Nunca conviene mezclar (en ningún orden de la vida) y es seguro que "Dibu" Martínez es un especialista en penales, pero no en variables económicas. También está cantado que su sensibilidad social será capitalizada por la política de demolición persistente de los medios opositores al Frente de Todos, porque hasta militaron contagios y muertes por covid y porque el notable arquero argentino tiene razón. La tiene en términos generales, porque no son 45 millones les argentines que la pasan mal económicamente, pero sí el 44,6% (38,9% pobres y 9,4% indigentes). O sea, unos 22 millones que no llegan a cubrir la canasta básica alimentaria y van a pasar la Navidad con más privaciones de las que deberían, con un gobierno peronista en la conducción del Estado, aunque no el poder.
"Dibu" Martínez no debe saber que la Oficina de Presupuesto del Congreso Nacional (OPC) actualiza mensualmente la ejecución presupuestaria del Estado Nacional. Tiene que analizar a los delanteros y ejecutores croatas, pero nosotros sí nos ocupamos y volvemos a publicar las cifras devengadas a noviembre de 2022, para sacar algunas conclusiones importantes.
En el mes de noviembre, el gasto devengado fue de $1.518.146 millones, un 31% mayor al del mismo mes de 2021 y un 10,8% mayor que el mes de octubre. Pero si –estipulando y a la espera del dato oficial del Indec– consideramos una inflación mensual del 6,3% para noviembre y un acumulado anual del 94,8%, la reducción del gasto en términos reales (un compromiso de hierro asumido con el FMI) es del 32,7% interanual.
Siempre según la OPC, en octubre el retroceso interanual fue del 20,2% y en el mes de agosto del 19%, es decir que –con las cifras de pobreza e indigencia apuntadas– el gobierno acelera el recorte del gasto público. Parece superado el debate acerca de si el acuerdo con el FMI es o no inflacionario o si es razonable (en términos de justicia social y hasta de cálculo electoral) mantener el sobre cumplimiento de las metas con el FMI. Desde la llegada de Massa al Ministerio de Economía y con la acumulación de reservas como prioridad absoluta, las objeciones a la política económica se han desplazado hacia la caída del salario real, que ya lleva 5 años consecutivos y se verifica (aunque en niveles muy inferiores a los del macrismo) en los primeros tres trimestres de 2022.
Ya con el 85% de las paritarias cerradas y los bonos de fin de año (pagaderos en cuotas o bien completos, pero a cobrarse en enero 2023), la consultora MATE pronosticó que el valor del salario real para toda la economía –incluyendo privados, estatales e informales– cerrará el 2022 en un valor equivalente al del 2003, es decir a niveles pre kirchneristas.
Tampoco se debate ya –su aprobación luego de gobernar un año con presupuesto prorrogado es hito suficiente– si el presupuesto 2023 profundiza el ajuste del gasto (su ejecución estará sujeta a decisiones políticas de coyuntura electoral), cuando quedó claro que el 84% de las áreas de la Administración Pública Nacional (APN) tendrán menos fondos, descontadas la inflación proyectada, particularmente las prestaciones sociales que caen un 2,8%, un recorte el 0,5 puntos del PBI.
Una humorada desafectivizada recorre la City porteña (lugar desafectivizado si los hay) y es que “el kirchnerismo realmente existente es Massa con sus mil tipos de cambio”, mucho más después del renunciamiento de Cristina, el reservorio último de las expectativas populares.
Insert sobre el punto: la mismísima vicepresidenta repele tanto las candidaturas como la afirmación anterior. Sabe que todas las expectativas populares de un retorno a los años felices se concentran en ella y le ordena (“menos demostraciones de amor en las redes, pónganse a laburar”) a sus referentes delegados que crezcan mientras ella “arrastra la marca”, lo mismo que intenta Messi mientras sus compañeros se empeñan en buscarlo todo el tiempo, incluso cuando –como Cristina- está rodeado. De ambos se esperará siempre una jugada salvadora, un salvoconducto a la felicidad. Ojalá.
Si la orientación de la gestión no cambia, cuesta imaginar un leit motiv de campaña que –además de haber sobrevivido a la pandemia reduciendo daños en muertes y contagios– pueda extraer alguna dosis de mística de los principales indicadores de la economía.
Juntos por el Cambio confía en el cambio civilizatorio que el FDT no acierta asimilar, mientras sigue por fuera de todo pacto democrático posible, empeñado en una estrategia abiertamente destituyente y tramada por el odio ideológico y político, persiste en que “mejor que prometer es amenazar”.
Si hoy la estás pasando mal, cuando seamos gobierno privatizamos todas las empresas públicas, terminamos con los planeros piqueteros (liquidando el Potenciar y achicando la Terjeta Alimentar, ya de hecho pulverizada por la inflación) y echamos 1 millón de estatales.
Macri ya sabe que no podrá hacer tanto daño, la voracidad de los Excel del exministro de Modernización Andrés Ibarra se topó en 2016 con que los empleados del estado nacional eran menos de 300.000 y que entre kirchneristas, peronistas de izquierda, troskos y otras expresiones asimilables a la “grasa militante” no llegaban ni a 10.000. Pero electorado macrista no hace esas cuentas, odia grosso modo.
Qué pasa con los programas Potenciar Trabajo y Tarjeta Alimentar
Párrafos finales para el gasto social devengado, particularmente los dos programas de mayor impacto en el gasto: el Potenciar Trabajo (con 1.362.125 beneficiaries de les que el 64% son mujeres) y la Tarjeta Alimentar (con 2.413.316 beneficiaries, el 93% son mujeres).
Si bien el gasto ejecutado se incrementó en noviembre (un 38,8%) y se incrementó más de un 100% por encima del mismo mes de 2021, la crisis desatada por la judicialización de las asignaciones del Potenciar Trabajo –inexplicable dada la situación actual, el impacto marginal respecto del PBI, el mes del año y la filtración maliciosa de los listados desde operadores cercanos a Alberto hacia medios nacionales- produjo un “ahorro” de $45.000 millones, un 3% del gasto total y un 0,2% del PBI, con un impacto decisivo en la baja del gasto y devastador en les beneficiaries que cobran por todo concepto, la mitad de un Salario Mínimo (seguro), Vital (ni a palos) y eso sí… móvil, pero por debajo de la inflación.
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