lunes 6 de julio de 2020
Política | Hermes Binner | Santa Fe | Rosario

Hermes Binner, el hombre que no se dejaba apurar por el tiempo

El exgobernador tenía 77 años y falleció este viernes, tras varios días internado en la terapia intensiva de una clínica privada de Casilda. El recuerdo de un líder inesperado y atípico, que marcó una época en la historia de la provincia.

Cuando en el futuro alguien pregunte cómo gobernaba Hermes Binner, se le podría responder que cuando asumió la Gobernación de Santa Fe, en 2007, prometía realizar un sistema de grandes acueductos para resolver el problema de agua potable, de calidad y segura, que tiene gran parte de la provincia. Y cuando le hacían la clásica pregunta sobre cuánto tiempo llevarían esas obras él respondía, sin ponerse colorado, “por lo menos 20 años”.

Esa fue una característica que definía a Hermes Binner. Parecía gobernar sin tenerle miedo al tiempo. Repetía que para que un gobierno sea bueno tiene que tener ideas, proyectos y planificación. De ahí su sistemático empeño, no siempre valorado, en que las ideas quedasen escritas, compiladas, desarrolladas, para que no se las lleven las urgencias que el día a día le impone a la gestión.

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Si alguien en el futuro pregunta, se podría sintetizar que con esa lógica gobernó dos veces Rosario y una vez en Santa Fe, siendo el primer gobernador socialista de la historia del país.

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Hermes Binner fue el primer gobernador socialista en la historia del país.

Hermes Binner fue el primer gobernador socialista en la historia del país.

Sabía que cada dos años tenía que ganar una elección, pero lo que realmente lo apasionaba eran los proyectos de largo plazo que, entendía –y lo decía–, no podría inaugurar él. Su objetivo era iniciarlos y dejarlos encaminados para que los termine (o tenga que terminarlos, según cómo se vea) el que venga detrás, si era socialista mejor. Como ejemplo puede mencionarse el nuevo Hospital de Emergencia Clemente Álvarez de Rosario, inaugurado 5 años después de que él dejó la Intendencia.

Esa praxis tenía sustento en una concepción teórica del Estado: el Estado que funcionaba a demanda debía dejar paso a un Estado garante de derechos e igualador de oportunidades –en términos sociales y territoriales–. Esa cosmovisión le devolvió a Santa Fe proyectos de una escala que no tenía desde los años 60 y 70, como el sistema de Grandes Acueductos (del que alarmantemente se habla poco por estos días) o un sistema de salud pública donde lo que queda en ejecución del plan inicial –los hospitales de Rafaela y el Regional Sur de Rosario–, serán inaugurados por gobernadores de otro signo político. La misma ideología sustentó un despliegue de políticas y espacios culturales sin antecedentes.

A esos proyectos que consideraba “lo trascendente” de un gobierno, le ponía toda su espalda política para aguantarlos. Ideas que en el día a día de la política electoral eran señalados como faraónicos, irrealizables o excesivos. No eran pocos –entre propios y ajenos– que veían ahí una caprichosa vocación por iniciar proyectos que por escala y costos podría terminar comprometiendo a quienes venían por detrás. Él argumentaba que había que gobernar con la vista puesta más allá de un periodo de cuatro años.

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Cuántos adversarios políticos se pondrían hoy colorados si les recordaran cómo se posicionaban en el pasado ante algunos de esos proyectos hoy indiscutibles. Es cierto, es la dinámica de la política, y en especial de la política electoral. Binner contaba con su convicción, el acompañamiento de las urnas y con Ángel Sciara, una figura indisoluble que además de administrar recursos generó relaciones y formó equipos dedicados durante 25 años a buscar y tramitar financiamiento internacional para concretar esas ideas.

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El nuevo hospital Iturraspe es uno de los grandes proyectos a largo plazo que Binner inició en su gobernación.

El nuevo hospital Iturraspe es uno de los grandes proyectos a largo plazo que Binner inició en su gobernación.

Ahí están los centros municipales de distrito de Rosario, el nuevo Heca en Rosario, el nuevo Iturraspe en Santa Fe, acueductos y hospitales de alta complejidad en el norte postergado –donde Vicentin pesaba más que el Estado– o en la lejana Venado Tuerto.

