martes 1 de diciembre de 2020
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Piden sobreseer a un joven boliviano que casi muere por ingerir más de un kilo de cocaína en 80 bochitas

Para el fiscal se trata de una situación de explotación y trata de personas que lo tiene como víctima, más que como responsable de transporte de estupefacientes.

El fiscal federal Gustavo Onel solicitó el sobreseimiento de L.A.C., un joven boliviano de 21 años de edad, que el 9 de diciembre de 2019 fue aprehendido en un control realizado por la Gendarmería en la RN 34, a la altura de Rafaela.

El joven iba a bordo de un ómnibus de la empresa “Balut Hnos. S.R.L.”, proveniente de la ciudad de San Salvador de Jujuy, con destino a Retiro. En el control, los gendarmes detectaron que L.A.C. tenía en su poder ocho envoltorios cilíndricos de látex, tipo cápsulas, cuando salía del baño del micro. Entonces el joven manifestó que “…había ingerido cápsulas de estupefacientes, que las venía despidiendo y que había ingerido aproximadamente 84 de las mismas”. Además se pudo constatar la existencia de otras trece cápsulas de idénticas características que L.A.C. llevaba entre sus prendas en el equipaje de mano.

El joven debió ser internado en el Hospital SAMCO “Dr. Jaime Ferré” de Rafaela, donde pudo constatarse que entre los días 9 y 11 de diciembre, L.A.C. expulsó una cantidad total de 59 cápsulas de idénticas características a las halladas previamente, dando un total de ochenta 80 las cápsulas secuestradas. Los informes permitieron determinar que el contenido de las cápsulas era cocaína, con un pesaje total de 1104 gramos.

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Vulneración extrema

L.A.C. fue indagado como autor del delito de transporte de estupefacientes, y para culminar la causa, la Fiscalía Federal ha solicitado que L.A.C. sea sobreseído por el delito atribuido.

El fiscal Onel, en su escrito, resaltó las condiciones particulares del joven, de quien destacó que presenta un considerable grado de vulnerabilidad: “se trata de un sujeto de nacionalidad boliviana, de 21 años de edad, oriundo de la localidad de Socaba, Bolivia, con estudios primarios incompletos (3 años de curso), que no sabe leer ni escribir (aunque sí firmar), que convive con sus padres, que dejó de estudiar a los 10 años porque su padre no tenía plata y se dedicó a trabajar en la selva cosechando coca para otra gente unos 3 años aproximadamente, después se fue a trabajar al campo con su padre”.

Onel destacó también que se ha realizado un informe ambiental en su hogar en Bolivia, que dio cuenta de que A.L.C. “proviene de una familia rural, con condiciones socioeconómicas precarias, no escolarizado, que a cambio de sus tareas de agricultor recibía en pago mercaderías (papa, maíz, trigo, etc.), que a la fecha de la detención la familia vivía en una finca en la que ofician como cuidadores, por lo que no reciben remuneración alguna, con piso de tierra y colchones en el piso”.

No puede descartarse que L.A.C. haya sido una víctima de trata de personas, especialmente como reducción a la servidumbre, obligado a poner en riesgo su propia vida o su salud al ingerir las cápsulas

Sobre las características del hecho

Por último el fiscal analizó los dos escenarios posibles: que A.L.C. haya sido parte de una organización narcocriminal, o que haya actuado solo.

En relación a la primera variante, Onel remarcó que “las bases de las organizaciones narcocriminales están conformadas en lo sustancial por personas fácilmente fungibles e intercambiables, que en el caso de las denominadas “mulas”, son utilizadas para trasladar estupefacientes de un lugar a otro, utilizando sus propios cuerpos a cambio de una promesa de dinero, sin comprometer con tal maniobra la subsistencia de la organización criminal”.

En este sentido se ha sostenido que “….la captación de una persona, cuando media un abuso de su estado de vulnerabilidad y cuando tiene por finalidad su explotación, en principio, configuraría el delito de trata de personas agravado”. Para el fiscal no puede descartarse que L.A.C. haya sido una víctima de trata de personas, especialmente como reducción a la servidumbre, obligado a poner en riesgo su propia vida o su salud al ingerir las capsulas: “La reducción a dicha condición es altamente plausible en el caso que nos ocupa, teniendo en cuenta sus condiciones personales, y la modalidad de traslado, utilizando su cuerpo como un mero envase de resguardo del material ilícito, que luce más seguro para la organización criminal interesada en que la droga llegue a destino, pero altamente riesgoso para la salud del sujeto utilizado”, precisó.

Ahora bien, si L.A.C. actuó sólo, Onel remarcó que “la CSJN tuvo la ocasión de evaluar en dos oportunidades, la situación de quienes concurren a un hospital en busca de ayuda médica, por haber previamente ingerido cápsulas conteniendo cocaína”.

En este sentido, la justicia ha determinado que cuando el imputado se encuentra entre el dilema entre perder la vida o requerir asistencia médica, “el Estado de Derecho no puede servirse del infortunio de quien reclama uno de los derechos fundamentales de toda persona”, por más que haya llegado a esa situación por cometer un delito, como podría ser ingerir bochas de cocaína para trasladarlas sin ser detectado.

Es por todo esto que la Fiscalía Federal de Rafaela solicitó al Juzgado de esa jurisdicción que se dicte el sobreseimiento del joven y se disponga su inmediata libertad.

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