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Policiales mujer | entrenador | Sol

El indignante peregrinar de una joven víctima de abuso para sentirse protegida por la Justicia

Sol denunció a su entrenador de hockey tras haber sido llevada a su departamento en contra de su voluntad. Fue acosada por el hombre y tuvo que esperar todo un día para lograr que la Justicia emita una orden de restricción.

En diciembre de 2019 una joven jugadora de hockey del club Quillá pasó por una de las peores experiencias que puede pasar una mujer. Oriunda de Concordia, viajó a Santa Fe para estudiar y el club se convirtió en esa familia que le quedó lejos.

El 17 de diciembre fue la fiesta de fin de año, a la que asistieron todos los socios, los entrenadores, las autoridades, los jugadores de las diferentes disciplinas. Cerca de las 5 de la mañana, el “Mono” Zapata propuso hacer un “after” en otro lado.

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Sol agarró sus cosas y se subió al auto de su entrenador, cómo ya lo había hecho varias veces cuando terminaba de entrenar y se ofrecía a llevarla para que no se vaya sola. Ella pensó que se les iban a sumar más compañeros, pero ni bien cerró la puerta del auto el hombre arrancó a alta velocidad, sin que nadie más pudiera subirse.

Así comenzó su relato la joven en una entrevista con Luis Mino en Aire de Santa Fe, tras haber hecho pública su experiencia en su cuenta de Instagram. La joven explicó que al notarse sola adentro del auto, le preguntó a su entrenador a donde iban y le pidió que la lleve a su casa. Como respuesta obtuvo las risas del hombre, quien subió el volumen de la música y le sacó el celular cuando ella intentaba llamar a un amigo para contarle qué estaba pasando.

Sol explicó que se sintió paralizada por el miedo, que cuando llegaron al edificio donde vive el entrenador le devolvió el teléfono y ella logró enviarle la ubicación por celular a su amigo para que la vaya a buscar. “No sabía qué hacer, no sabía cómo podía reaccionar, no sabía dónde estaba, no conozco la ciudad, eran las 5 de la mañana, estaba sola”, remarcó Sol.

“En el ascensor se me tiró encima y me empezó a besar, me agarraba la cara para que lo bese. Así estuvo siete pisos. Abrió la ducha y me hizo entrar al baño para que me bañe. Yo le seguía mandando mensajes a mi amigo para que me vaya a buscar”, relató la joven.

La joven remarcó que “él para mi era una figura de autoridad, una figura de confianza, yo no tenía a mis padres acá, cuando una está en un club confía plenamente en su entrenador”.

La cosa no pasó a mayores porque empezó a sonar el timbre del departamento: el amigo de Sol la había ido a buscar. “No va a parar de tocar el timbre hasta que le abras”, le manifestó, por lo que al hombre no le quedó otra alternativa que abrirle la puerta y dejarla ir.

Cuando sus compañeros del equipo de hockey y las autoridades del club se enteraron de lo ocurrido despidieron al entrenador y le prohibieron el ingreso. Sol explicó que ella se sentía responsable de lo que había pasado, se sentía culpable: “El club y mis compañeras me hicieron tomar conciencia de la gravedad del asunto y de que yo era la víctima, y me animaron a hacer la denuncia”, explicó la joven.

Comenzó entonces una semana terrible para Sol, que tenía el bolso preparado para ir a pasar las fiestas con su familia a Concordia. En el camino se encontró con gente que la ayudó, y con gente que no colaboró en lo más mínimo: “Las primeras personas que me ayudaron fueron las del área mujer de la Municipalidad y te ayudan un montón, una psicóloga y una abogada, me ayudaron a entender la gravedad del asunto. Yo me sentía culpable, sentía que yo tenía la culpa de todo y ellas me hicieron entender que él se aprovechó de su situación de poder, que él era mi profesor, me acompañaron a hacer la denuncia y a gestionar la orden de restricción”.

