miércoles 8 de abril de 2020
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Surgen detalles de un brutal secuestro y asesinato de 2014 en diálogos de implicados por el ataque al Casino

Hace cinco años, encapuchados se llevaron a un hombre de su casa en Roldán, lo acribillaron y lo tiraron en la autopista a Córdoba. La pesquisa sobre el ataque homicida al City Center indica que ese individuo apodado "Diente", al que robaron una fuerte suma antes de liquidarlo, era de Los Monos. Y que "Cachete" Díaz, detenido por la balacera a la casa de juego, quiso recuperar en agosto pasado aquel monto sustraído, en nombre de "Guille" Cantero.

En el atentado homicida al casino de Rosario de hace nueve días asoman hechos impactantes de la criminalidad pasada donde la ferocidad de las bandas criminales, sus transacciones y sus venganzas suenan con el chasquido de un latigazo. Hechos misteriosos de hace años enterrados en el olvido se destapan ahora en las voces de los acusados del ataque al mayor centro de juego de Latinoamérica. Algunos son episodios recientes como las balaceras, a partir de octubre, contra los domicilios de nueve miembros del Sindicato de Peones de Taxis. Otros son casos más densos que delatan el motivo excluyente de la guerra entre las bandas: el dinero. Los años pasan pero lo que queda como constante es la presencia de Los Monos.

Dos de los balazos de la arremetida contra el casino dieron en la cabeza de Enrique Encino, un hombre de 64 años que se había asomado al balcón la noche del sábado 11 de enero, cuando desde un vehículo en movimiento por la calle Moreno partieron los disparos. Por ese hecho quedó imputado Maximiliano Díaz, alias "Cachete", de 31 años. Según la evidencia expuesta en la audiencia Cachete era el que organizaba para Guille Cantero, jefe de Los Monos detenido en la cárcel de Marcos Paz, las balaceras contra taxistas, a fin de que estos pagaran un monto mensual para poder trabajar, una variante de la protección mafiosa atribuida a la banda rosarina.

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Por ese motivo, venían siguiendo desde agosto a "Cachete" desde una fiscalía rosarina, la PDI y el Organismo de Investigaciones. Fue entonces que un investigador recordó que el apodo le sonaba de dos meses antes. Así fue que localizaron el legajo de una denuncia de un hombre, Rodrigo F, que vivió una pesadilla tras publicar el aviso de venta de una Toyota Hilux y dejar su celular en Rosario Garage, un sitio online muy utilizado para la compraventa de automotores.

“Amigo soy el Guille. No tenés más tiempo, quiero la chata y 20 mil dólares, el diente era gente nuestra y vos le robaste la plata, vos savee con quien te metiste, asemo todo x las buena o vos ya save… 20 mil dólares”.

A los dos días Rodrigo F. recibió un mensaje de WhatsApp de un interesado en su camioneta que le proponía un encuentro en un cruce de rutas de la ciudad de Roldán, a 20 kilómetros de Rosario. Rodrigo esperó allí largo rato sin que nadie apareciera y decidió volver. Cuando llegaba a su casa un Ford K negro patente AA 161 XJ le salió al cruce. Sus ocupantes no fueron amables.

“Venimos de parte de Guille Cantero”, le dijo uno de ellos. “Vos te quedaste con un vuelto que había en la casa del Diente, la que estaba enterrada. Sabemos que tenés una casa en la costa, mujer, una hija. Tenías forraje y le cortabas el pasto al Diente. Dame tu número de celular que Guille se va a comunicar con vos”.

Al día siguiente apareció un primer texto en el WhatsApp de Rodrigo F. “Amigo soy el Guille. Amigo te mandé el mensaje con los pibes, recibiste el mensaje”. Enseguida hubo un segundo. “No tenés más tiempo, quiero la chata y 20 mil dólares, el diente era gente nuestra y vos le robaste la plata, vos savee con quien te metiste, asemo todo x las buena o vos ya save… 20 mil dólares”.

Lo que afloró con la mención de "Diente" fue la clara huella de un suceso brutal ocurrido hace casi seis años. El 18 de agosto de 2014 un conductor vio a un hombre de espaldas, con el torso desnudo e inmóvil en la autopista a Córdoba, a seis kilómetros del acceso a Rosario. Tenía ocho balazos en el cuerpo. Horas, antes hombres encapuchados habían entrado a su casa de Roldán, lo habían sacado a la rastra y se lo habían llevado a empujones tras dejar maniatada con precintos plásticos a su novia. Los diarios del día siguiente señalaban que el asesinato tenía toda la impresión de ser una venganza ligada al narcotráfico.

