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Policiales balacera | Esteban Alvarado | Los Monos

La explicación a los ataques contra las escuelas de Rosario: guerra entre bandas y venganzas por controles en las cárceles

La Justicia acusó a Francisco Riquelme, narco ligado a Esteban Alvarado, de ordenar ataques contra colegios, comisarías y una sede del Servicio Penitenciario.

¿Por qué empezaron a producirse en Rosario atentados a balazos contra escuelas? La respuesta es más simple de lo que parece: por una disputa entre dos grupos narcos por el control territorial de la zona oeste de Rosario, un sector que está en tensión desde que dos franquicias de Los Monos, capitaneada por Mauro Gerez, y de Esteban Alvarado, liderada por Francisco Riquelme se enfrentan a los tiros. Los ataques a las escuelas estaban inscriptos en esta dinámica de la violencia para generar conmoción. Y lo consiguieron. Porque incluso el gremio de Amsafe, junto a otros sindicatos, realizó varias marchas y protestas en reclamo de seguridad.

El combo violento, según definieron los fiscales Franco Carbone y Valeria Haurigot, incluyó los ataques a las escuelas José Mármol y Rosa Ziperovich el 8 de abril. Este último colegio volvió a ser atacado el 23 de mayo. Era el establecimiento educativo al que asistía Máximo Jerez, el chico de 12 años de la comunidad Qom que fue asesinado el 5 de marzo por una disputa entre bandas en el barrio Los Pumitas.

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Máximo Geréz, el niño asesinado en barrio Los Pumitas. Los violentos también balearon la escuela a la que asistía este niño.

Máximo Geréz, el niño asesinado en barrio Los Pumitas. Los violentos también balearon la escuela a la que asistía este niño.

Pero los atentados no terminaron allí: se llevaron adelante ataques a balazos contra el llamado Order, del Servicio Penitenciario, el 29 de mayo; y dos contra las comisarías 26 y 20, el 29 y el 30 de mayo, respectivamente.

Estos ataques fueron ordenados por Francisco Riquelme, quien está preso, pero es un engranaje en la zona oeste del narco Esteban Alvarado, que disputa territorio con Mauro Gerez, a quien lo respalda el líder de Los Monos.

En cada ataque los soldaditos de Riquelme dejaban mensajes escritos contra el otro grupo. ¿Por qué elegían escuelas? Se dieron cuenta que disparar contra los colegios atraía a los medios y generaba preocupación. Según detectó la investigación, los atentados eran filmados con teléfonos celulares.

Es la misma dinámica que apareció en otra audiencia que se hizo la semana pasada en la que fue imputado Pablo Nicolás Camino, de Los Monos. En ese caso, desde la cárcel de Rawson este sector de Los Monos irradió terror y provocó una fuerte conmoción con el ataque al supermercado del suegro de Lionel Messi y con la ejecución de cinco personas, entre ellas, Lorenzo Altamirano, un joven al que raptaron en la calle y su cadáver fue usado como una especie de envase para pasar un mensaje al sector contrario de la barra de Newell’s, a los que la gente de Caminos le reclamaba una deuda de 60.000 dólares por un cargamento de drogas.

La violencia para generar terror

En los dos casos, y en otros que están siendo investigados, aparece un rasgo distinto, la idea de que con a violencia ya no sólo se hace daño, se mata, sino que sirve para generar impacto y terror.

En el caso de los ataques a las escuelas se buscaba ese objetivo. Provocar repercusión con la pretensión de perjudicar al grupo contrario. El 8 de abril pasado, los disparos de calibre 40, un arma poderosa, impactaron contra la escuela José Mármol, donde los atacantes de Riquelme dejaron un mensaje escrito contra Julián Aguirre, un soldado de la banda contraria que lidera Gerez, de Los Monos.

“Julián Aguirre dejá de entregar gente para que el fiscal Soca no te mande a los pabellones de alto perfil. Sapo parate de mano”, señalaba el cartel.

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Las balaceras derivaron en el cierre de establecimientos escolares.

Las balaceras derivaron en el cierre de establecimientos escolares.

