martes 24 de noviembre de 2020
Política | Inflación | tarifas | Massa

Ajuste fiscal y cambios de gabinete: los reclamos que acechan a Fernández en medio de la crisis cambiaria

Empresarios y bonistas extranjeros reclaman un cambio de timón, no sólo en lo económico, sino sobre todo político que dote al gobierno de confianza y credibilidad. Una receta que combine un replanteo en el gabinete y un plan monetario y fiscal acorde con los planteos del FMI.

En el gobierno de Alberto Fernández predominan la preocupación y el desánimo ante la falta de resultados del paquete de medidas que lanzó el ministro de Economía, Martín Guzmán, para contener la escalada del dólar blue, que esta semana finaliza con una brecha del 130% respecto del dólar oficial. El ministro pide tiempo: está convencido que en el corto plazo las medidas impartidas desde su cartera darán sus frutos. El presidente Fernández, quien empoderó a Guzmán en detrimento del titular del Banco Central Miguel Pesce, mantendrá a su ministro como capitán del equipo económico y no apurará ningún cambio drástico en lo inmediato. Sin embargo, sabe que cuando las turbulencias cambiarias acechan, el tiempo es tirano.

Empresarios y bonistas extranjeros reclaman un cambio de timón, no sólo en lo económico, sino sobre todo político que dote al gobierno de confianza y credibilidad. Una receta que combine un replanteo en el gabinete y un plan monetario y fiscal acorde con los planteos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que reclama una “hoja de ruta” consistente para la salida de la crisis.

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La urgencia apunta a frenar la fuerte emisión monetaria que se destinó a financiar el déficit fiscal, agravado por los efectos de la cuarentena. Para ello deberá bajar el gasto público y, con ese objetivo, el Gobierno tiene previsto adoptar tres medidas: por un lado, acotará los gastos del IFE 4 y del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP); por el otro, introducirá por ley una nueva fórmula de actualización de las jubilaciones y, por último, actualizará el valor de las tarifas de energía.

“Hay una búsqueda de ir a una convergencia de emisión monetaria más sensata para que el IFE, el ATP y la futura fórmula de cálculo de los haberes jubilatorios tengan un esquema de sustentabilidad fiscal”, aseveran en la Casa Rosada. Todavía no está confirmado el pago del IFE 4 en noviembre, pero en caso de darle continuidad, será acotado solo “a los más necesitados” y con “contraprestaciones laborales”, agregan.

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La urgencia apunta a frenar la fuerte emisión monetaria que se destinó a financiar el déficit fiscal, agravado por los efectos de la cuarentena.

La urgencia apunta a frenar la fuerte emisión monetaria que se destinó a financiar el déficit fiscal, agravado por los efectos de la cuarentena.

En cuanto a las futuras jubilaciones, la discusión promete ser ardua en el Congreso. La fórmula que había eliminado el gobierno de Alberto Fernández en diciembre pasado estimaba los aumentos jubilatorios en base a los índices de la actualización de salarios y la inflación. La suba de precios galopante hizo insostenibles los aumentos. Lo único seguro ahora es que la nueva fórmula no tendrá como base de cálculo a la inflación, sino a los índices salariales y de recaudación fiscal, fórmula que imperó durante los últimos años de gestión de Cristina Kirchner. La oposición de Juntos por el Cambio anticipó su rechazo: sostiene que los haberes jubilatorios perderán frente a la inflación.

Respecto de las tarifas, Guzmán lo anticipó con la presentación del presupuesto 2021: a partir del año que viene, si la pandemia así lo permite, volverán los aumentos de las tarifas de los servicios de gas y de luz que llevan casi dos años congelados. El aumento rondará el 30%, pero la intención del Gobierno –y en ello está trabajando con los representantes del sector- es que los sectores de mayor poder adquisitivo y mayor consumo tengan que hacer frente a un aumento mayor que el de la inflación con el fin de compensar a los sectores medios y medios bajos que dejarán de percibir los subsidios.

Esta semana creció la versión del ingreso de Sergio Massa –el tercer socio en el trípode de poder en el Frente de Todos- en el gabinete. Massa lo niega de manera rotunda.

Sin embargo, estas decisiones no parecen atenuar la sensación de crisis e incertidumbre que domina la economía. “El problema es político”, es la frase trillada que se escucha en la oposición y entre los hombres de negocios. Un dato que no pasa desapercibido en esas usinas es el silencio de Cristina Kirchner y su faltazo en el acto conmemorativo del 17 de octubre, el sábado pasado. Los rumores, crecientes, hablan de que Fernández y Cristina Kirchner no se hablan hace tiempo. Esos mismos rumores, alentados desde el Instituto Patria, indican que la vicepresidenta cuestiona la falta de gestión del Presidente; hace tiempo que reclama cambios en el gabinete, pero Fernández resistió (por ahora) sus embates.

Esta semana creció la versión del ingreso de Sergio Massa –el tercer socio en el trípode de poder en el Frente de Todos- en el gabinete. Massa lo niega de manera rotunda. El tigrense no disimula su preocupación por el rumbo del gobierno; esta semana mantuvo un diálogo de más de cinco horas con el Presidente. Massa, que ya había tenido gestos de diferenciación con algunas políticas del kirchnerismo –resistió la estatización de Vicentin, cuestionó la liberación de presos durante la cuarentena y criticó una eventual ampliación de la Corte-, convocó para el mes próximo a un congreso del Frente Renovador, que lidera. El objetivo es reafirmar la identidad del partido, sin romper con el Frente de Todos, pero con un mensaje claro hacia sus socios de la coalición: hay que tender hacia el centro. “De lo contrario vamos a perder las elecciones”, advierte.