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Política Argentina | Brasil | Luiz Inácio Lula da Silva

La polarización brasileña, ¿el espejo de las elecciones argentinas en 2023?

AIRE consultó a dos politólogos para comprender las semejanzas y diferencias de los procesos eleccionarios de Argentina y de Brasil. ¿La hiperpolarización electoral en Brasil se puede repetir en Argentina?

Luis Ignacio Lula Da Silva obtuvo el 48,4% de los votos. Jair Bolsonaro el 43,2%. Juntos aspiraron el 91,6% de los votos válidos de los brasileños en la primera vuelta y licuaron el resto de las candidaturas presidenciales. Un poco más al sur del continente, la pregunta es más que pertinente: ¿La hiperpolarización electoral brasileña es el espejo de lo que será la elección presidencial de Argentina dentro de un año, donde también el sistema político está estructurado sobre grandes coaliciones?

AIRE acudió a dos politólogos para una mirada en detalle. Juan Lucca, del Centro de Estudios Comparados Argentina-Brasil y profesor de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Institucionales de la UNR ve fenómenos diferentes. “La polarización en Brasil tiene el mismo efecto que en la Argentina, pero no se produce por la misma razón”. En tanto, el politólogo Federico Zapata, codirector de la consultora política y de opinión pública Escenarios, ve en el caso de Brasil una elección polarizada en cantidad de votos, pero no ideológicamente, mientras que en Argentina observa un escenario con situaciones muy abiertas que lo llevan a que no descarte un escenario con protagonismo de terceras opciones.

Lucca hace una primera diferenciación: “Brasil tiene un sistema federal mucho más atomizado que el argentino, con muchos competidores, a su vez tiene sistema electoral de lista abierta, es decir que en la lista legislativa podés elegir al candidato de tu preferencia. Eso llevó a una hiperpersonalizacion de la política, lo que acá conocimos como borocotizacion. Todos saltan de partidos, el transfuguismo, de hecho el propio Bolsonaro este es el octavo o noveno partido por el que pasa”.

“Todos esos micropartidos que son ultraterritorializados, muy conservadores y localistas, conforman entonces hay un bloque que se llama el “centrao”, que son casi 230 legisladores de partidos completamente disímiles. El presidente tiene que negociar uno por uno con ellos”. Explica que los gobiernos de Cardozo, Lula, Rousseff y Bolsonaro tuvieron estrategias y etapas diferentes de relacionamiento con el “centrao” o gran centro, que son decisivos para la gobernabilidad. Para Lucca esto es un elemento esencial en las diferencias con Argentina: “Argentina está mucho más polarizada la política porque esa polarización está nacionalizada; en Brasil hay polarización a nivel Ejecutivos nacional, pero no nivel distrital territorial”.

Otro aspecto que Lucca menciona es el efecto de esa polarización. ¿Funciona de forma positiva o negativa para la estabilidad del sistema político? “Algunas teorías plantean que cuando hay polarización del sistema se vuelve inestable y lleva a crisis y rupturas; en Argentina la polarización por ahora no estaría generando niveles de violencia política tan altos (salvo, hay que ver, el trasfondo de lo que acaba de ocurrir con Cristina Fernández) mientras que en Brasil es altísima la cantidad de hechos de violencia política”.

Por último, el profesor de la UNR explica que “en Argentina la disputa radicalismo-peronismo, o macrista-peronista, ordena desde lo nacional hasta la provincial y lo local. En Brasil la tensión lulismo versus bolsonorismo no ordena lo que sucede en los territorios, en la disputas a gobernadores o alcaldes, sino que eso es parte de una costura muy a medida de cada lugar”. Pone un ejemplo para que se entienda: “En Río Grande Do Sul, Eduardo Leite, fue uno de los principales articuladores del impeachment a Dilma Rousseff, y, sin embargo, en esta elección competía contra el Partido Liberal de Onix Lorenzoni, que era el candidato del bolsonarismo. Entonces Eduardo Leite por propiedad transitiva terminó negociando y buscando un paraguas cercano a la candidatura de Lula, porque si no eran los dos candidatos del bolsonarismo y se perdían votos que quedaban afuera”.

