jueves 10 de junio de 2021
Policiales Los Monos | Rosario | droga

La muerte sirve para ordenar el negocio de la droga que se maneja desde las cárceles

Una modalidad fuera de los manuales de marketing que descentraliza el negocio de la droga en "intermediarios" o "gerentes" que deben pagar para usar la marca de Los Monos o de otras bandas ligadas con el narcotráfico en Rosario.

La muerte es un factor clave en el negocio de la droga, cimentado en base a un acto ejemplificador: muere aquel que se atrasa con los pagos de los estupefacientes que vende. Una de las explicaciones al incremento de los homicidios en Rosario –se produjeron ocho en seis días- está asentada en la “lógica” irracional del narcomenudeo, donde la sangre corre con fluidez a causa de que su matriz del gerenciamiento en el territorio está atravesada por una multiplicidad de intermediarios, alineados a los jefes de las bandas que están en su mayoría presos.

El ejemplo más claro es el de Ariel Cantero, el líder de Los Monos, detenido en la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz, condenado a 62 años de prisión, aunque este año es probable que sume más tiempo de estadía en el penal en un juicio de lavado de dinero.

Guille cobra por la “marca” Los Monos que nació hace más de 25 años de la mano de su padre Máximo, alias El Viejo, que hoy maneja una especie de filial de la banda desde Vía Honda, uno de los barrios más pobres de Rosario, luego de salir de la cárcel en setiembre pasado beneficiado por completar la escuela primaria en la Unidad Penal 11 de Piñero.

Guille Cantero no puede desde la cárcel manejar la venta de drogas, como lo hacía antes, con las características que tienen estas empresas ilegales en Rosario. La realidad modeló este negocio por fuera de los manuales de las escuelas de marketing, que se descentralizó en “gerentes” o “intermediarios” que deben “tributar” dinero por usar la marca del grupo mafioso más conocido del país.

Ocurre lo mismo con otros jefes de bandas que están presos, como René Ungaro o los hermanos Funes, describe a Aire de Santa Fe un investigador judicial. Estar bien en la prisión obliga a esta gente a contar con dinero de manera permanente. Eso garantiza poder usar, por ejemplo, los smartphone para mantener contacto permanente con esos cuadros, entre otras cosas.

Las víctimas que mueren a balazos pertenecen en su mayoría al último eslabón de la cadena, aquellos que venden dosis de cocaína y marihuana generalmente en su casa o en una vivienda usurpada, transformada en lo que se conoce como kiosco.

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El líder de Los Monos está detenido en la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz.

El líder de Los Monos está detenido en la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz.

Este esquema de management narco se consolidó en medio de una pobreza creciente, resquebrajada aún más por la crisis que provocó la pandemia. El último dato del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) señala que en 2020 la pobreza en el Gran Rosario llegó al 38,3% de la población. Se prevé que el próximo relevamiento muestre una foto aún más cruda.

Kioscos

En algunas zonas “rojas” hay varios “kioscos” por cuadra, lo que hace supurar también otro problema de competencia del mercado de sustancias ilegales. La mayoría de los casos de homicidios responden a esa lógica mercantil y clásica en la mafia de que “el que no paga muere”. Cuando los fiscales empiezan a profundizar sobre los motivos de los ataques aparece este rasgo de forma cada vez más frecuente.

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Ese primer eslabón, corporizado en el “kiosco”, se abastece de un intermediario, que es un cuadro medio dentro de la organización criminal, que a su vez es el que está presionado por sus jefes, que están en la cárcel, debe mantener el negocio “ordenado” y tener aceitada la recaudación de manera permanente. La cadena no se puede cortar.

Ese orden delinea que todos tienen que abonar en fecha. Pagan la droga que expenden y el permiso –vendría a ser una especie de habilitación- para vender.

Ese “intermediario” es el que maneja los soldaditos. Sin ese eslabón clave el negocio tampoco podría funcionar, porque son los que garantizan que en base al terror la rueda se mueva. El precio de ese canon que se paga varía por la importancia de cada zona.

En La Tablada esa franquicia cuesta más cara que Vía Honda. La violencia más precaria surge en esa estructura básica del negocio que funciona las 24 horas durante los siete días a la semana, sin restricciones por la pandemia. Por ejemplo, en el barrio 7 de setiembre hay en una cuadra tres puntos de venta que son abastecidos por distintas bandas. O en barrio Triángulo Moderno.

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En algunas

En algunas "zonas rojas" de Rosario hay varios "kioscos" de droga por cuadra.

En cada lugar donde la sangre corre con mayor fluidez aparece este rasgo. Los intereses del negocio se pisan con bocas de expendio donde la competencia genera problemas que en este rubro sólo se solucionan con balas.

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Un alfil de Guille Cantero que ejerce ese rol en el barrio 7 de Setiembre es Gustavo Martinotti, de 48 años, conocido como Toro. Esta semana sumó una nueva condena a tres años y medio por balear a su hermana hace dos años. En esa zona también confluyen los intereses de otro allegado a Los Monos, Leandro Vilches, condenado por la Justicia provincial a 11 años de prisión y luego sumó otra condena a seis años por narcotráfico, en la que también recibió una pena de seis años y medio su pareja Gisella Bocutti.

El domingo pasado dos muchachos fueron acribillados con ametralladoras en ese barrio, que tres días después se encendió y en una pueblada la subcomisaría 21 terminó con los vidrios rotos y mensajes en las paredes que decían: “Ratas” y al lado el signo $. Lautaro y Matías habrían quedado en medio de un ataque entre dos bandas de la zona que responden a referentes más pesados. Además de la gente ligada a Los Monos están la banda de Los Colombianos, a los que pocos se animan a desafiar en el barrio. “En dos cuadras hay tres puntos de venta de drogas”, señala un fiscal.