viernes 23 de octubre de 2020
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El terror de las balas en Rosario, un antiguo método para "marcar la cancha"

La ciudad del sur provincial reporta doce crímenes en la segunda semana de setiembre.

En medio de una pandemia que genera pánico, con un sistema de salud cerca del desborde, las balas suman terror. Provocan que las camas de terapia no estén ocupadas sólo a causa del covid-19. Y agregan víctimas a una nómina extensa que dejó más de 1300 muertos en Rosario desde que estalló en esta ciudad a partir en 2012 una dinámica de violencia particular, que sustenta un modelo de negocios en el que cualquier problema del rubro de la venta de drogas se “soluciona” con municiones 9 mm.

La pandemia achicó todo, la economía legal, la oscura, el movimiento en las calles, tanto de día como de noche, pero el número de crímenes no se contrajo, sino que creció durante setiembre. Se produjeron doce asesinatos en la segunda semana de este mes, con casos que generan terror, pánico, con víctimas inocentes que cayeron producto de un espiral de locura que pone a un muchacho con un arma disparando sin sentido, en ocasiones sin un blanco definido, algo similar a lo que ocurrió en enero con el ataque al casino de Rosario, cuando los disparos mataron a Roberto Encino, el gerente del Banco Nación de Las Parejas que fumaba un cigarrillo en un balcón.

La pandemia achicó todo, la economía legal, la oscura, el movimiento en las calles, tanto de día como de noche, pero el número de crímenes no se contrajo, sino que creció durante setiembre

El lunes al mediodía en la puerta del cementerio La Piedad se desató un tiroteo infernal. Un joven de 24 años recibió un balazo en la cabeza y se encuentra internado en estado crítico. Los atacantes esperaron que el cortejo fúnebre, del que participaban 10 personas, el máximo permitido por protocolo por la pandemia del Covid, saliera del cementerio, donde acababan de inhumar a Iván Leguizamón, un joven de 24 años que fue asesinado el viernes a la noche en Colombres al 1700. Cuando los vieron salir comenzaron a disparar contra los familiares y amigos del fallecido, y se desató un tiroteo que encendió el pánico entre la gran cantidad de gente que circula por esa zona.

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La puerta del cementerio La Piedad, en Rosario

La puerta del cementerio La Piedad, en Rosario

Unas horas después, durante la tarde, Tiziana Espósito, la hija de un ex policía de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) de 14 años, fue alcanzada por un disparo que impactó en su cabeza cuando su casa fue blanco de un ataque a balazos. La niña lavaba los platos en la cocina de su vivienda, en Magallanes al 2700. Los vecinos relataron a los medios de prensa que dos hombres pasaron caminando y comenzaron a disparar contra "dos o tres casas". Uno de los tiros mató a la chica.

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La casa de la adolescente asesinada mientras lavaba los platos junto a su mamá

La casa de la adolescente asesinada mientras lavaba los platos junto a su mamá

El sábado a la tarde, Emiliano Soto, jugador de las inferiores del club Argentino de Rosario, fue baleado cuando un grupo de "soldaditos" disparó a mansalva en la plaza de Colombres al 2800, en barrio Godoy, donde el chico estaba con su novia. El pibe no era blanco de ningún ataque.

Este nuevo pico de balazos creció tras una madeja de hechos que sirven de contexto, aunque quizá no configuran el principal catalizador, pero ayudan a arrimar interrogantes. ¿El terror de las balas sirve para cambiar políticas? La violencia ya está naturalizada en la provincia de Santa Fe como un paisaje cotidiano, pero estos borbotones de sangre presionan para que se produzcan intervenciones de urgencia, como ya pasó en años anteriores con una única receta infalible en épocas proselitistas: el desembarco de gendarmes visibles en las avenidas como un remedio poco duradero.

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Este nuevo capítulo de desenfreno, que sitúa a Rosario en la portada de los diarios nacionales, se produjo después de una extraña protesta en la puerta de la Jefatura de Policía de esta ciudad, donde menos de 50 personas que decían ser efectivos retirados y familiares de policías bloquearon durante tres días los portones del predio de Ovidio Lagos al 5200, luego de que el gobierno provincial diera un aumento del 41%, según el ministro de Seguridad, Marcelo Sain, que calificó a los gestores del reclamo como “cachivaches”.

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Un grupo de agentes bloqueó la semana pasada la puerta de la Jefatura de la URII de Rosario

Un grupo de agentes bloqueó la semana pasada la puerta de la Jefatura de la URII de Rosario

En un contexto más amplio operó también el reclamo de los “azules” en la provincia de Buenos Aires, con un detonante cada vez más oscuro sobre la realidad de los bajos salarios de los uniformados.

Fiel a su estilo, Sain volvió a tensar la rudimentaria coyuntura política, la que desafía con su estilo cáustico desde que asumió, al poner bajo sospecha a los senadores del propio peronismo, con especial interés en Armando Traferri y su grupo operador, como gestores de la protesta, y a cargo de un rol más profundo de impedir que se aprueben las tres leyes de reforma policial.

La violencia ya está naturalizada en la provincia de Santa Fe como un paisaje cotidiano, pero estos borbotones de sangre presionan para que se produzcan intervenciones de urgencia

El 12 de enero, tras el ataque a tiros al casino de Rosario y los balazos contra edificios de la justicia y la sorpresiva fuga de un preso del Centro de Justicia Penal, Sain fue claro: "Hay un proceso criminal de desestabilización política y una suerte de ejercicio del terrorismo urbano por parte de grupos criminales que fueron aliados históricos de la alta jerarquía de la policía". La frase pareció quedar en el olvido.

La nueva cúpula policial designada por Sain, encabezada por Daniel Acosta y Jorgelina Llopart fue recibida con parvas de cadáveres: 17 asesinatos en 15 días de estar en funciones. Es la cuarta generación de jefes de la Unidad Regional II desde que llegó Saín al Ministerio de Seguridad. Nada parece resistir los picos de terror que generan las balas, que durante los últimos años son lo único que suma poder.

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