El politólogo cordobés Federico Zapata agrega una dimensión muy interesante al tema de la polarización electoral e Brasil. Para él, los resultados demuestran no dejan duda que hay un “duopolio” entre los candidatos que se llevaron más del 90% de los votos, pero no encuadra esa hiperpolarización en términos ideológicos.

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Mauricio Macri y Jair Bolsonaro. Foto de archivo.

Mauricio Macri y Jair Bolsonaro. Foto de archivo.

“No veo una elección ideológicamente polarizada –arranca su planteo–“, aunque admite matices, como el rol que cada uno le asigna al Mercosur, donde Bolsonaro lo ve casi como “una traba” y para Lula es una “plataforma muy importante de proyección internacional”.

Dice que si bien “es cierto que hay dos fuerzas que aglutinaron el grueso de los votantes tras una campaña que emocionalmente fue muy intensa”, la disputa se da en “una sociedad que está corrida claramente hacia una agenda centroliberal, de centroderecha o derecha extrema. Es una sociedad que se parece muy poco a la sociedad cuando ganó Lula, que competía contra Fernando Cardozo y el Partido Socialista; entonces una dinámica muy diferente desde lo ideológico”.

Para Zapata el proceso de construcción de la candidatura de Lula muestra cómo se borraron las antiguas fronteras ideológicas de los dos polos: “En esta campaña el esfuerzo de Lula fue armar una propuesta que va en contra de los fundamentos históricos del PT, como lo muestra la alianza con Gerardo Alckim, que expresa un centroliberalismo o liberalismo de derecha” y que fue uno de sus antiguos rivales. “Y de acá al balotaje Lula va a tender a profundizar esa línea, sobre todo por los votos de Simone Tebet, que salió tercera que también es una persona de centroliberal. Y si gana, va a ser lo mismo para poder gobernar”.

Cuando compara con Argentina, Zapata ve un escenario “muy abierto todavía” como para aventurar una elección polarizada.

“La polarización argentina en 2019 se dio entre una fuerza más identificada con la centroderecha y otra expresión con la centroizquierda. No sé cómo va a ser en 2023”, le dice a Aire de Santa Fe. Observa que “las dos coaliciones que concentraron el grueso de los votos en 2019, hoy están con un nivel de conflictividad interno muy alto. En el caso del Frente de Todos con menos conflictividad pero con mucha debilidad electoral, y en el caso de Juntos por el Cambio con mucha fortaleza electoral pero mucha conflictividad interna. Si no logran gobernar esas tensiones, es posible que en 2023 tengamos una elección más fragmentada; si lograsen administrarlas tendremos un escenario más estable”.

Para el politólogo y consultor, “un escenario posible es que las dos coaliciones principales se desgranen y tengamos una fragmentación, pero si se sostienen como tales, el tema es la debilidad electoral que tiene el FdT, que puede habilitar el surgimiento de una (tercera) fuerza que sea competitiva. Hoy no es descabellado que un Milei pueda sacar 15 o 20 puntos en ese escenario, es cierto que perdió algo de capilaridad, pero sigue muy metido en la conversación pública”.

Los análisis de Lucca y Zapata matizan una traslación inmediata entre lo que ocurrió en Brasil y la traducción de la grieta política a las elecciones en Argentina en 2023.

Podría resumirse en que hay una polarización a la brasileña, en la que Lucca destaca la influencia del diseño institucional del federalismo de ese país y Zapata relativiza la demarcación ideológica como línea divisoria de la bipolaridad que expresaron las urnas en la pelea presidencial.

Por otro lado, una polarización a la argentina, apoyada en la profunda penetración territorial de los partidos que motorizan las colisiones en disputa, que son capaces de ordenar de arriba hacia abajo el espectro electoral-territorial, pero siempre y cuando logren mantenerse unidas y competitivas, porque tanto el desgranamiento de ambas, o la debilidad electoral de una de ellas, dice Zapata, puede ser la vía por la que se asome una tercera opción que haga de 2023 un escenario diferente al de la elección de 2019. Cabe recordar que en esa oportunidad, esa tercera fuerza, Consenso Federal, se ubicó en tercer lugar con apenas el 6,1%, muy relegada por el 48,2% del Frente de Todos y el 48,2% de Juntos por el Cambio.