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La Casa Rosada y el Congreso, en alerta máxima por el avance del coronavirus

En esta nota, cómo impacta la pandemia de coronavirus en los principales centro del poder político nacional.

La irrupción del coronavirus en la Argentina, que a este viernes por la tarde contabiliza 34 casos con cuatro infectados por contacto local, alteró de manera inusitada la agenda de la Casa Rosada y desplazó a un segundo plano los temas que, hasta hace pocos días atrás, eran prioritarios para el Gobierno: la economía y la renegociación de la deuda. El propio presidente Alberto Fernández decidió ponerse al frente de la estrategia de gestión y comunicación sobre la presencia del coronavirus en el país, en contacto permanente con los ministros del área y especialistas en epidemiología.

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La preocupación en la Casa Rosada es palpable. También en el Congreso, donde si bien se mantendrá la agenda legislativa por el momento, las autoridades de ambas cámaras decidieron extremar las medidas de prevención y suspendieron, por un mes, todo tipo de eventos abiertos al público. Las sesiones se harán más espaciadas y en las reuniones de comisión sólo podrán participar los legisladores, sin presencia de periodistas ni asesores. Los proyectos de ley que el Poder Ejecutivo prometió para estos días quedaron postergados: tanto el proyecto sobre legalización del aborto -que iba a presentarse hoy- como el de la reforma de la Justicia quedaron en suspenso hasta nuevo aviso.

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En el Congreso de la Nación, como en la Casa Rosada, el coronavirus provocó cambios en las actividades.

En el Congreso de la Nación, como en la Casa Rosada, el coronavirus provocó cambios en las actividades.

El propio presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, estuvo en el foco de la atención en las últimas horas. Sucede que Massa viajó la semana pasada a Brasil, donde se entrevistó con el presidente Jair Bolsonaro; en esos encuentros, el titular de la Cámara baja mantuvo contacto con el jefe del servicio de prensa de la Presidencia brasileña, Fabio Wajngarten, hoy en cuarentena por el coronavirus. Bolsonaro no padece la enfermedad según se confirmó oficialmente este mediodía, por lo que Massa decidió mantener sin mayores cambios su agenda. Por ahora.

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Cambió la rutina

En la Casa Rosada la rutina también se alteró ostensiblemente. Luego de transmitir por cadena nacional las últimas medidas adoptadas por el Gobierno para la prevención de la enfermedad, Fernández sigue minuto a minuto con sus colaboradores, gobernadores e intendentes la evolución del caso. Quien estuvo en el ojo de la tormenta en las últimas horas fue el ministro de Salud, Ginés González García, quien si bien conserva el apoyo total del Presidente fue el blanco del enojo y las recriminaciones del núcleo íntimo del jefe del Estado. Los reproches afloraron cuando el ministro admitió, el lunes pasado, que había subestimado el avance de la enfermedad porque pensaba que llegaría más tarde a la Argentina. Luego de aquella declaración de Ginés, criticada en las redes y en los medios, hubo un cambio de estrategia.

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El primer cambio fue convocar a una reunión de gabinete ampliado, encabezado por el Presidente. Estaban casi todos los ministros y Ginés González García. Luego de aprobar la ampliación de una partida de 1700 millones de pesos, la recomendación de aislamiento a los viajeros desde y hacia Europa y Estados Unidos, y de los adultos mayores, el ministro de Salud cambió su discurso a uno más realista: “Este es un ciclo que inexorablemente va a terminar en circulación local”.

El gobierno prevé ahora un pico de circulación local en abril próximo. En ese momento prevén la presión epidémica sobre el sistema de salud.

El gobierno prevé ahora un pico de circulación local en abril próximo. En ese momento prevén la presión epidémica sobre el sistema de salud. Dicen que es inevitable, no hay manera de evitar la circulación del virus en forma local. En ese momento se aplicará la fase de mitigación. “El objetivo es reducir el impacto, pero impacto va a haber”, deslizan en la Casa Rosada.

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Abocados al problema del coronavirus, los funcionarios del Gobierno pasaron a un segundo plano la cuestión pendiente sobre la reestructuración de la deuda, otrora la prioridad número uno de Fernández y de su ministro Martín Guzmán. En la Casa Rosada son tajantes: por ahora no habrá cambios en el cronograma previsto por el Ministerio de Hacienda, que proyectó para abril próximo la finalización del proceso de reestructuración de los pasivos bajo legislación extranjera.

En el Gobierno hay quienes aún piensan que la crisis que afecta a los mercados financieros mundiales podría ser una oportunidad y favorecer las negociaciones que encara Guzmán con los bonistas; otros, más realistas, sostienen lo contrario. Lo cierto es que, más allá de la suerte que corra el proceso de reestructuración de la deuda, la economía argentina no será inmune a la crisis global que afecta a las principales capitales del mundo: consultoras privadas estiman que la caída de la economía local podría trepar al 1,3 al 1,5 por ciento este año.

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