Para la familia de Brian Gaete, la reducción de la pena a Salas es injusta
Alexis Salas fue condenada en un juicio oral y público a 15 años de prisión por el homicidio de Brian Gaete. Sin embargo, la sentencia fue apelada por la dra. Hilda Knablein, defensora de Salas. La audiencia de apelación se celebró el 27 de septiembre de 2018. Los camaristas fueron Sebastián Creus, Marta Feijoo y Roberto Reyes como integrantes del tribunal. Entre los puntos de agravio expresados por la defensa, se esgrimió una “valoración irrazonable de la prueba y las circunstancias”.
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En este punto los jueces coincidieron que “no quedan dudas que la muerte de Brian se produjo por la herida de arma blanca que le propinó Belén salas y que ella misma llevó al lugar del hecho”. Sin embargo, este miércoles le redujeron la pena. La Cámara de Apelaciones confirmó parcialmente el fallo que la sentenció. “Los jueces se nos rieron en la cara”, dijo el padre de Brian.
En relación al dolo homicida, que la defensa negó por considerar que Salas “sólo intento defender a su sobrino Samuel y que no quiso causar la muerte de Brian” se recuerda que la fiscalía alegó que “Salas concurrió a la pelea armada con el cuchillo, cuando ninguna otra persona estaba armada”. La querella adhirió e insistió que además camino una cuadra y media con el cuchillo en la mano.
La tía de Brian contó que en una audiencia, Alexis pidió disculpas si había lastimando a alguien pero “nunca se refirió a la familia”. Y agregó que en la última audiencia pidió perdón a la familia pero después los insultó. “Nos pide perdón pero después nos trata de negros, malandras, drogadictos”, afirmaron.
“Ya no creo en la justicia”, dijo angustiado el papá de Brian. Y aseguró que irán hasta la Corte para que “Brian descanse en paz”.
¿Legítima defensa?
Sobre el planteo de la defensa, que la joven obró amparada por la legitima defensa, los camaristas destacan que “entre los testimonios existe un hilo conductor y es que observaron a los dos hermanos Salas y dos hermanos Gaete, comienza un entredicho o discusión, que luego deriva en una lucha física con golpes de puño, que parientes de uno y otro comienzan a acercarse, que. Si bien podría decirse que en un inicio lo hacían para calmar los ánimos (separar, según algunos), en un punto el conflicto y los golpes generalizaron un espiral de violencia indomable para ninguno de los protagonistas”.
Y luego evalúan lo ocurrido esa tarde de julio: “Sinceramente no creo que todos los Gaete hayan exclusivamente intentado apaciguar tal situación y no hayan pasado, en algún punto, a golpear a alguno de los participantes Salas, y tampoco creo que toda agresión haya provenido exclusivamente de los salas. Los testigos observados en los registros del juicio tienden a minimizar algunos detalles o a maximizar otros según sea su relación con los contendientes. (…) Hablan de revoltijo, de forcejeo, de tumulto, y destaca la declaración de una testigo que refiere que todos se amontonaban y todos recibían golpes”.
Y luego los magistrados repasan el origen del conflicto entre las dos familias, con un presunto caso de abuso, y las disputas que empezaron a generarse entre las dos familias “y ello fue sucediendo en distintos momentos, sucesivamente convirtiendo la situación en agresiones mutuas encadenadas pero ninguna refleja la actualidad de la agresión como para tenerlas en calidad de legítima defensa; más bien aparecen como venganzas que se daban mutuamente luego de agresiones precedentes”.
Entienden los camaristas que “no puede aceptarse que un conflicto de esta naturaleza se vaya solucionando extemporáneamente (…) pasando directamente a un estado de situación de venganza privada”.




