pedirles que fueran a los cajeros automáticos a cobrar su jubilación. Los políticos, los burócratas, nunca supieron que la cantidad de personas mayores que maneja un cajero es mínima porque nadie les enseñó. Son analfabetos tecnológicos", resaltó Valderrama.

"Hasta ese momento, nadie se había dado cuenta de eso. La sociedad es ignorante gerontológica. Cuando un viejo va a una empresa, como a un banco por ejemplo, el joven que lo atiende suele tratarlo como idiota", insistió.

En cuanto al desinterés de los políticos por captar el voto de la gente mayor, Valderrama tiene varias explicaciones.

"En general los políticos ni siquiera los tienen en cuenta, no los tienen contabilizados porque es más fácil convencer a los jóvenes. Para los políticos, los más chicos son como tirar pecesitos en un estanque lleno de tiburones. Los viejos ya vieron, tienen memoria histórica, ya se equivocaron o acertaron. No es tan fácil engañarlos", sostuvo el especialista.

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El 3 de abril de 2020 quedó demostrado que la sociedad, la burocracia y la política desconocen la situación de los adultos mayores. Ese día, millones de jubilados salieron a cobrar a pesar de la cuarentena.

El 3 de abril de 2020 quedó demostrado que la sociedad, la burocracia y la política desconocen la situación de los adultos mayores. Ese día, millones de jubilados salieron a cobrar a pesar de la cuarentena.

Pero eso no es todo: "Como la sociedad, los políticos no entienden a los viejos. En las plataformas incluyen a la ancianidad como un tema de salud, como si ser viejo fuera una enfermedad. Lo que la gente no entiende es que, contrariamente, el que llega a viejo es el tipo sano. Los más jóvenes no saben si van a llegar a viejos o si van a morir en el intento".

"Nadie sabe cómo es ser viejo por una sencilla razón -explica-. Cuando tenés 20 años, le preguntás a un hermano mayor cómo se hace para encarar a una chica. O le preguntás a un compañero con más experiencia cómo es un determinado trabajo. Pero cuando llegás a viejo, estás en la punta de la pirámide. No te queda otra que ir aprendiendo solo y sobre la marcha".

En Argentina, el desconocimiento de lo que significa llegar a viejo se conoce como "viejismo. En España le dicen "edadismo". ¿De qué se trata?: "Se trata de los prejuicios vinculados con la ancianidad. Como, por ejemplo, que un adulto es un enfermo, que no puede ser incorporado al circuito laboral o que es una sabio por el simple hecho de haber vivido... Esto también es falso, porque un viejo ignorante es recontra ignorante. La vejez no te hace bueno, ni malo; mejor, ni peor".

En definitiva, mientras gran parte de los político parecen dispuestos a todo -incluso a sobreactuar de manera evidente- por captar la atención de los más jóvenes, pocos parecen percibir que entre las personas mayores de 65 ó 70 años existe una masa de votantes capaz de torcer una elección. Representan, ni más ni menos, que el 11% del padrón electoral

"Con los chicos, con los que tienen 16 ó 20 años, siempre es más fácil. No vivieron y todo les pasa por primera vez. Es fácil convencerlos, engañarlos y ofrecerles recetas que ya fracasaron una y mil veces... Con los viejos, no es tan sencillo", remató Valderrama.

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