El particular dispositivo en el que ha quedado atrapada Cristina Fernández de Kirchner produce dos momentos que pueden citarse en espejo e ilustran un sistema inviable de gestión. Mientras el 2 de julio pasado y en el 48° aniversario del fallecimiento del General Perón, la vicepresidenta reclamaba un cambio de políticas “porque hacer lo mismo no va más”, el exministro de Economía Martín Guzmán le disputaba la atención y el tope de agenda renunciando indeclinablemente por Twitter. Mientras el 26 de octubre, el presidente le concedía una exclusiva a Roberto Navarro en la que afirmaba que “si cuidar la salud pública para que cualquier argentino o argentina tenga una cama es ser pogre, soy progre”, Cristina tuiteaba que “resulta francamente inaceptable el nuevo aumento que el gobierno autorizó a las empresas de medicina prepagas”.
Según cifras aportadas por Cristina, con el último aumento del 13,8% autorizado por el Ministerio de Salud de la Nación, el incremento redondea un 114% anual, más de un 20% sobre la inflación anualizada al mes de octubre, próximo a cerrar por encima del 6%.
Claudio Belocopitt, presidente de Swiss Medical, una de las cinco empresas que concentran el 75% de la facturación del mercado (las otras son Galeno, OMINT, Medicus y OSDE) y dueño del 40% del Grupo de medios América, oponía cifras según las cuales los aumentos de las prepagas, en el mismo período señalado por Cristina, quedaban retrasadas respecto de la inflación (47,6%). Mucha diferencia entre los dos cálculos.
Si recurrimos a cifras del CEPA (Centro de Economía Política Argentina) podemos ver que el gobierno concedió –porque son precios regulados por el Estado– nueve aumentos a las prepagas en lo que va de 2022 (incluido el de diciembre que aún no se aplicó). Desde agosto (11,34%) esos aumentos son de dos dígitos y con el de diciembre se llegaría al 113,8% del que habla la vicepresidenta. Los empresarios miran sus costos y su rentabilidad, los trabajadores sus ingresos, que no recuperaron lo perdido durante el macrismo (20 puntos) y siguen perdiendo desde 2020 (3 puntos adicionales), nunca dejaron de caer; el peso de la cuota de la medicina prepaga –en promedio– pasó de significar el 19% en diciembre 2015, al 34,2% en diciembre 2021.
Otro parámetro se puede ver en un gráfico donde se miden los aumentos contra la inflación:
El ejercicio consiste en los datos de los aumentos efectivamente permitidos por la Superintendencia de Servicios de Salud (en nombre del Ministerio de Salud y según decreto reglamentario 66/2019 del macrismo, aún no derogado) contra la inflación efectivamente registrada para cada período. La diferencia es de 29,9% a favor de las prepagas, pese a la queja de Belocopitt sobre el año clave de la pandemia, el 2020. Porque también es justo decir que si bien los aumentos se regularon protegiendo el bolsillo y la salud de les argentines, las prepagas habían acumulado un 35% de rentabilidad por encima de la inflación durante el macrismo y sólo perdieron 26% en ese año crítico para todes, con trabajadores que no tenían rentabilidades acumuladas para soportar una crisis sanitaria, económica y política de escala planetaria.
Ni desregulación total ni SNISA: siga, siga y menos controles para el capital
El presidente no quiere la desguazada pero vigente Ley de Medios (no del kirchnerismo ni de Cristina, sino de todos los que la impulsaron, debatieron y votaron, que fueron muches) y cree que el mercado de informaciones, operaciones y entretenimientos debe autoregularse bajo la atenta mirada –porque sólo mira– de la Ley de Defensa de la Competencia, sin regulaciones específicas. Incluso llegó a decir que no le preocupa que hablen mal de él, que “si hablaran bien estaría preocupado”. Pues bien, esto es precisamente lo que reclaman las prepagas para el subsistema de salud privado, que se les permita autoregularse como antes de la Ley 26.682/11 sancionada por la actual vicepresidenta. Víctor Cipolla (OSDE) nos recordó en la pantalla caliente de América TV (co-propiedad de Swiss Medical) que antes de 2011 “las cuotas de la medicina privada eran libres y aumentaban si así lo decía la estructura de costos de la compañía, hay una distorsión de precios total por la intervención del Estado”.
Porque para eso las empresas privadas compran medios, no por la rentabilidad (que obtienen en sus otras unidades de negocios) sino para masificar sus opiniones y hacer lobby a favor de sus intereses corporativos, algo que el Presidente aprendió con la infodemia y le llevó a decir que los medios “intoxicaron la cabeza de los argentinos”. Pero este aprendizaje no supuso una restitución de la institucionalidad de la Ley de Medios ni la derogación del decreto 66/2019 con que el macrismo torció el espíritu de la ley que no les gusta a las prepagas, y quitó a la Secretaría de Comercio Interior del análisis de costos de las empresas para definir que sólo el Ministerio de Salud (a través de la Superintendencia de Servicios de Salud) tenía potestad para establecer una fórmula de reajuste. Desregulación no, desburocratización sí, con los resultados conocidos.
Y es aquí donde aparece un pendiente del Frente de Todos que no se resuelve sólo con la unidad y acertando candidates en 2023. El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires Nicolás Kreplak y el diputado y exministro (de Axel y Cristina) Daniel Gollán trabajan desde hace más de un año en un proyecto para reformular el sistema de salud argentino, que incluye a los tres sectores: público, privado y de la seguridad social. No para estatizarlos, como plantea “la campaña del terror por el cuco comunista” desatada por las prepagas, medios afines y la CGT del atril, sino para integrar recursos bajo la coordinación general del Estado, lección aprendida durante la pandemia, que no será la última.
El proyecto circula por los márgenes (pocos saben lo que es el SNISA, sistema nacional integrado de salud argentino), hay borradores, power points, algo de redes, Cristina lo impulsó un par de veces pero nadie en el gobierno lo alude. He aquí la pregunta, mucho más importante que si el candidato es Sergio Massa o Wado De Pedro (o ambos) en lugar de Cristina: si no se puede controlar la voracidad de formadores de precios de las empresas que integran mercados monopólicos: ¿Cómo se haría tal cosa? ¿Con qué acumulación de poder y qué tipo de coalición? Como los aumentos de las prepagas, era una preocupación en diciembre de 2019 y lo sigue siendo.
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