jueves 9 de abril de 2020
Policiales | Narcotráfico |

Triple crimen en Rosario: una larga historia vinculada con el narcotráfico

El clan Albornoz fue pionero en la instalación de laboratorios de cocaína en el noroeste de Rosario. El nieto de Caracú, de 72 años, fue acribillado anoche junto con su pareja y su beba de un año y medio

Desde hace casi 20 años, este clan familiar que fue moviéndose en la ciudad de acuerdo a la intensidad de las balas, nunca fue desarticulado por la Justicia Federal, a pesar de que desde siempre estuvieron en los radares del Estado. La muerte retroalimentó la historia de esta familia, tanto como víctima como gestor de la violencia que gira en torno al narcomenudeo.

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Miguel Ángel Albornoz, alias Caracú, es el abuelo de Christopher, el muchacho de 21 años que manejaba la moto que fue arrasada por los disparos de una ametralladora provocándole la muerte a este joven, a su pareja Florencia Corvalán y a la bebita de un año y medio Chelsi.

Miguel Ángel Albornoz, alias Caracú, es el abuelo de Christopher, el muchacho de 21 años que manejaba la moto que fue arrasada por los disparos de una ametralladora.

Caracú dominó la zona de Empalme Graneros, un barrio históricamente pobre, atravesado por las falencias urbanas y las carencias sociales, con otro jugador de peso en ese periodo de prehistoria del narcotráfico en Rosario, Roberto del Valle Padilla Echagüe, conocido como Tuerto Boli, que fue asesinado el 4 de diciembre de 2012.

Ambos fueron los primeros que decidieron cristalizar la pasta base que venía de Bolivia, y acortar los costos y ampliar los dividendos de un producto final que se vendía en los búnkeres de la zona, donde los disparos de 9 milímetros ordenaron un negocio emergente, que incluía enfrentamientos entre los dos clanes.

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Los herederos

La posta del emprendimiento de Caracú, un hombre longevo para este negocio ilegal, cumplirá 72 años el próximo 8 de julio, la tomaron sus hijos, Miguel Ángel y Gustavo. A pesar de estar hace tiempo en los radares de la policía y la justicia, recién en abril pasado enfrentaron 17 allanamientos en propiedades de Rosario y Granadero Baigorria.

Pero el operativo no dio muchos frutos en cuanto a secuestro de estupefacientes. Están en libertad aunque la causa que investiga la fiscal Adriana Saccone continúa.

Ya habían sido detenidos en mayo de 2013, pero también fueron liberados por falta de mérito, aunque el capo de la banda Leonardo Popea, fue condenado cuatro años después a ocho años de prisión en un juicio abreviado.

Gustavo Albornoz, hijo de Caracú, fue detenido en 2017 en un allanamiento en su casa en Ecuador 200 bis, pero sólo se encontró un arma, y casi nada de droga.

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Los niños y sus trágicas historias

Su hermano Miguel Ángel tuvo una histórica relación de afinidad con la barra de Rosario Central. Era dueño de un búnker en Mansilla al 300 bis, donde en junio de 2015 ocurrió un hecho trágico, que provocó conmoción. Fue asesinado un chico de 12 años que custodiaba el búnker de Albornos arriba del techo. El pibe tenía un brasero para calentarse del frío. Desde una moto le dispararon y lo mataron de un tiro que le entró en el ojo.

El hermano de 10 era quien entregada las dosis a los compradores de cocaína que llegaban al barrio. El nene estaba encerrado en el búnker con un perro Rottweiler.

El hermano de 10 era quien entregada las dosis a los compradores de cocaína que llegaban al barrio. El nene estaba encerrado en el búnker con un perro Rottweiler.

En otro búnker de la banda habían asesinado tres años antes a Javier Alegre, de 25 años, que custodiaba el punto de venta de Felipe Moré y Humberto Primo.

El 9 de febrero de 2017 otro menor fue víctima de estas batallas demenciales por territorio, cuando asesinaron a Kevin Aguirre, un chico de 16 años. Los familiares incendiaron el búnker como respuesta y con impotencia. Pero esa postal ya había girado en el barrio desde hacía tiempo, porque el búnker de Magallanes al 300 bis fue derrumbado varias veces, una de ellas, con la puesta en escena del propio ex secretario de Seguridad Sergio Berni en 2014, luego de que ese punto de ventas fuera allanado por la Prefectura. Pero las muertes y los búnkeres siguieron funcionando y provocando dolor en ese barrio atravesado por las carencias.

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