Los medios de comunicación porteños hacen su show en Rosario, donde por la escalada de violencia desembarcaron periodistas con cascos en medio de operativos policiales en barrio Las Flores, mientras otros otros hablan de que la ciudad está en guerra. Mezclan conceptos, estigmatizan territorios donde la mayoría de los vecinos dedica su vida a trabajar, a estudiar, y desarrollan sus tareas con normalidad.
Es cierto que en los últimos días el miedo inunda lugares insospechados en virtud del crimen de Enrique Encino en el Casino City Center, circunscripto específicamente a una metodología extorsiva mafiosa con actores definidos, pero Rosario no es Sinaloa, como lo aclaró el ministro de Seguridad, Marcelo Saín. Al menos el 25 por ciento de los 21 homicidios estuvo ligado a conflictos interpersonales, lejos de ser el resultado de ajustes de cuentas, drogas u organizaciones criminales.
Para delimitar algunas cuestiones es necesario dejar en claro que no se trata de más o menos homicidios, aunque las 21 víctimas en apenas 19 días preocupen. Es el peor registro en los últimos cinco años, superando a los 20 muertos que se contaron en 2015 en el mismo lapso. Sin embargo, hay que observar en qué contexto ocurrieron, analizar cada caso con sus motivaciones: crimen organizado, droga, ajuste de cuentas, problemas interpersonales, riñas, atentados contra la integridad de las persona por robos o arrebatos. Todas las variables estuvieron presentes.
Cada caso con sus motivaciones
El 1º de enero murió apuñalado Raúl Orellana, de 32 años, en Centeno y Rodriguez. El hecho se dio en una riña callejera, con ese desenlace fatal atado a conflictos interpersonales. Lo mismo habría ocurrido con el asesinato de Jhonatan Ezequiel Ancharano, de 23 años, que murió por un disparo en el tórax y en el brazo izquierdo. Lo atacaron en Pasaje 503 y Pavón, zona sur. En ese caso se detuvo a un sospechoso, familiar de la víctima de otro crimen ocurrido el 8 de enero en Alzugaray al 900. Resquemores familias que dirimieron a los tiros.
La muerte del gendarme Rubén Darío Soto, de 45 años, el 4 de enero en el parque de la cabecera del puente Rosario Victoria mientras tomaba mate con su esposa arriba de un auto, es un nítido ejemplo de inseguridad. Lo balearon en el pecho luego de repeler el ataque de un delincuente que lo abordó con fines de robo. Producto del tiroteo, el delincuente y cuarta víctima fatal del año, fue encontrado a 200 metros del lugar del hecho con heridas de bala en las piernas. Fue identificado como Emanuel Chazarreta.
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Al otro día murió Lucas Velasco, de 26 años, al recibir una herida de arma blanca en el tórax tras discutir con otro joven en Gaboto y Río de Janeiro. Se tenían pica desde hacía rato y ya se habían amenazado mutuamente. También se dijo que la víctima quiso robarle el celular al agresor, detenido unas horas después. En al menos cuatro de los primeros homicidios no hay relación con la criminalidad organizada, sino con problemáticas interpersonales.
El 6 de enero ocurrió un homicidio más complejo. A Kevin García, de 17 años, lo balearon en la cabeza en Racedo al 4400. Según la pesquisa lo atacó un grupo indeterminado de personas que pasó en auto por el lugar. No se sabe si el objetivo puntual era matar a ese chico, amedrentar a otra persona. Según la Fiscalía fue un réplica a tiroteos registrados en las primeras horas del año en el barrio Bella Vista. En este conflicto sí aparece la arraigada la hipótesis de disputas territoriales por la venta de droga.
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Esa misma motivación atravesó los dos homicidios del 7 de enero. El de Nelson Barreto, de 18 años, que falleció luego de ser atacado a tiros en 27 de Febrero y Brasil. Aunque no quedó claro el móvil, ya que después de haber pactado con una mujer la venta de un par de zapatillas a través de Facebook, dos personas con el rostro cubierto se acercaron a bordo de una moto y le dispararon en el rostro. Cuando cayó al piso lo remataron con otros dos balazos.
En el asesinato de Leonardo Ponce, de 34 años, casi no hubo dudas de un ajuste cuentas por negocios relacionados a la escena delictiva local. El hombre recibió un llamado telefónico, salió de su casa en calle Oncativo al 2900, y en ese marco fue asesinado a balazos y cuchilladas. Tenía antecedentes por robo y había salido en octubre de la cárcel tras purgar una condena a 5 años y medio de prisión. Era un alfil del asesinado empresario de la noche Luis Medina.
