viernes 23 de octubre de 2020
Policiales | Vanesa Castillo | mujer | juicio

Los antecedentes que convirtieron a "Chacho" Cano en una amenaza latente

Tres especialistas realizaron una radiografía de la historia psicosocial del imputado por el femicidio de la docente Vanesa Castillo. Los detalles fueron ventilados en el juicio cuya sentencia se conocerá el próximo lunes.

El juicio por el crimen de la docente Vanesa Castillo, ocurrido en la puerta de la escuela Víctoriano Montes de Alto Verde en 2018, reveló durante la jornada del miércoles pasado una serie de antecedentes que permitieron establecer cómo el imputado, Juan Ramón “Chacho” Cano, se convirtió a lo largo de su vida en una amenaza para la sociedad.

Una infancia atravesada por la violencia de un padre alcohólico que golpeaba a su madre, carencias de lazos afectivos y un consumo problemático de drogas de todo tipo, hicieron que el acusado por el femicidio de la “Seño Vane” haya construido una vida marcada por la agresión hacia las mujeres y niños.

Así lo develan sus antecedentes penales que datan desde el 2003 y que llegan hasta el 15 de febrero del 2018, cuando con 13 puñaladas, según la hipótesis de la Fiscalía, mató a Castillo en momentos en que la mujer salía de trabajar de la escuela del distrito costero.

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Escoltado. El momento que llevaron a Cano a sede policial tras el crimen de Vanesa.

Escoltado. El momento que llevaron a Cano a sede policial tras el crimen de Vanesa.

Los datos fueron revelados por un grupo de especialistas que forman parte de la Agencia de Investigación Criminal que declararon en el juicio contra Cano y que explicaron cuál fue el resultado del informe social y psicológico realizado al hombre de 30 años, que actualmente se encuentra detenido en la cárcel de Coronda.

Dicho informe había sido solicitado por las fiscales Cristina Ferraro y Baraba Ilera con el objetivo de comprobar que el asesinato de Castillo fue un femicidio "no íntimo", tras considerar que Cano le quitó la vida a la docente sólo por el hecho de ser mujer.

Violencia naturalizada

Durante su declaración, las especialistas destacaron que Cano se crió en el seno de una familia caracterizada por el patriarcado donde un padre violento y alcohólico golpeaba a su esposa en reiteradas oportunidades y delante de sus hijos, entre ellos el hoy imputado por el crimen de Vanesa Castillo.

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Esas situaciones de violencia hicieron de Cano un niño con grandes dificultades de aprendizaje en la escuela. Tal es así, que sus maestras ya entonces advertían que tenía serios problemas de conducta, con sus compañeros y docentes a quienes golpeaba e insultaba cuando asistía a clases. También mostraba dificultades cognitivas.

Su instrucción fue escasa. A muy temprana edad abandonó la escuela y pasó a protagonizar distintos episodios de desacato a la ley y las normas. En síntesis, se convirtió en un “descarriado” que utilizó siempre la “violencia como mecanismo de resolución de conflictos” y que además consideró a la mujer siempre en un grado de “inferioridad”.

Entre la obscenidad y el intento de abuso

La historia de Cano en la Justicia provincial data por lo menos desde el año 2003, cuando ya en la Justicia de Menores comenzó a tener sus primeras denuncias. Dos años después, cuando obtuvo la mayoría de edad, intentó abusar de una vecina tras querer tocarle sus pechos al pasar por su casa. En 2007 fue denunciado por el padre de una serie de criaturas por haberle ofrecido a niños y niñas dinero a cambio de que tocaran sus genitales. En tanto, muchos vecinos lo vieron masturbándose en público y frente a mujeres que se encontraban solas.

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En este sentido, una especialista consideró que Cano tiene un patrón de comportamiento llamado “parafilia”, basado en estimular la excitación sexual mediante la exhibición de sus genitales a personas desconocidas para causar el shock y miedo de sus víctimas.

Sus acciones de cosificar a la mujer continuaron aún más y de hecho se agravaron con el paso de los años. En 2013 quedó implicado en una causa en donde fue acusado de haber ingresado a la casa de una mujer para intentar violarla, objetivo que no logró porque la víctima pudo escapar.

Escasos lazos

El informe ventilado durante el juicio también determinó que Cano pudo establecer un solo vínculo afectivo a lo largo de su vida: el que tiene con su madre. Es que según determinaron las especialistas, el hombre no cosechó ningún tipo de amistades y aún menos una relación de pareja.

“No tuvo amistades profundas o verdaderas. Si se contactaba con algún hombre era de manera utilitaria para comprar drogas o cometer delitos”, describió una psicóloga del equipo interdisciplinario que pasó por el juicio.

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Cuando mataron a Vanesa Castillo, una pueblada quiso linchar a Cano.

Cuando mataron a Vanesa Castillo, una pueblada quiso linchar a Cano.

Sus nulos vínculos también fueron detectados hasta en la prisión, en donde según indicaron fuentes penitenciarias a Aire Digital, Cano no es querido por ninguno de los presos alojados en el penal de Coronda, ya que en reiteradas oportunidades atacó a los familiares de internos durante las visitas por lo que se ganó la fama de ser un recluso “sin códigos”. A esto se suma que en 2014 llegó a masturbarse frente a dos psicólogas que lo analizaban.

Adicciones, un problema central

El resultado del informe volcado en el debate destacó además el consumo problemático que tuvo Cano de estupefacientes desde muy pequeño. Se empezó a drogar a los 11 años con “poxirrán” y combustibles. Luego pasó a fumar marihuana y cocaína, como así también a mezclar pastillas con fernet con coca.

Su madre intentó en reiteradas oportunidades internarlo en centros de rehabilitación de Rosario y Santa Fe pero Cano siempre se evadió. También procuró que asista a un taller de alfabetización pero tuvo sacarlo de allí debido a que las docentes sufrieron permanentes agresiones del mismo.

Pese a que el Estado le propuso recuperarse, Cano nunca quiso cumplir algún tipo de tratamiento o de asistencia y por esa razón, la única asistencia estatal que pudo cumplir fue la que impone el derecho penal. lA