El líder inesperado

Podría decirse que Binner fue un líder inesperado. Si bien de larguísima militancia en el Partido Socialista, asomó cabeza recién en los 90 siendo secretario de Salud de Rosario. La caprichosa renuncia de Usandizaga a la Intendencia que le permitió al Partido Socialista Popular llegar al gobierno en 1989 y luego el cisma interno que enfrentó al intendente Héctor Cavallero con su partido, fueron los hechos “casi fortuitos” que lo subieron a la locomotora de la historia.

También fue un líder atípico. Su fuerte no era la conversación ni la oratoria, y sin embargo su impronta casi campechana, su gestualidad básica, su aura de transparencia y honestidad, su vestimenta de una sencillez franciscana, el hecho de vivir siempre en la misma casa, todo eso imantaba entre la gente de a pie y se traducía en un feeling que políticos mucho más dúctiles no lograrían ni con años de coaching.

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Su impronta casi campechana, su gestualidad básica, su aura de transparencia y honestidad, su vestimenta de una sencillez franciscana, el hecho de vivir siempre en la misma casa, todo eso imantaba entre la gente de a pie.

Su impronta casi campechana, su gestualidad básica, su aura de transparencia y honestidad, su vestimenta de una sencillez franciscana, el hecho de vivir siempre en la misma casa, todo eso imantaba entre la gente de a pie.

Hubo otra faceta que aporta a la complejidad del personaje: la correlatividad entre el Binner persona y el Binner personaje. Como señala Daniel Canabal, creador de varias de sus campañas electorales y en especial aquella primera a concejal, la percepción que la gente tenía de él era muy parecida a la real. “Aire puro para el Concejo”, fue el eslogan de aquel 1993 fundacional, que siguió con el triunfo de la Intendencia en 1995, la reelección en 1999, la derrota a gobernador en 2003 siendo el candidato más votado, la diputación en 2005, la conquista de la Gobernación en 2007, el segundo lugar con la candidatura presidencial de 2011, el triunfo a diputado nacional en 2013 y el cuarto puesto en la elección a senador nacional de 2015.

La relevancia de Binner es ineludible, pero requiere ser puesta en el contexto de un proyecto político que se inició a principios de los 70 en las aulas universitarias y cerró un ciclo en 2019 al dejar los gobiernos provincial y municipal (de Rosario). Un partido que dotó de capacidad de gestión y sustentación a su liderazgo. Durante la primera etapa de esa historia, es decir hasta 1992/1993, Binner fue un actor de reparto en el staff socialista. La oratoria y conducción política de Estévez Boero y la garra del "Tigre" Cavallero eran las que mandaban.

La ciudad

Pocas veces una ciudad cambia tanto con un gobierno como en los ocho años de Binner. No todo empezó de cero ni todo lo que empezó terminó, pero sí hubo un antes y un después en cuatro o cinco ejes centrales.

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La ciudad verde que es hoy Rosario no era tal, y la ribera del río Paraná, desde avenida Pellegrini hasta el límite norte, no era el cinturón de parques y espacios públicos que hoy conocemos, sino tierras portuarias o ferroviarias en desuso, que fueron sumadas como espacio público. Esa decisión cobra mayor relevancia cuando se entiende que ante la misma oportunidad Buenos Aires entregó esas tierras a la especulación inmobiliaria.

A eso hay que sumarle la reformulación de los grandes accesos viales a Rosario y el programa de descentralización que cambió para siempre la relación entre el Estado municipal y los ciudadanos, un hito copiado y reproducido en las principales urbes del país.

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La ciudad verde que es hoy Rosario no era tal antes de la gestión de Hermes Binner. Y todo se hizo a contramano de las políticas neoliberales impuestas en esos años 90.

La ciudad verde que es hoy Rosario no era tal antes de la gestión de Hermes Binner. Y todo se hizo a contramano de las políticas neoliberales impuestas en esos años 90.

Y si hay algo que lleva la marca de Binner es la salud pública. Fue la nave insignia de todos los gobiernos socialistas de Rosario, desde Héctor Cavallero a partir de 1989 hasta el ciclo cerrado por Mónica Fein. Binner destaca porque fue el que convocó y organizó los recursos humanos como secretario y garantizó presupuesto e inició un proceso de inversión en infraestructura como intendente.

