Kicillof suele decir “acá lo inviable es este sistema arbitrario de coparticipación de impuestos” según el cual PBA recibe 20 puntos menos de los que aporta a la administración central.
Pero inviable es también pretender gobernar un territorio que alberga al 37,2% del país (el 37% de los electores del padrón nacional), con problemas estructurales en acumulación incesante desde hace más de 40 años (50,1% de hogares pobres, 17,5% indigentes y graves deficiencias en materia de servicios públicos) y un mandatario que se enfrenta una doble oposición, la de Javier Milei a nivel nacional –con los recursos económicos y el aparato de prensa y propaganda más imponente del país– y la de su propia mentora y los legisladores provinciales que le disputan la conducción del peronismo estallado y el control del aparato estatal más importante que le queda a la oposición.
Esta será sin dudas, por lo que se juega en los dos turnos electorales (el 7 de septiembre y el 26 de octubre), la contienda más importante del año en el país, y la que decidirá la suerte del peronismo y de la Argentina para los dos años venideros.
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No porque una derrota provincial se proyecte mecánicamente sobre las elecciones ejecutivas de 2027 (de hecho, el peronismo perdió todas intermedias de los últimos 20 años), sino porque el peronismo puede quedarse sin sus dos principales candidatos: Cristina, aunque gane (lo que parece estar asegurado por los antecedentes en la tercera sección), y Axel, perdiendo o incluso ganando, pero “gracias a” y subordinado a Cristina.
Sencillamente porque, incluso en un país donde el nivel de ausentismo por desencanto promedia el 44% para las seis provincias que ya votaron y se puede ganar una elección con poco menos de un tercio de los electores del padrón (o menos, porque un tercio del 50% de votantes positivos es un 15% real), Cristina no conduce a la totalidad del peronismo –nadie en realidad–, tiene un techo rígido de no más de 30 puntos, una imagen negativa muy alta y puede que sea condenada antes de septiembre. No tiene chances realistas para las elecciones de 2027.
¿Y porque Axel, aunque parezca obvio, pierde a menos que gane? El peronismo unido ya fue vencido en 2023 y los libertarios han dado un par de sorpresas, pero Cristina va a ganar la tercera contra cualquier oponente, Nahuel Sotelo, Agustín Laje o el Gordo Dan. Si Axel gana en octubre será traccionado por la victoria de Cristina, por su generosidad militante de empujar en la sección más determinante para el resultado general; si pierde el gobernador, la única que puede elegir (otra vez) el candidato para 2027 es Cristina. Y su candidatura modifica el eje de acumulación y campaña del peronismo, ya no será Axel o Milei, sino Cristina o Milei, la reyerta en PBA girará alrededor de Cristina.
El Gordo Dan afín al gobierno de Javier Milei desafió a Cristina Kirchner y estallaron las redes: "Le gano caminando"
El líder de opinión libertario conocido como "El Gordo Dan" se autopostuló para competir contra Cristina Kirchner en las elecciones bonaerenses.
La reunión del jueves entre la ex presidenta (que fue quien marcó la cancha y luego lo citó) y el gobernador bonaerense no dio lugar a conversaciones profundas. Ni programa, ni proyecto, fue sobre el armado de las listas y un manual de buenas prácticas de convivencia coyuntural, sobre roscas por cargos seguros o posiciones expectables: en este punto está el peronismo desde 2018, por no decir desde antes.
Pero los armadores imaginan todo tipo de variantes, incluso la de un acuerdo que en 2027 presente el binomio soñado por buena parte del peronismo: Cristina candidata a gobernadora de la provincia más gravitante del país (aunque la que pone presidentes sea CABA) y Axel presidenciable y luego presidente.
Para eso, la combinación de acuerdos y resultados de 2025 debe dejar pocos heridos y contusos y cifras finales que les sirvan a los dos, con el fantasma de que el ciclo de impugnación a los candidatos ofertados y al sistema democrático se prolongue y PBA se asimile a los niveles de ausentismo de CABA, Santa Fe, Jujuy, Salta, Chaco y San Luis. Es decir, que gane alguien pero que pierdan todos, incluso los que no van a votar.
En las legislativas de 2021 (aún secuelados por la pandemia del covid), el nivel de participación fue del 72,9%, en las ejecutivas de 2023 casi el 76%; tres puntos más sin el asedio del virus y con un padrón un 10% mayor. Así como nadie se salva solo (pero puede hacerlo en grupo, clase o similar), ningún número significa ni se explica en soledad, hay que relacionarlo con otros pertinentes.
Adivinaciones, encuestas y salchichas de Viena
El sociólogo y consultor político Artemio López incorpora otra cifra que merece ser cruzada con los niveles de participación y el crecimiento del padrón electoral: el sesgo de clase del ausentismo relevado en las cinco provincias que ya votaron y representan un 23% del padrón electoral.
