Santa Fe y la universidad pública: una multitud marchó nuevamente por el futuro de la educación
Estudiantes, docentes, jubilados y dirigentes de distintos espacios confluyeron en una jornada atravesada por la defensa de la universidad pública en Santa Fe.
El histórico Paraninfo quedó como escenario de una jornada en la que las demandas presupuestarias convivieron con historias personales, identidades políticas diversas y una preocupación compartida.
El sol de primavera caía de frente sobre el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). El viento aparecía por momentos entre las banderas y los carteles, mientras miles de personas volvían a encontrarse en las calles de Santa Fe para defender la universidad pública argentina.
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Estudiantes, docentes, no docentes, autoridades universitarias, representantes gremiales, jubilados, graduados y familias confluyeron en una movilización que puso en el centro una preocupación compartida: qué universidad podrá recibir a las próximas generaciones si no están garantizadas las condiciones para sostenerla.
Santa Fe marchó por la universidad pública con un mensaje común
A diferencia de las postales de tensión y represión que llegaban desde Buenos Aires, la Quinta Marcha Federal Universitaria en Santa Fe transcurrió en un clima de multitudinaria unidad pacífica. La postal era contundente: radicales, peronistas, socialistas y agrupaciones de izquierda marcharon juntos, en un mosaico político donde, si bien no faltaron las chicanas propias del folclore partidario, la violencia no tuvo protagonismo.
La defensa de la educación pública encontró su expresión también en los carteles, que llevaron a la calle las preocupaciones, las convicciones y las historias personales de quienes participaron de la convocatoria. “La educación es del pueblo y no se vende, se defiende”, decía uno. “No caemos en la universidad pública, la elegimos”, planteaba otro. Entre cientos de mensajes, uno resumía la inquietud por el porvenir: “Nos están quitando el futuro”. Y otro resumía el sentido de la movilización para muchas familias: “Soy primera generación universitaria y marcho para no ser la última”.
Esas dimensiones atravesaron la quinta Marcha Federal Universitaria y se convirtieron en ejes del documento leído durante el acto central: sostener la educación pública también significa preservar los sueños colectivos que nacen alrededor de cada carrera y garantizar que esas oportunidades no se interrumpan.
Una universidad que reclama condiciones para seguir en pie
La lectura del documento estuvo a cargo de la rectora de la UNL, Laura Tarabella, primera mujer en ocupar ese puesto en la historia de la institución; el decano de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Facultad Regional Santa Fe, Alejandro Toffolo; y representantes gremiales y estudiantiles. Frente a la multitud, el texto articuló tres consignas —educación, soberanía y democracia— y advirtió sobre la situación presupuestaria del sistema universitario y científico argentino.
Uno de los principales reclamos estuvo dirigido al Gobierno nacional por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. El documento sostuvo que el Congreso sancionó la norma y que el Poder Judicial ordenó el cumplimiento inmediato de sus artículos 5 y 6. También cuestionó el uso de decretos de necesidad y urgencia para modificar decisiones legislativas y reclamó la derogación del DNU 70/23, al que atribuyó la anulación de leyes y la incorporación de cambios sin el correspondiente debate parlamentario.
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La discusión sobre los recursos tuvo una proyección concreta hacia el año próximo. El documento señaló que el proyecto de Presupuesto nacional 2027 presentado por el Poder Ejecutivo no contempla las partidas requeridas por la ley de financiamiento ni la recuperación de las pérdidas acumuladas por el sistema universitario y científico. Frente a esa propuesta, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) elaboró una alternativa que, según el texto leído durante la marcha, requiere un presupuesto universitario un 33,4% superior al previsto en el proyecto oficial. El planteo también incluyó la necesidad de mejorar los recursos destinados a la educación obligatoria.