Tras esto, debió radicar la denuncia en la comisaría de la mujer y luego tramitar la orden de restricción de acercamiento: “El problema estuvo cuando tuve que hacer la orden de restricción… (en la Fiscalía) había otras mujeres en la misma situación, una mujer golpeada con un bebé en brazos que estaba desde la mañana intentado que la escuchen. Nos hicieron esperar en la sala de espera, a esta mujer la hace entrar un hombre que si me está escuchando quiero que recuerde lo mal que la trató; a mí me atendió una señora muy amorosa, me hicieron esperar dos horas más porque tenía que venir una secretaria a firmar un papel. Estaba desde las 8 de la mañana dando vueltas eran las 4 de la tarde y seguía esperando”.

Después de ese trámite en el MPA la derivaron al Tribunal de Familia. Sol, que no conoce la ciudad, no sabía cómo llegar hasta el lugar: “Pregunté porque no sabía, me trataron re mal así que me puse a googlear con el celular cómo llegar, caminar otra vez, otra vez esperando en el tribunal… Volví a las 10 de la noche a mi casa, hubo una situación horrible con esa mujer golpeada que me encantaría saber qué fue de la vida”, recordó Sol entre lágrimas.

“Cuando me toca mi turno, el juez, que no se quien era pero quiero que sepa lo que yo sentí, me hace la orden y no me explica nada. Me dice que era válida durante 5 días mientras juntaba las cosas para irse, yo estaba ahí sentada, no entendía nada, eran las 9 de la noche me explica todo rápido y yo no sabía nada.. me dijo que yo tenía que llevar la orden a la comisaría que me corresponde a mí, y a la que le corresponde a él, no me quiso buscar las comisarías, me podría haber pedido las direcciones y me ayudaba a buscar las comisarías... y básicamente me echó, y se fue a su casa tranquilo y yo me fui a sentar a una plaza a llorar por la impotencia de que te traten así", recordó.

"Ahí entendí por qué pasa lo que pasa todos los días, no sólo por los psicópatas que están afuera sino por todos los que están a cargo de cuidarnos”.

“Yo quería ir con mi familia a pasar las fiestas y saber que cuando volviera iba a estar tranquila al cuidado de esta persona. Cuando vi que (la orden) era por cinco días nomás y me fui de nuevo al área mujer y ellas tampoco entendían por qué.. Me decían que tenía que ir de nuevo.. Entonces me contacté con una abogada y ella me explicó que si hacés ese trámite a la tarde, es provisorio y lo tenés que renovar de mañana, no entiendo por qué se trabaja así… si el juez me lo hubiera explicado de esa manera yo hubiera entendido mejor”, manifestó.

Así que tuvo que postergar el viaje a su casa y volver al Tribunal de Familia, esta vez acompañada por la abogada: “Cuando volví me atendió una mujer que no me quería renovar la orden en el día, me quería dar turno para la semana siguiente, yo me iba a Concordia y no volvía, me empezó a hablar de mala forma. En un momento me largué a llorar y la mujer me dijo “no entiendo por qué estás llorando, no tenés razones para estar llorando”. Mi abogada le dijo: señora, esta chica pasó una situación de abuso hace menos de una semana… Finalmente logré que me dieran una orden de restricción por dos años”, culminó.

Sol finalmente explicó que quiso dar a conocer públicamente su experiencia una vez que le tocó vivir en carne propia lo que es intentar lograr protección de un violento: “a mí me acompañó un montón de gente, pero hay mujeres que no tienen a NADIE, y no reciben ningún tipo de ayuda, ni siquiera te explican; a mí me apoyaron todo el tiempo, pero estos trámites los tiene que hacer una personalmente, y hay gente que no te explica nada”, cuestionó.

El click para Sol fue el 8 de marzo, el día de la mujer, cuando una chica fue asesinada en Paraná tras varias denuncias a su agresor: “ella había hecho las denuncias y el tipo la mató, eso tuvo mucha resonancia en mí, yo había hecho la denuncia para proteger a otras chicas de lo mismo, y no había protegido a nadie porque este loco había titularizado en una escuela en marzo, y este loco no está preparado para darle clases a mujeres. Sentí que era mi responsabilidad cuidar a muchas mujeres que podían llegar a estar al mando de él, pero no me animaba porque la que quedaba expuesta era yo, y la que tenía que caminar en las calles de Santa Fe era yo, y tenía miedo que venga a buscarme a mi casa y por eso no lo hice público en su momento”, explicó Sol.

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