Después de disparar contra esa escuela, los soldaditos se subieron a sus motos y se dirigieron a 20 cuadras de allí para hacer otro atentado contra el colegio Rosa Ziperovich. Dejaron el mismo cartel.

Poco más de un mes después volvieron a atacar blancos similares, pero incluyeron dos comisarías y el Order del Servicio Penitenciario. La explicación a esta nueva ola de ataques, según se advirtió en la audiencia, fueron las medidas de seguridad que se aplicaron en la cárcel de Piñero contra Riquelme. La respuesta fue ordenar nuevos ataques. A este narco le habían suspendido las visitas en la cárcel porque su novia había pretendido ingresar un celular y fue detenida. Por eso, los carteles que se dejaron en la segunda ola de ataques ya no iban dirigidos hacia la gente de Los Monos, sino contra el Servicio Penitenciario.

Una de las claves en la investigación fue la detención el 9 de abril de Kevin Sosa, cuando se trasladaba en una moto Honda CC 190 con pedido de secuestro por 27 de Febrero y Provincias Unidas. Con esa moto se llevaron adelante los ataques a las escuelas. En un celular de otro integrante de la banda, como Eric Enriquez se encontraron los videos que registraban cuando disparaban contra los blancos apuntados por Riquelme desde la cárcel de Piñero.

Todo se gesta desde las cárceles

En todas las causas de este tipo, donde la violencia se utiliza como parte medular del negocio narco, hay un común denominador: todo se gesta desde las cárceles. Lo que empieza a verse que ante cada medida que se tome dentro de los establecimientos penitenciarios, donde empezaron a realizarse controles más minuciosos a las visitas, que deben pasar por un escáner, genera un impacto afuera. Y el blanco puede ser desde una comisaría a una escuela.

Un antecedente sobre hechos de violencia vinculados a escuelas se dio en 2021, cuando una terminal de la banda de Los Monos tramó ataques los días previos contra estaciones de servicio y el día del comicio contra dos escuelas.

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Escuela José Ortolani, otro de los establecimientos baleados.

Escuela José Ortolani, otro de los establecimientos baleados.

Una de las acusadas por estos episodios fue Celestina Contreras, de 56 años, madre de Ariel Guille Cantero, que fue beneficiada hace un mes con la detención domiciliaria debido a un problema de salud. Según los reportes médicos, la mamá de Claudio Pájaro Cantero sufre una diabetes aguda que la obligan a realizarse diálisis casi diariamente.

La mujer había sido detenida tras detectarse que pagaba a un preso de Coronda para que realizara ataques contra escuelas y estaciones de servicio en la previa de las elecciones de 2021. Nunca se pudo detectar en la investigación la motivación de los ataques. Por qué se producían. La sospecha era que Celestina había recibido a pedido de su hijo, preso en el penal de Marcos Paz, generar conmoción en el contexto electoral.

Esa causa fue investigada por la fiscal Valeria Haurigot que probó que parte de estos ataques que buscaban generar conmoción y pánico antes de las elecciones legislativas habían sido planeados por Celestina Contreras. La mujer tercerizó las balaceras en un preso que desde la cárcel de Coronda reclutaba los soldaditos para disparar. Ese recluso era Nelson “Pandu” Aguirre, que mandó a su pareja a buscar el dinero que le daba Celestina Contreras. Nunca se estableció por qué habían atacado ni qué buscaban.

Uno de los ataques armados se cometió el 14 de noviembre de 2021 cuando el Complejo Educativo Santa Isabel de Hungría, ubicado en Cafferata al 4000, fue baleado mientras personal de las fuerzas de seguridad custodiaban las urnas para las elecciones legislativas que se llevarían adelante ese domingo.

También la escuela técnica Crisol, ubicada en Magnano al 6300, en la misma fecha y con la misma metodología. En esta última institución educativa se encontró un cartel escrito con letras rojas con la leyenda: “O se comunican con la mafia o siguen las balaceras”, estaba junto con ocho vainas servidas calibre .380. Estos ataques se hicieron con la finalidad de demostrar poderío, juzgaron los fiscales.