Pero la discusión no se limita a cuánto dinero reciben las universidades. Lo que está en juego, según advirtieron los representantes de la comunidad universitaria, es la posibilidad de sostener las actividades cotidianas, preservar los equipos de trabajo y garantizar que estudiar no se convierta en una oportunidad reservada para quienes pueden afrontar sus costos sin ayuda.
A esa preocupación se sumó el deterioro de los salarios docentes y no docentes, la falta de avances en las negociaciones paritarias y la incertidumbre sobre las condiciones laborales. El documento sostuvo que esa situación pone en riesgo las vocaciones académicas y los conocimientos construidos durante décadas. La crisis, desde esa perspectiva, no queda puertas adentro de las facultades: también afecta la investigación, la extensión, la vinculación tecnológica con el sector productivo y la formación de profesionales.
La advertencia quedó sintetizada en uno de los pasajes más contundentes del documento: “Las universidades y el sistema científico tecnológico no están discutiendo hoy sus márgenes de expansión o de crecimiento, sino la preservación de las condiciones mínimas de existencia”. El reclamo dejó así de plantearse únicamente como una discusión sobre el crecimiento de las instituciones. La preocupación central pasó a ser cómo garantizar que puedan seguir cumpliendo sus funciones.
Laura Tarabella: cuidar la universidad para las próximas generaciones
En diálogo con AIRE, la rectora de la UNL, Laura Tarabella, destacó que la convocatoria volvió a reunir a sectores que exceden ampliamente a quienes estudian o trabajan en las universidades. Familias, jubilados, graduados y exdocentes se sumaron a una movilización que, para ella, expresa el vínculo entre las instituciones educativas y la sociedad.
“La razón de ser de una universidad es cuando todo aquello que crea, produce, llega, transfiere, genera transformaciones reales, transformaciones concretas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y las ciudadanas”, sostuvo.
Tarabella también puso el acento en la responsabilidad de preservar ese legado. La rectora, primera mujer en conducir la UNL, vinculó la defensa de la institución con la posibilidad de que otros puedan acceder a las mismas oportunidades que tuvieron quienes hoy forman parte de la comunidad universitaria.
“Tenemos la inmensa responsabilidad de cuidar la universidad, pero no solamente por este presente que es complicado, que es crítico, sino pensando en el futuro”, afirmó. Y agregó que el objetivo es “dejarle como legado a las generaciones futuras una universidad tan grande o mejor que la que nosotros recibimos”.
La referencia adquirió un significado particular en vísperas de un nuevo aniversario de la UNL, que cumplirá 107 años este sábado. La historia de la institución, su presencia en la región y su capacidad para formar profesionales fueron parte del sentido de pertenencia que se expresó en la marcha. Cuidarla, en palabras de Tarabella, supone asumir una responsabilidad que va más allá de la coyuntura y alcanza a quienes todavía no ingresaron a sus aulas.
Cuando el futuro se convierte en una consigna
A medida que avanzaba la tarde, el sol comenzó a bajar y la multitud inició la desconcentración. El histórico Paraninfo quedó como escenario de una jornada en la que las demandas presupuestarias convivieron con historias personales, identidades políticas diversas y una preocupación compartida por las oportunidades que puede ofrecer la educación pública.
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La marcha demostró otra vez que la defensa de las universidades reúne a estudiantes, trabajadores, familias y ciudadanos que reconocen en ellas una herramienta de formación, movilidad social y producción de conocimiento. Las becas, los salarios, los laboratorios y las aulas aparecieron como partes de una misma discusión: las condiciones necesarias para que esa posibilidad siga abierta.
Antes de que la movilización terminara, el documento dejó una definición que resumió el sentido de la convocatoria: “La Universidad Pública Argentina no es el problema de nuestro país. Es, sin lugar a dudas, una parte fundamental de la solución”. En los carteles que hablaban de elegir una carrera, de ser la primera generación universitaria o de no querer ser la última, el reclamo encontró su expresión más concreta. Defender la universidad pública también es defender la posibilidad de que las próximas generaciones tengan un lugar en ella.