En 2019 la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes alcanzó fue del 17,6 en la Capital provincial, mientras que en el departamento Rosario fue de 13,1.
El doble homicidio de Antonella Albornoz, de 22 años, y Marcelo Berlari, de 49, luego de ser atacados a balazos desde una moto en Alzugaray al 900, se desató por supuestos conflictos entre dos familias que derivaron en el primer crimen del año (Ancharano). Es que el principal sospechoso de ese homicidio es un familiar directo de Marcelo Berlari.
A Matías Amaral, de 23 años, lo acribillaron a balazos en una casa de Ituzaingó al 100 bis. Varios hombres en dos autos llegaron al lugar y lo fusilaron con más de 20 tiros. Aquí también hay indicios de un vuelto por expendio de droga. La víctima era hermano de Brisa Amaral, una chica de apenas 18 años condenada a tres años de prisión por formar parte de la banda que comandaban Lautaro “Lamparita” Funes y a René Ungaro.
Ese mismo día mataron Julio Giménez, de 54 años. Fue apuñalado por su propio hijo en Villa Gobernador Gálvez. El hombre recibió varios puntazos en el pecho y heridas cortantes en las muñecas. Un drama con cuestiones personales o familiares profundas.
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El quiebre
Nadie duda que el brutal crimen de Enrique Encino, de 64 años, en el Casino City Center el sábado 11 de enero pasado mientras fumaba en un balcón del predio de Moreno y Battle y Ordóñez, es el que causó mayor espanto y conmoción. A la luz de las investigaciones que derivaron en la detención e imputación de Damián “Cachete” Díaz como organizador de ese atentado ordenado desde prisión por el líder de Los Monos Ariel Máximo Guille Cantero, es palpable que el siniestro objetivo fue sembrar terror y desestabilizar al gobierno provincial. Las decisiones adoptadas para terminar con las cajas negras de las que se nutren los grupos criminales mixtos, con mano de obra policial desplazada de las fuerzas, provoca reacciones cuyos consecuencias no se pueden dimensionar.
A las pocas horas, muy cerca del complejo de juegos donde mataron a Encino, ultimaron a Marcelo Melgarejo (no se confirmó edad). Lo sorprendieron mientras caminaba en Pasaje 516 a la altura del 6300. No está claro si mantuvo una discusión previa con el conductor de un auto. Un vecino escuchó que antes de dispararle el agresor le dijo. “Eso te pasa por hacerte el loco”. Un hecho con olor a un ajuste de cuentas.
A la tarde noche del mismo día mataron a Yanina Beatriz Merlo. La joven, de 26 años, circulaba en bicicleta por Mendoza y Amuchástegui, zona noroeste. Dos personas en moto la abordaron y la apuñalaron en el pecho y en el abdomen. La bicicleta de Yanina quedó tirada a unos metros. Tal vez se dirimió un tema personal, o fue un intento de robo, pero no hay certezas. Los agresores no fueron identificados, y no hay detenidos.
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El 14 de enero Ángel Avaca, 32 años, recibió cinco disparos y quedó inerte dentro de una casa de Garibldi al 300, en el caliente barrio Tablada. Era hijo del policía Ángel Albano Abaca, condenado como miembro de la banda Los Monos a 7 años de prisión. Básicamente era buche del clan de barrio Las Flores. Aquí se vinculó el hecho a las relaciones que Avaca hijo mantenía con el mundo del hampa, pero tampoco se descarta un vuelto a la historia de su padre.
El registro de muertes violentas a esta fecha de enero de 2020 ya es el más alto en los últimos cinco años, superando la marca del 2015.
Unas horas después se registró el ataque a Franco Strambi, de 27 años. Recibió una agresión letal, con siete disparos de parte de dos hombres que pasaron en moto por Felipe Moré al 3600. La víctima vivía allí, y fue atacado mientras preparaba una camioneta para salir a chatarrear. Sus vecinos lo reconocieron como una buena persona sin vínculos con el delito. Se investiga.
El viernes a la madrugada Axel Nahuel Tuama recibió una herida mortal de arma blanca a la altura de la tetilla izquierda. El muchacho, de 22 años, discutió con un vecino que puso fin al conflicto sin demasiados rodeos. Ocurrió en pasaje 1868 al 3700, inmediaciones de Provincias Unidas y bulevar Seguí.
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Y cuando parecía que el fin de semana daría un respiro, el sábado a la madrugada un joven de 21 años identificado como Elías Trisca, fue atacado a balazos por la pareja de su madre, un hombre de 32 años. Una discusión previa, un conflicto particular que ocurrió en localidad de Puerto General San Martín, y se puede inscribir otro drama familiar. La víctima recibió un disparo en la pierna, y luego su padrastro lo remató con otro tiro en el corazón.
