A medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y el inicio de la dictadura cívico-militar, el historiador Mario Andino propone ampliar la mirada y situar los hechos en un proceso histórico más abarcativo. Para el especialista, entender la irrupción militar implica retroceder en el tiempo y analizar transformaciones que se gestaron décadas antes.
“Para entender el golpe militar de marzo de 1976 hay que empezar un poco antes. Hay que hacerlo en el tiempo largo o mediano”, plantea en diálogo con AIRE.
Contexto, violencia y crisis, las causas que llevaron al poder a la dictadura militar en 1976
En ese sentido, Andino ubica el punto de partida en el escenario internacional de la posguerra. “Después de la Segunda Guerra Mundial quedaron conformados dos grandes bloques: el capitalista y el comunista, liderado por la Unión Soviética. En el medio estaban los países del Tercer Mundo, que buscaban su emancipación”, explica.
En América Latina, ese contexto favoreció la expansión de ideas de izquierda. La Revolución Cubana, señala, “marcó la llegada al continente de un ejemplo posible de revolución socialista” y contribuyó a la radicalización política en toda la región y al surgimiento de la violencia.
Radicalización política y surgimiento de la violencia
En la Argentina, ese proceso encontró condiciones particulares. “Desde 1955 el peronismo estaba proscripto y una parte importante de la sociedad no podía expresarse políticamente”, indica Andino.
Ese escenario, explica, dio lugar a una doble dinámica: “Por un lado, la resistencia peronista tradicional; por otro, el surgimiento de una nueva izquierda. Así comenzó a confluir una masa ideológica heterogénea, con fuerte protagonismo juvenil”.
Durante la década de 1960, en un contexto de democracia restringida, se profundizó la conflictividad. El golpe encabezado por Juan Carlos Onganía en 1966 buscó frenar esa radicalización, especialmente en el ámbito estudiantil.
Sin embargo, el efecto fue el contrario. “Durante ese período crecieron las organizaciones armadas”, señala Andino. Entre ellas, menciona a Montoneros y al ERP, este último más vinculado a la izquierda revolucionaria clásica. “La experiencia cubana funcionó como inspiración para ambos”, agrega.
Protesta social y fractura del peronismo
A la expansión de las organizaciones armadas se sumó un ciclo de protestas sociales que debilitó al gobierno militar. El punto más alto fue el Cordobazo, que abrió el camino hacia la salida electoral de 1973.
En ese contexto, el regreso de Juan Domingo Perón generó una confluencia de sectores diversos dentro del peronismo, nucleados en el Frente Justicialista de Liberación. “La llegada de Cámpora generó un clima de festejo por el retorno democrático, pero también puso en evidencia la convivencia de dos proyectos distintos”, explica Andino.
Esa tensión estalló en la Masacre de Ezeiza y se profundizó con el regreso definitivo de Perón al poder. Tras su muerte, el gobierno de Isabel Martínez de Perón quedó atravesado por una creciente violencia.
Escalada represiva y crisis económica
Entre 1974 y 1975, el país ingresó en una espiral de enfrentamientos. “Se consolidó un clima de violencia entre el peronismo ortodoxo y las organizaciones revolucionarias. Hubo más de 1500 víctimas”, detalla el historiador. En ese contexto actuó la Alianza Anticomunista Argentina, que persiguió y asesinó a militantes e intelectuales de izquierda.
Además, el Estado desplegó acciones represivas como el Operativo Independencia en Tucumán, donde ya se registraban detenciones ilegales y torturas. A este escenario se sumó una fuerte crisis económica. “La inflación se disparó, hubo cierre de fábricas y desempleo. El Rodrigazo agravó aún más la situación”, señala Andino.
Un golpe militar que no fue sorpresivo
Para el historiador, la combinación de violencia política, crisis económica y debilidad institucional generó un clima social propicio para la irrupción militar. “Todo ese escenario facilitó la idea de que era necesario ‘poner orden’. Por eso, cuando llegó el golpe, no fue una sorpresa. Era algo que muchos actores políticos y sociales ya anticipaban”, afirma.
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Incluso, agrega, hubo sectores que acompañaron esa expectativa: “Parte del empresariado, de la Iglesia y de la dirigencia sindical vieron con buenos ojos la posibilidad de un golpe”.
Un fenómeno regional y un proyecto económico
El golpe de 1976 también se inscribe en un proceso regional más amplio. “Brasil en 1964, Chile en 1973 con Pinochet, Uruguay y Bolivia: había una avanzada de dictaduras militares en América Latina”, explica.
En el plano económico, Andino sostiene que la dictadura inauguró un nuevo modelo en la Argentina. “Se trató de un esquema de corte neoliberal, influenciado por la Escuela de Chicago, centrado en la valorización financiera por sobre la producción”.
Uno de sus rasgos distintivos fue el endeudamiento externo. “La deuda pasó de 7.000 millones de dólares a más de 60.000 millones al retorno de la democracia”, detalla.
Un aparato represivo clandestino y sin límites
Finalmente, Andino advierte que, aunque la violencia era parte de la vida cotidiana antes del golpe, hubo un aspecto que no fue anticipado. “Se abrían los diarios y había noticias de atentados, asesinatos y persecuciones. La Triple A actuaba abiertamente y ya existían prácticas represivas”, señala.
Sin embargo, concluye que “lo que no se imaginaba era la magnitud del sistema represivo que se instalaría después: un aparato clandestino, organizado y oculto, diseñado para operar fuera de la vista de la sociedad”.
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