Se llamaba Maximiliano Alejandro Rodríguez, tenía 33 años y lo apodaban “Diente de Lata”. Era oriundo de barrio Tablada. Había estado preso junto a su hermano por matar a Sergio Romero en junio de 2004, líder de otro grupo, cuando ya arreciaban en el sur rosarino disputas sangrientas por narcomenudeo.

Enterrado en el jardín

La novia de "Diente de Lata" contó que los que se lo llevaron habían revuelto cada rincón de la casa dos plantas en el loteo Costa Azul de Roldán durante 45 minutos. También estuvieron desenterrando algo del jardín con pileta. Luego arrancaron con el cautivo en un VW Vento gris. Un artículo del diario La Capital consignaba dos días después que ese vehículo apareció abandonado con manchas de sangre en Pasco al 6300, “a metros de una de las viviendas de Esteban Lindor Alvarado”, una figura central del hampa rosarina, enemigo de Los Monos.

“Tienen todo tarifado, adentro y afuera, no se les escapa nada”, comentó el testigo. “Nadie trabaja ahí si no les paga a Los Monos. Les cobran a los taxistas y a remiseros, a los cuidacoches"

Más de cinco años y medio después, en la investigación del casino, un chorro de luz alumbra el destino de "Diente" y sus relaciones. En el llamado extorsivo recibido hace cinco meses por el vendedor de la Toyota Hilux los investigadores se centran en ese Ford K negro de donde bajaron los que le dijeron a Rodrigo F. venir de parte de Guille Cantero y que buscaban el vuelto de la casa de "Diente", "la que estaba enterrada".

Un informe de la sección Operativa de PDI, la nota 500/19, incluye una foto del Ford K dominio AA161YJ, y junto a él la imagen de Maximiliano Díaz, alias "Cachete". Es el mismo vehículo del que éste se bajó hace ocho días junto a su pareja cuando la TOE llegó a detenerlo a diez cuadras del centro de Rosario. En la audiencia imputativa celebrada dos días después el fiscal Luis Schiappa Pietra mencionó al pasar el caso de "Diente". Y también sostuvo que "Cachete" era quien se dedicaba a apretar a los miembros del gremio de taxistas para que pagaran si no querían represalias. “Si no hay plata, hay balas”, fue lo que le dijo al teléfono de Luciano L., uno de los que ante la negativa encontró acribillado el frente de su casa.

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El dinero es el elemento siempre presente en los modales zigzagueantes de la violencia. Es lo que aparece como explicación de la lógica de un secuestro brutal y asesinato aún impune de hace cinco años. O lo que queda claro que se busca en la oferta de protección mafiosa a distintas actividades económicas. Algo que, como entienden los taxistas baleados en los últimos tres meses en Rosario, implica riesgos para el que se disponga a dar detalles.

Lo recordaba un empleado judicial que investigó a Los Monos en la causa que llevó a la primera condena de 25 personas de la banda. Fue hace seis años. Un testigo algo flojo de papeles en otra causa fue convocado a declarar. Le empezaron a preguntar lo que sabía del dominio de los líderes de la banda en la zona del casino de Rosario.

El cajón

“Tienen todo tarifado, adentro y afuera, no se les escapa nada”, comentó el testigo. “Nadie trabaja ahí si no les paga a Los Monos. Les cobran a los taxistas y a remiseros, a los cuidacoches. Ahora están planeando cobrarle a los colectiveros, te balean un colectivo como advertencia y entonces si querés tranquilidad tenés que empezar a ponerte. También les sacan a los usureros que prestan a los apostadores porque les aseguran la cobranza. Imagínese que te llama alguien que dice ser Guille y te dice que pagues. ¡Te meas encima!”.

Uno de los empleados le hizo saber que sería muy interesante, incluso para su futuro en el trámite donde estaba más complicado, si podía declarar eso en la causa de Los Monos. El testigo sonrió levemente, levantó los ojos y dijo. “¿Y usted me paga el cajón?”

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