Todo eso se hizo a contramano de las políticas neoliberales impuestas en esos años 90, con el sentido de garantizar el acceso a la salud y redistribuir riqueza por vía indirecta. Otra marca de esa etapa fue la negativa a privatizar el Banco Municipal de Rosario a pesar de las fuertes presiones y exigencias a nivel nacional.

A través del tiempo

Habiendo sido intendente en 2001 Hermes Binner nunca fue alcanzado por la ola del "que se vayan todos" y los escraches callejeros que mandaron a guardarse a los políticos.

Quizás uno de los momentos más incómodos de su carrera fue, siendo gobernador recién asumido, la resolución nacional 125 y las protestas agropecuarias, acontecimiento que fracturó la base electoral del Frente Progresista y puso en serio riesgo la continuidad del proyecto en las elecciones de 2011.

Sus dos grandes desafíos a la hegemonía del kirchnerismo no le resultaron gratis. El primero fue la demanda (ganada en 2015) ante la Corte Suprema de la Nación por los descuentos compulsivos de coparticipación del gobierno federal, al que luego se animaron otras provincias.

El segundo fue la candidatura presidencial de 2011 por el Frente Amplio Progresista, con el que consiguió el segundo lugar. Haberse puesto enfrente de Cristina Fernández dio inicio a un desestabilizador asedio político de 4 años al gobierno de Antonio Bonfatti, el delfín que Binner había dejado en la Gobernación.

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En 2011, haber enfrentado a Cristina Fernández desde el Frente Amplio Progresista dio inicio a un desestabilizador asedio político de cuatro años por parte de la Nación al gobierno de Antonio Bonfatti, el delfín que Binner había dejado en la Gobernación.

En 2011, haber enfrentado a Cristina Fernández desde el Frente Amplio Progresista dio inicio a un desestabilizador asedio político de cuatro años por parte de la Nación al gobierno de Antonio Bonfatti, el delfín que Binner había dejado en la Gobernación.

Y si hay que mencionar dos proyectos que no logró, son la ambiciosa reformulación del sistema de transporte urbano de Rosario como intendente, y el proyecto de reforma tributaria de 2008, sin dudas el más progresista de los intentos desde el retorno de la democracia, bloqueado por una alianza entre la oposición política y las principales corporaciones económicas de la provincia.

Como gobernador, el nuevo Código Procesal Penal, proceso iniciado en la gestión Obeid y puesto en marcha por el gobernador Bonfatti, tuvo la impronta fundacional que Binner le imprimía a esas transformaciones, aún cuanto tuvo que superar resistencias, reveses y conflictos.

Su gran deuda como gobernador fue la seguridad pública. Medidas más, medidas menos, el tiempo demostró que el diagnóstico de la realidad estaba equivocado y las ideas para abordar el problema estaban desfasadas de los dramáticos cambios que las economías delictivas, en especial el tráfico de drogas, provocaron en el entramado social y las fuerzas de seguridad desde los años 90.

El legado

¿Cómo perdurará el nombre de Hermes Binner en Rosario? ¿Una calle, una avenida, un edificio público, un parque? ¿Y en Santa Fe?

Cualquiera con todo derecho puede preguntarse por qué quien esto escribe da por hecho que el exintendente de Rosario y exgobernador de Santa Fe es merecedor de la memoria colectiva.

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Hermes Binner encarnó un proyecto político que generó profundos cambios, primero en Rosario y luego en la provincia.

Hermes Binner encarnó un proyecto político que generó profundos cambios, primero en Rosario y luego en la provincia.

Hay muchas respuestas para esa pregunta. En resumen, sería que se trata de un hombre que encarnó un proyecto político que generó profundos cambios, primero en Rosario y luego en la provincia. Hay un puñado de hitos en sus gobiernos, no una obra pública o un logro particular, que traspasarán los tiempos, sin que esto implique meter bajo la alfombra los problemas no resueltos o los desaciertos que todo gobernante tiene.

Y a la par de eso, sin dudas son con Carlos Reutemann las figuras más trascendentes de la política santafesina desde el retorno de la democracia. Surgidos de lugares, trayectorias e historias muy diferentes, encarnaron liderazgos políticos y personales tan exitosos como opuestos, uno sustentado en el carisma, la intuición y la fama; el otro en su formación política y su profundo humanismo.

Hermes Binner se fue. Su huella queda indeleble.

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