La noche del sábado mataron a sangre fría al remisero informal Miguel Ángel Gómez, de 51 años, en Amenabar al 2700, en el barrio Jorge Cura. El hombre llegó con su auto a la casa, cuando dos personas se le acercaron y directamente le dispararon un solo tiro en la cabeza. Hasta el momento es un misterio lo ocurrido, pero casi se descarta el robo como móvil del hecho, porque la víctima tenía encima el teléfono, dinero en efectivo y otras pertenencias.
Casi sin respiro, a la una de la madrugada del domingo en Nochetto y Calazans (límite oeste del municipio), Brian Tolosa, de 24 años, fue baleado, al parecer tras discutir con otra persona. El agresor era conocido de la víctima y estaría identificado pero permanece prófugo.
Está claro que el homicidio de Encino buscó sembrar terror y alarma en la comunidad, un acto de terrorismo mafioso. En los de Avaca, Amaral, Melgarejo, Albornoz, Berlari, Ponce, Barreto y García, cada uno tuvo su motivaciones puntuales.
El enero más caliente
El registro de muertes violentas a esta fecha de enero de 2020 ya es el más alto en los últimos cinco años, superando la marca del 2015, cuando en los mismos días se habían registrado 20 homicidios, y terminó el mes con 27. El 2014 fue algo menor, pero tomando siempre el mismo rango, hubo 16 asesinatos. Es más, el 18 de enero de ese año fue complejo porque se registraron tres crímenes en el mismo día. El 2016 mostró un descenso, con 11 fallecidos, cifra que se repitió en 2017, y se elevó a 14 en 2018. El 2019 mostró un hubo un marcado descenso, con 8 muertes pasada la primera quincena de enero.
En términos generales, y según un informe del Ministerio Público de la Acusación, en 2019 la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes alcanzó fue del 17,6 en la Capital provincial, mientras que en el departamento Rosario fue de 13,1. La marca triplicó la media nacional, que fue de 5 casos cada 100 mil habitantes.
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Distinguir
Está claro que el homicidio de Encino buscó sembrar terror y alarma en la comunidad, un acto de terrorismo mafioso. En los de Avaca, Amaral, Melgarejo, Albornoz, Berlari, Ponce, Barreto y García, cada uno tuvo su motivaciones puntuales. Varios por enconos entre segundas y terceras líneas de pandillas armadas. Tampoco se descarta reacciones extremas por quebrar códigos que en ciertos territorios se paga con la vida. Orellana, Giménez, Merlo, Tuama fueron emergentes de problemas interpersonales, salvo Soto que sufrió un hecho de inseguridad gravísimo.
Negarse a entregar una gorra, gestos considerados fuera de lugar, celos por una mujer, traiciones, exceso de droga, alcohol, el fácil acceso a las armas, todo puede encender una chispa. Son cuestiones simbólicas muy arraigadas que la clase media no alcanza a distinguir claramente. Y que la prensa apresurada enseguida vincula o relaciona con “un ajuste de cuentas por problemas de drogas”. No siempre es así.
Igualmente se deben redoblar esfuerzos. Porque una víctima inocente puede quedar en medio del trayecto de una bala, algo que se lamentó muchas veces. Eso derrama miedo, y la desesperante sensación de desprotección de personas ajenas a los conflictos. Los obliga a modificar conductas cotidianas, altera la vida en comunidad, más aún, si en el barrio no hay policías confiables a mano. En la piel de ciudadano común eso también es inseguridad. Bajo la teoría de los “homicidios ecológicos”, o que se mataban “entre ellos”, el gobierno provincial anterior se desentendió de ese “miedo”, que ahora se vuelve a manifestar en este enero agitado.
Es momento de cambiar esa lógica con medidas concretas. “La policía no presta hoy el servicio que necesita cualquier vecino”. Simple y cargado de sentido común, el actual jefe de la policía, Víctor Sarnaglia, reconoció esta situación apenas asumió. “El vecino siente miedo y abandono. Después se puede estudiar qué problemas llevan a eso. En la policía hay problemas de selección, de capacitación, de organización, de conducción, de falta de tecnología, de métodos y de planes”, describió.
Rosario no es Sinaloa ni está en guerra como lo vende el periodismo centralizado con su show mediático. Mientras tanto, y en medio de la escalada de violencia, el gobierno además de atender el delito complejo, desarticular a las mafias y hacer una verdadera purga policial, debe disponer medidas concretas y efectivas de cercanía de las fuerzas de seguridad para restaurar la tranquilidad.
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