Consultado por AIRE, López amplió el concepto: “En las elecciones hasta la fecha, incluido Santa Fe con la cifra de ausentismo más impactante de todas, la mayor parte de los y las que se quedaron en sus casas pertenecían a clases populares, bajas y medias bajas, que es donde el peronismo tiene mejores niveles de adhesión; la única forma de revertir esa tendencia es con una campaña casa por casa, puerta a puerta, con un gran esfuerzo del aparato y la militancia, sino va a ser muy difícil sacar una gran diferencia en la tercera o ganar la primera sección electoral, donde se acumulan casi 10 millones de electores”.
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Artemio López, sociólogo y director de la Consultora Equis.
Sobre el desdoblamiento de las elecciones, el consultor opinó que “desdoblar fue un error, pero no por si nacionaliza o provincializa el debate, sino porque si la gente no va ni una vez a votar, imagínate dos”.
Sobre la decisión de Cristina y el tema de la emancipación política del gobernador, López expresó que “lo que resolvió Cristina me parece correcto, sólo una figura con esa potencia podía revertir la apatía en una sección donde gana seguro, pero hay que conseguir una buena ventaja”.
En las ejecutivas de 2023, en esa sección, el peronismo dobló en votos a Milei, y es lo que debiera volver a suceder, porque “creo que lo más lógico es que se pierdan 7 de las 8 secciones, y la primera –que también representa casi 5 millones de votos– no está asegurada”.
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Consultado sobre algún resultado que posibilite candidaturas ejecutivas de quienes hoy se disputan listas y conducción, el consultor dijo que “no lo veo viable, es imposible predecir el futuro y las encuestas son como salchichas de Viena: hay que comerlas sin indagar cómo se hacen o no comerlas. Yo creo que el escenario de 2027 puede ser completamente diferente al de hoy, y eso incluye los candidatos. Axel, y esto es una apreciación personal, se apuró a forzar el recambio de liderazgo a disputar la conducción, ahora tiene que resolver esto de alguna manera”.
Y la única manera para conservar poder y negociar en pie de igualdad con la ex presidenta y La Cámpora, de sostener sus aspiraciones presidenciales, es ganar en octubre, incluso por un voto.
Reducción electoral sobre un colchón de fina indiferencia
En su libro “El kirchnerismo desarmado”, el historiador y ensayista Alejandro Horowicz repasa las cifras que encarnan el desencanto electoral por una democracia que no es capaz de garantizar los beneficios que el preámbulo de la Constitución pretende asegurar a todos los habitantes de la Patria.
“Yo nunca condené al kirchnerismo de antemano, ni siquiera a Alberto Fernández, todos tuvieron su oportunidad para enfrentar al bloque de clases dominantes, de no ejecutar su programa y ampliar su propia autonomía política, pues bien fracasaron” y eso contribuyó a vaciar de contenido y potencia una herramienta que hoy padece –como también La Libertad Avanza– los efectos de la deslegitimación del orden político.
En las últimas tres PASO, los votos fueron decayendo notablemente: Milei sacó 4,5 millones de votos, menos de los que sacó Scioli en 2015, pero con un padrón más grande. En las elecciones de 2019, los Fernández sacaron 55 mil votos menos que Macri en 2015, con 2,3 millones más de votantes. Lo que se ve ahí es como se desangran electoralmente oficialismo y oposición. Y ninguno de los tres últimos presidentes se puede presentar a elecciones pues perderían en primera vuelta, no entrarían a ningún balotaje.
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Para Horowicz, “la gente se queda en la casa porque sabe que votar a uno y otro no hace ninguna diferencia, es el balance mudo que la sociedad argentina tiene –no sólo del peronismo y el fallido del Frente de Todos– sino de todos, y hasta que no haya un buen diagnóstico de ese fenómeno, la democracia seguirá en retroceso y repitiendo la misma partitura que se toca desde 1976”.
Antes del balotaje de 2023 decíamos que ganase quien ganase, se estaba votando un ajuste, el mínimo posible o el máximo. Que los trabajadores habían perdido más de $1 millón con Macri, $241.780 con Alberto y Cristina Fernández y que nadie ganaba elecciones con el slogan “con nosotros perdiste o vas a perder menos que con los otros”.
Hoy los trabajadores registrados (la mitad de los totales) llevan perdidos con Milei más de $2 millones si son privados y más de $6 millones si son estatales. ¿Qué votarán los bonaerenses? ¿Qué configuración del peronismo asomará después de octubre? Y por la onda expansiva de ese resultado, ¿qué será de todos nosotros?